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jueves, 19 de enero de 2017

El Montgó nevado. Una metáfora hiriente.




Argumentos para un argumento improbable

Ya nos gobierna, amor, el verano

y estamos abatidos y felices.

Conquistamos la arena absoluta y vemos el desdén inmarcesible

en la cabeza del buda coronado de lentisco, el Montgó,

mirando en su muda placidez

de roca milenaria y soberana

las aletas de los buceadores inciviles

que creen en la aventura;

la yacencia lánguida de las dos ninfas

pop frente al azul,

desnudos sus pezones de avellana, la bolsa de Ben Sherman

y el iPhone.

Derramadas sobre los guijarros, en

la piedra de la rada, mordida por la sal, erosionada, las vemos adorables,

tan sí mismas, pronunciando con pereza calculada

la palabra semionáutica, un libro de

Bourriaud entre las manos, mostrando los erizos

de sus vientres, aullante pelo lacio entre sus ingles.

Ya vemos los bikinis lácteos de las mujeres climatéricas,

bestialmente sensuales en su áspero lamento

rubio y bronceado,

emancipadas de estar emancipadas,

y los Vilebrequin pastel de sus maridos, gestores de fondos

de inversión

que nunca leerán a Raymond Williams, ni citarán a Gramsci,

ni se jactarán, afortunadamente, de ser los más malditos, 

lo son y tú lo sabes: estás en este mundo

y funges fiebre de oro.

Y arribará la muerte a lomos

de un Beneteau de veinte metros

con su marinerito hermoso, probablemente indie,

las bollas blanquiazules impolutas

y el tapizado blanco, blanco, blanco tan Rimbaud;

y acaso pensarás en las virtualidades subversivas

del capitalismo –oh, cambiar la vida–, y todo será bello, nada será

puro, si alguna vez lo fue.

Pregunta a las adelfas,

no hay nada negativo.


[p.m., este poema pertenece a Vacancias, Madrid: Celesta, 2014.]




sábado, 26 de julio de 2014

Presentación de 'Vacancias'

«Para mí, con todo mi afecto»
p. m. 



«Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor»

(Samuel Beckett)


*


Agradecimientos: 

Plutón C. C.

Carlos Maiques

María José Martínez de Pisón


*

Para comprar Vacancias

Rafael González Serrano

(Editorial Celesta)

editorialcelesta@gmail.com


*


miércoles, 11 de junio de 2014

'Vacancias' en el Hype (por Jesús García Cívico)



Me llena de orgullo y satisfacción... perdón... el acto fallido se debe a la turra que están dando los medios de conformación de masas con el asunto de la abdicación real...

Me ha alegrado leer "Cómo hacer un calvo a una poesía", artículo publicado por el amigo Jesús García Cívico en el Hype (Cultural & Entertainment Magazine). En el texto, el autor identifica con inteligencia y sentido del umore –Jacques Vaché, siempre presente– seis peligros poéticos "que merecen un calvo" y seis "hermosos ejemplos de salvación". Como soy un vanidoso irredento, copio el fragmento que me dedica García Cívico, profesor y sabio multidisciplinar: 

En Valencia hay salas que huelen a Iglesia, a cerrado y a padrino. La poeta que yo quiero no necesita lavarse cada día con agua bendita ni pertenece a ningún club. Pablo Miravet es un estupendo poeta sin club y se ha tomado en serio la advertencia del mejor de los Panero (Michi), aquella de que en esta vida se puede ser todo menos un coñazo. Miravet ha publicado dos poemarios en la bartlebyana virtud de la contención. 

Para leer el texto de García Cívico completo, pincha aquí




Todavía me río cuando recuerdo el ácido comentario que hizo Jesús hace ya algunos años. Las hemerotecas no mienten: Dylan cantó ante Juan Pablo II y en Italia se desencadenó un seísmo que destrozó varias iglesias.   


jueves, 1 de mayo de 2014

Fuego demasiado amigo: Regina S. Irurzun sobre 'Vacancias'

Improbables icebergs en las Islas canarias. Foto de María Boston. 


Nota bene: Regina Salcedo Irurzun me quiere demasiado y tuvo el detalle de colgar en su blog –poemas de una muerta viviente– una reseña exageradamente encomiástica de Vacancias el mismo día que escribí un post sobre la publicación del poemario. Se trata, en realidad, del escrito que me remitió cuando le mandé la maqueta del libro pidiéndole su opinión. Me importa subrayar que, en la reseña de su blog, Regina pretirió, editing mediante, los justificados guantazos que, como buena lectora de poesía –y como buena poeta–, me dio en su texto original. Byung-Chul Han habla en La sociedad del cansancio del “egocentrismo autista” y de la “carencia de negatividad”. Seré autistamente egocéntrico y transcribiré la reseña de Regina sin sus merecidos guantazos –i. e., sin negatividad–, aunque he hecho un pequeño editing de su texto. Ahí va:

Vacancias, de Pablo Miravet (por Regina Salcedo Irurzun):     

Los poemas de Pablo Miravet requieren una lectura (e incluso una relectura) atenta y concentrada. Exigen un tipo de lector dispuesto a colaborar, a reflexionar, a detenerse, requerimientos que hoy en día, en una sociedad cada vez más adormecida y perezosa, no son precisamente los que triunfan.

Pero tras el esfuerzo –que deberíamos empezar a recuperar como algo positivo y enriquecedor– encontramos gratas recompensas como estas: el envidiable manejo que Miravet hace del lenguaje, preciso y meditado al milímetro. Es difícil encontrar una palabra que no esté justificada y esa exactitud confiere a los poemas un gran poder expresivo y evocador.

Son, además, poemas que proponen ideas, enfoques novedosos, donde hay una visión del mundo lúcida y muy personal y, sin embargo, no resultan sentenciosos: tienen la suficiente apertura como para dejar que el lector elabore sus propias interpretaciones. Esto le otorga al libro una virtud importante, es de esos textos que parecen inagotables.

Incluso el ritmo, que al principio puede resultar chocante y algo áspero, consigue que el autor no caiga en una música complaciente y repetitiva. Miravet se lo pone difícil a sí mismo y huye de los caminos transitados y cómodos. Busca el ritmo propio y natural para sus versos únicos y también en esto demuestra una honestidad y un compromiso con la escritura admirables.

Hay un cambio importante a partir del poema Hombre pequeño (uno de mis favoritos); de pronto, parece que escribe un autor diferente, más cercano e íntimo, de pronto aparece un yo bastante tímido y disimulado, menos intelectual aunque no por ello menos inquisitivo y brillante.

Hay imágenes muy potentes y originales que acaban conformando un mundo reconocible y particular: sobremesas, cafés, cigarros, playas, ciudades, tráfico, papeles, autores y libros…

Recorre el libro una constante sensación de derrota o desencanto del mundo, del ser humano, pero que no llega a caer en la autocomplacencia porque también está salpicado de destellos de amor (o de deseo de amor y reconciliación) con las cosas y los seres cotidianos. También, a veces, la ironía y la autocrítica evitan ese escollo.

Esa distancia intelectual no se siente como la voz de alguien que juzga y se eleva por encima de lo que observa sino como la de alguien sensible, sabio, de una altura moral demasiado (auto)exigente para una realidad cada vez más “vergonzosa”. Hay mucho dolor escondido en esos versos como para que se produzca el desapego que cabría esperar de un pedante que simplemente despotrica contra el mundo.

Un libro deslumbrante y difícil en el mejor sentido de la palabra. Una verdadero diamante en bruto en un mercado cada vez más vacío de contenidos, un poemario que nos redime también como lectores. 



Pablo Miravet Bergón, Vacancias
Madrid, editorial Celesta (colección Piel de sal), 2014. 

*

Cuando tenía unos trece o catorce años, me fascinaba Tesa Arranz, vocalista y bailarina de Los Zombies. ¿Qué misterio había en Tesa? Me temo que, al margen de su belleza, lo que me cautivaba de Tesa era la inoperancia de sus bailes absurdos y geniales. ¿Por qué Los Zombies? Bueno, Regina es mi zombie favorita y me parece que, por lo menos hasta ayer, en Groenlandia había Icebergs. 


jueves, 10 de abril de 2014

'Vacancias'


Pablo Miravet Bergón, Vacancias,
Madrid, Editorial Celesta (Colección Piel de sal), 2014, 86 pp.

“Y el poeta es fiel a lo que ya tiene. No se encuentra en déficit como el filósofo, sino en exceso, cargado, con una carga, es cierto, que no comprende. Por eso, la tiene que expresar, por eso tiene que hablar “sin saber lo que dice”, según le reprochan. Y su gloria está en no saberlo”
María Zambrano (Filosofía y poesía)
*
Recientemente leí un texto de Ana Rodríguez Fischer en el que, comentando la última novela de Fernando Aramburu, Ávidas pretensiones, la crítica literaria radicada en Barcelona se descolgó con esta frase lapidaria: “Hace tiempo que los poetas fueron bajados del Olimpo a patadas (no es necesaria la desmitificación) y en tanto que criaturas humanas su encuentro no tiene más interés que el de un grupo de comerciales o de cuadros políticos, con todos mis respetos para los primeros” (cursiva en el original, negrita mía). Más allá del sesgo demagógico del enunciado –¿por qué sólo los cuadros políticos y no también los poderes económicos y los fondos institucionales de inversión, que, como sabe cualquiera que se tome la molestia de informarse un poco, son los que tienen tiranizada a la política (lo poco que de ella va quedando) y, por descontado, a sus tristes cuadros?–, me parece que Fischer escribió una verdad demasiado dolorosa. Asumiéndola plenamente, ejerceré a mi pesar de comercial, aunque seré mucho más lapidario que Fischer y parafrasearé al célebre panadero de Adam Smith y al no menos célebre vendedor de sandías de James M. Buchanan: comprad este poemario. 

La gran mayoría de los 66 poemas que conforman este libro fueron escritos y reescritos entre los años 2008 y 2011. Agradezco a Rafael González Serrano –editor artesano y vocacional, y autor de varios volúmenes de poesía– que haya acogido este libro en la colección Piel de sal de la Editorial Celesta. No sólo le agradezco la publicación del poemario y su paciencia, sino también su comprensión: determinadas razones de fuerza mayor (de nobis ipsis silemus) hacen imposible la celebración de una presentación del libro aquí o en Madrid, acto que, como se sabe, es importante para las pequeñas editoriales de poesía. No habrá, pues, ni presentación, ni recitales ni cualquier otro tipo de happening comercial –como diría Rodríguez Fischer–, de modo que, al menos por ahora, la promoción de Vacancias se va a limitar a este post y al anuncio de la publicación del libro en la página de Celesta. Habría querido escribir un texto decente (“Notas para una no presentación”) y colgarlo en esta entrada. Rafael González me pidió  unas líneas para la contraportada y realizó un editing del texto que le remití, que es el que finalmente aparece en la contratapa. Naturalmente, la primera frase no es mía:          
Pablo Miravet es un poeta de honda reflexión filosófica como así lo muestran los versos de este segundo poemario publicado, Vacancias. Para el autor, la edad adulta es un piélago convulso en el que el yo disociado bracea entre mareas de desencanto. La conciencia de la futilidad de esa batida se ve, a veces, contrarrestada por un endeble impulso que recusa el asombro paralizante al que aboca la aprehensión de lo real. Los versos de este libro quieren encontrar acomodo entre las grietas y los intersticios del paisaje mental plasmado en el texto. Vacancias repasa en esas oquedades azarosas los estados de ánimo de una voz que fluctúa entre el irracionalismo y el estilismo conceptista, y que explora cadencias y ritmos para apresar trances inusuales, aprovechando un tono –áspero unas veces, sutil y doliente otras– que, bajo el persistente silbido de la barbarie cotidiana, se ríe de los solemnes protocolos de un mundo en quiebra.   

Juan Planas leyó un esbozo rudimentario de este libro allá por 2009 e hizo un par de certeras observaciones que me han ayudado a repensarlo. José Vicente Rojo dio el visto bueno a algunos textos finalmente incluidos en Vacancias hace ya bastante tiempo. Nico Bau ha hecho valiosas (y ácidas) sugerencias de reescritura. Carlos Maiques realizó una interesante interpretación gráfica de los poemas; desgraciadamente, sus ilustraciones han quedado fuera de la edición final por culpa del “mal de archivo”, aunque conservo como una reliquia dos de las cuatro maquetas que me regaló. Regina Salcedo leyó cuidadosamente el poemario cuando ya estaba terminado y tuvo la amabilidad de enviarme tres folios en los que radiografió (y desnudó) el libro con inteligencia. Román Piña ha tenido la gentileza de publicar uno de los poemas de Vacancias (“Gregal”) en el número de primavera de la revista literaria que dirige.

Este poemario está dedicado a mi hijo Pablo –que nunca caminará solo– y a Carlos Maiques.