Todo estaba preparado aquí para celebrar la concesión del Premio de la Crítica 2010 a Luis Magrinyà por Habitación doble, uno de los mejores libros publicados el año pasado en España –aquí y aquí, algunos comentarios y glosas–, pero ha sido Ricardo Piglia (Blanco Nocturno) el que ha obtenido el favor de los críticos de este país.
El texto del post, al muladar. El ánimo, bajo.
¿Qué hacer? –con perdón de la expresión–.
¿Seguir leyendo el ensayo de Terry Eagleton cabeceando en una página y sonriendo piadosamente en la siguiente?
¿Soportar el inadjetivable tedio que me provoca la lectura de las ponencias del debate bizantino en torno a Robert Alexy –pulcramente editado, algo es algo–?
¿Ver una película deliciosamente decadente y trash de Liz Taylor y Richard Burton?
¿Empezar El Hacedor (de Borges) Remake ("Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente. A la izquierda y a la derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos...") para constatar, una vez más, que un cúmulo de malentendidos sobrevuela la producción del poeta Fernández Mallo?
¿Retomar la lectura del inédito del últimamente muy arisco Vila-Matas?
"Mi lectura oracular de este fragmento dice sencillamente que me espera esta noche –que es metáfora de toda mi vida– un riverrun de insomnio, un trayecto que irá desde el viraje de la rivera hasta el recodo de la bahía, en travesía semejante a la de aquel viaje iniciático que hice en mi primera visita a Dublín (...)"
(E. V-M., "Chet Baker piensa en su arte (Ficción crítica)", en Chet Baker piensa en su arte. Relatos selectos, Barcelona, Debolsillo, 2011, pp. 267-268)
¿No hacer nada, o, mejor dicho, hacer nada?
¿O poner la canción inicialmente prevista para celebrar la concesión del premio de la crítica a Magrinyà sólo porque nos gusta mucho el marchón soulero del coro de panteras grises?
