Lo más razonable
sería donarlo a la biblioteca, a cualquier biblioteca, pero de pronto me asalta
un pensamiento perturbador: nadie lo saca, nunca nadie lo pide en préstamo y el
libro jamás es leído. Me atemoriza que el ejemplar repose para siempre intocado
en una balda, en esa paz autista, inútil, abrumadora y conventual, y se me
ocurre la idea de que regalarlo a un lector desconocido es una forma más eficaz de
conseguir mi objetivo: que alguien lo lea, que alguien que no ha oído hablar
de la idea se interese por la propuesta de la renta básica incondicional. No se
trata en ningún caso de una decisión altruista, no ambiciono experimentar la jouissance del don. Tengo dos
ejemplares, así que nada pierdo regalando uno de ellos al primer lector de este
blog que me lo pida. Al contrario: gano; esta es una operación estrictamente
interesada y utilitarista. En contra de aquella famosa frase de Marx (Groucho) –que,
si la memoria no me falla, decía algo así como que él nunca pertenecería a un
club que lo admitiera como miembro–, me honro en pertenecer a Red Renta Básica
desde hace diez años, una asociación que, hasta hoy, me ha admitido como
miembro. Nunca he pertenecido a ninguna otra asociación o club, excepción hecha
del Partido Comunista de España, al que me sentía íntima y profundamente ligado
de pequeño –al que, de hecho, puedo decir que pertenecía– porque mi
padre era comunista y estaba afiliado al partido cuando estar afiliado a un
partido político –y, más todavía, a uno comunista– no era precisamente un juego
de niños en este país hoy devastado por la codicia, la incompetencia, la
estupidez y la injusticia. De mi apasionado comunismo infantil no queda mucho; quizás solamente
una convicción, bien expresada en este aforismo de Cioran, escritor no precisamente
comunista: “uno debe ponerse del lado de los oprimidos en cualquier
circunstancia, incluso cuando están equivocados; sin perder de vista, no
obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores”
Si algún visitante de este blog desea recibir el ejemplar de La renta básica en la era de las
grandes desigualdades (Barcelona, Montesinos-Red renta Básica, 2011), únicamente tiene que escribir un correo
electrónico a la cuenta que aparece en el perfil indicando su
dirección postal. El libro será para el primero que escriba. Cadou corre con
los gastos de envío, claro.
"Wah, yeah!" (cuatro minutos de buen rollo con Antònia Font, ni uno más)
