miércoles, 16 de noviembre de 2011

Sobre el apropiacionismo



En el parágrafo VIII del “Dada manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo” (1918), Tristan Tzara ofrece las instrucciones para construir un poema dadaísta:

VIII

PARA HACER UN POEMA DADAÍSTA

Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que quiera darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte enseguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
En el orden en que haya salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida por el vulgo.

 ´﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ Tristan Tzara ofrece las instrucciones para realizar un poema dadaemergentes en las tales rado e incluyente(Tristan Tzara, Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete manifiestos dada. Algunos dibujos de Picabia, trad. H. Haltter, Barcelona, Tusquets, 1994, 6ª edición, p. 50)




Filippo Marinetti, el modernólatro mussoliniano que en 1909 fundó el Futurismo, envió en 1915 a Hugo Ball –quien, junto a Tzara, Janco, Huelsenbeck, Arp y Emmy Jennings, fundó a su vez el Cabaret Voltaire en Zurich (1916), dando así por nacido al Dadaísmo– un número de la revista Parole in Libertà cuya portada ya tenía cierto aire de familia con la técnica que más tarde propondría Tzara. Hugo Ball aparece disfrazado de hechicero metálico junto a un poema Dada –no resisto la tentación de reproducir su inicio: “jolifanto bambla ô falli bambla (…)”– en una fotografía que sería utilizada en la Feria Dadaco (Munich 1920). 






[Escolio: Kenneth Anger cuenta en Hollywood Babilonia (Barcelona, Tusquets, 1994; ejemplar perdido en un traslado) que el asesino de la Dalia Negra utilizó la técnica Dada propuesta por Tzara para remitir la noticia criminis al mundo y para comunicarse con la policía después de perpetrar el salvaje asesinato de Elisabeth Short que conmovió a Los Ángeles en 1947. El cuerpo apareció seccionado y brutalmente mutilado.]




Greil Marcus relata en Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX  (trad. D. Alou, Barcelona, Anagrama, 1993, passim) que, sesenta años después de que Marinetti enviara su revista a Hugo Ball y de que Tzara escribiera su manifiesto (es decir, en 1975-1976), el recientemente fallecido Malcolm McLaren y una modista hoy millonaria reunieron a cuatro inadaptados en torno a una batería, un bajo, una guitarra y un micrófono y formaron –McLaren y la modista– Sex Pistols, conjunto musical que, en la estela de The Stooges, Ramones y New York Dolls, dio carta de naturaleza al nacimiento del punk como reconducción de –o como reacción a– la entonces insoportable exuberancia floral y pacifista hippy de los sesenta y los primeros setenta. El punk fue, por cierto, tomado en serio por Jean Baudrillard, quien, en su A la sombra de las mayorías silenciosas, tomó partido a favor de “una nueva generación de rebeldes que expresa la conciencia de su segura condena por medio de la simulación hiperconformista y que representa ese momento de refracción en que la lógica de simulación del sistema se vuelve irónica y, neutralmente, contra el sistema” (sic).



El fin de los metarrelatos moderno-ilustrados y de la filosofía de la historia en sus versiones whig-perfectibilista y dialéctica fue sintetizado en la poco llamativa sentencia “no future” con la que culminaba la canción de Sex Pistols “God save the queen”. El "no future" me permite afirmar, asumiendo el rol de paleto ibérico adherente a los cultural studies (en decadencia, por cierto, desde la década de los 90 en el ámbito anglosajón: vid., al respecto, entre otros, el conjunto de textos compilados por M. Ferguson y P. Marjorie, Cultural studies in question, London, Sage, 1997) que Johnny Rotten, frontman de Sex Pistols, se anticipó al mismísimo Jean-François Lyotard, cuyo libro La condición postmoderna –un informe pagado por el MIT–, texto que  algunos consideran fundacional, fue publicado en 1979. En ese libro, Lyotard informó al mundo de que “El gran relato ha perdido su credibilidad, sea cual sea el modo de unificación que se le haya asignado: relato especulativo, relato de emancipación” (J-F. Lyotard, La condición postmoderna [1979], trad. M. Antolín Rato, Barcelona, Cátedra, 1989, p. 70). ¿Fundacional? Dejemos ahora la inacabable discusión académica sobre el origen de la postmodernidad, y recordemos solamente que, en Die krisis der europäischen kultur, publicado en 1917, Rudolf Pannwitz ya hablaba del “hombre posmoderno”.

La parafernalia punk, antítesis estética del hippismo, incluía, como es de sobra conocido, la técnica dadaísta de composición de poemas. Así luce la portada de  “Never mind the bollocks”, el primer disco de Sex Pistols. Todavía hoy puede comprarse en Londres el merchandising del grupo a manera de souvenir. Una de las piezas más cotizadas de ese mercado es la bandera británica con la foto impresa de la reina Isabel, que aparece en la ilustración con los ojos tapados por la frase “God save the queen” elaborada, casi exactamente como propuso Tristan Tzara en 1918, con letras recortadas de tipografías distintas.




¿A que ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽, casi exactamentee , con letras recortadas de distinta tipograf uno busca un poco, el ork Dollsadaulgo. nteé viene todo esto? Se me ocurre que viene a cuento del ataque de melancolía que, imagino, sufrieron los viejos punketos cuando vieron el anuncio de la campaña publicitaria de una multinacional de bebidas refrescantes de 1997 en el que aparecía una botella del refresco flanqueada por el unicornio y el león sobre el fondo de la bandera británica y este eslogan, hecho precisamente con letras recortadas á la Tzara: “God save the gin & tonic Schweppes”




En resumen: desde que Marinetti, Tzara y Ball empezaron a juguetear con sus técnicas y a proclamar la muerte del arte hasta que la industria publicitaria pudo apropiarse de tales técnicas sin que nadie se rasgara las vestiduras –y nadie se las rasgó porque el potencial subversivo de aquellos lenguajes y técnicas estaba ya completamente desactivado– transcurrieron nada menos que ocho décadas.

En el siglo XXI, parece, las cosas son bien distintas. Más allá de que las demandas de la así llamada Spanish revolution (o el 15 M) sean atendibles, o incluso muy atendibles, una de las principales fallas del movimiento ha sido la percepción completamente distorsionada que sus protagonistas han tenido de su fuerza real, percepción alimentada, creo, por la tendencia actual del periodismo a interiorizar y potenciar la lógica de la  “noticia-acatamiento” y por la proliferante presencia en los medios de las manifestaciones ciudadanas durante apenas unas semanas. Lo que comenzó siendo un movimiento de repolitización social devino casi inmediatamente en un movimiento de estetización política –no exactamente de estetización de la política–. El 15 M se transformó en una suerte de gigantesca performance de urban art donde parecía que se había entablado una competición por el logro del eslogan más ocurrente, la parafernalia enragé más vistosa, la foto más grande en el suplemento semanal, la imagen más sugestiva… Me parece que el 15 M no es, como dice Bauman, un movimiento político emocional, sino más bien un movimiento estético con unos fundamentos políticos contradictorios –de un lado, Habermas y el consensualismo angélico-dialógico; de otro, Badiou, Nancy, Lefort, Laclau, Mouffe, y otros, además de los inter﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽s inttores de Schmidt ios –de un lado, Habermas y el consensualismo; de otro, Badiou, Nancy, l 15 M cional de bebidas érpretes gauche de Schmitt– que, precisamente por la naturaleza estetizante de sus formas de expresión, es susceptible de ser fácilmente fagocitado por una de las industrias que sostiene al “sistema” –él mismo, estético y espectacular– contra el que el 15 M afirma luchar. Estoy bastante de acuerdo con el 15 M, así que me disculpo anticipadamente si por casualidad algún “indignado” pasa por aquí, lee esto y se indigna. Este texto sólo tiene como objetivo expresar, de manera algo torpe, lo admito, una idea.

El resultado: seis meses frente a ocho décadas. ¿Quién copia a quién?     

       

MAYO DE 2011: 



NOVIEMBRE DE 2011:

[Nota bene: el vídeo que no puede verse corresponde a la campaña publicitaria de Telefónica-Movistar de otoño de 2011; el spot dramatiza una asamblea de barrio similar a las del 15M en la que los asistentes aprueban una bajada de tarifas. Ha sido "retirado" un par de veces por una mano misteriosa. Creo que es inútil tratar de reponerlo de nuevo.]   


lunes, 14 de noviembre de 2011

Juarroz y el fin de fiesta

Fotografía de Andrea Sonnenberg

A veces me parece (Roberto Juarroz)

A veces me parece
que estamos en el centro
de la fiesta
sin embargo
en el centro de la fiesta
no hay nadie
En el centro de la fiesta
está el vacío
Pero en el centro del vacío
hay otra fiesta.

(...)

[texto retirado para ser incorporado a un trabajo del autor de este blog]


A veces me parece (Roberto Juarroz)

A veces me parece
que estamos en el centro
de la fiesta
sin embargo
en el centro de la fiesta
no hay nadie
En el centro de la fiesta
está el vacío
Pero en el centro del vacío
hay otra fiesta.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Agit-pop: sobre el trabajo




“Si el producto del trabajo no pertenece al trabajador, si es frente a él un poder extraño, esto sólo es posible porque pertenece a otro hombre que no es el trabajador. Si su actividad es para él dolor, ha de ser goce y alegría vital del otro. Ni los dioses, ni la naturaleza, sino sólo el hombre mismo, puede ser este poder extraño sobre los hombres”
(Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía)


“Ganaos la vida, pero no os la ganéis demasiado”
(Jules Renard, Diario 1887-1910)


“No hay nada que me fascine más que el trabajo: me puedo pasar horas sentado contemplándolo”
(J. K. Jerome)


“Ser tonto y tener trabajo, eso es la felicidad”
(Gottfried Benn)


jueves, 3 de noviembre de 2011

Epifanías


Señora (fotografía de Diane Arbus)


Ali MacGraw (fotografía de William Claxton)



Señora (fotografía de Diane Arbus)



jueves, 27 de octubre de 2011

Pre-campaña electoral



¿Debemos preservar la ilusión de que el día veinte de noviembre elegiremos a quienes nos van a gobernar durante los próximos cuatro años aunque en nuestro fuero interno alberguemos la fundada sospecha de que no elegimos a quienes realmente nos gobiernan? 

viernes, 21 de octubre de 2011

La muerte como espejo



“Nuestra salvación es la muerte, pero no ésta”, escribe Kafka en Cuadernos en octavo. la explotacie autonomdo para hacerse acreedor del tue hacen al individuo vulnerable a la explotacie autonom Acaso esa otra muerte salvífica de la que parece hablar Kafka tiene algo que ver con el intenso deseo de fuga que, creo, se apodera de cualquier ser dotado de inteligencia cuando contempla con distancia el triste espectáculo de la así llamada vida humana, lodazal en el que, como sugiere el propio Kafka a lo largo de toda su obra –dejemos a un lado el capítulo octavo de El desaparecido (América)–, la redención es imposible y el delirio inevitable, necesario. Puede que la literatura sea la menos dañina de las variadas formas de muerte salvífica –es decir, de huida– que han inventado los seres humanos para soportar la obligación de existir en un yermo absurdo y para acarrear sobre los hombros la conciencia de su finitud, pensaba ayer por la mañana en el bar. De pronto, los gritos y las risas de un imbécil muy aparatoso que hablaba por su teléfono móvil de un viaje a Florida, creo recordar, rompieron la ilación de mis divagaciones. Desesperante. Antes de este incidente ya me había irritado levemente la contemplación de unas instalaciones artísticas conmovedoramente inocuas emplazadas en la planta baja del edificio departamental con motivo de la celebración de la denominada semana de bienvenida. Intentando olvidarlas, me senté en la terraza del bar, encendí un cigarro y abrí al azar mi ejemplar de Amarillo (Madrid, Plot, 2008). La relectura de un pasaje de este libro desconcertante y conmovedor me recordó que, como escribió Kafka, nuestra salvación es la muerte, pero no ésta, y los gritos del imbécil que hablaba por teléfono de su viaje a Florida me desconcentraron cuando intentaba tomar algunas notas –precisamente las que en este momento debería repasar para escribir algo sobre algunas muertes que no he querido conocer, pero he conocido, a lo largo de este año, entre ellas la de Félix Romeo (1968-2011)– en una hoja que llevaba dentro del libro a modo de separador. No es tarea fácil escribir un libro sobre un amigo que decide quitarse la vida a los 24 años. El escritor Chusé Izuel, íntimo amigo de Romeo, se suicidó arrojándose desde el balcón del piso que ambos compartían en la Barcelona pre-olímpica; Romeo se demoró dieciséis años en pergeñar un texto que fácilmente podía haber naufragado en las aguas pantanosas del drama lacrimógeno, pero Amarillo es una bella y contenida elegía inquisitiva que me recuerda que a veces ni siquiera la fuga a través de la literatura, la muerte salvífica, nos libra de la muerte. Imposible decir en cuál de los cuatro tipos de suicidio que diferenció Durkheim –egoísta, altruista, anómico, fatalista– se encuadra el suicidio de Izuel, personalidad atormentada cuya historia me llamó la atención por lo excéntrica que a día de hoy parece la razón de su dimisión de la vida: el desamor. La literatura debe hablar de cómo es la vida y no de cómo debe ser el mundo; sobre esto, y sobre muchas otras cosas, habla el recientemente fallecido Félix Romeo en Amarillo, un libro que exuda verdad y literatura y que soporta una relectura.  




Tal vez Carles Canals (1965-2011) se habría reído a carcajadas si hubiera tenido noticia de una reciente polémica literaria de bajo vuelo que ha confirmado por enésima vez el visionario vaticinio de Flaubert : “Llegará un tiempo en que todo el mundo se habrá convertido en un hombre de negocios”. Todo el mundo parece  haberse convertido en un hombre de negocios en la vida en general y en el mundo de las letras en particular; incluso aparecen hombres de negocios literarios sin sentido del ridículo que son capaces de vender humo, nada, vaho. Delirante. De pequeños fuimos al mismo colegio, pero Canals era mayor que yo y la estratificación feudal entre cursos que se establece en la infancia impidió que nos conociéramos. Dotado de un gran talento para la escritura, que plasmó en su trabajo como periodista, Canals únicamente publicó en vida un muy buen relato largo, Visiones de los encantados. Supe de su muerte en abril por esta breve nota aparecida en la revista que acogió su único texto literario: “Nos ha dejado Carles Canals a los 45 años. Un caso extraordinario de escritor alérgico a la visibilidad y a la vanidad, a quien le trajo sin cuidado publicar”.  Bartleby de lujo, Canals prefirió no hacerlo, aunque unos meses antes de morir, cuando ya era plenamente consciente de la gravedad de la penosa enfermedad que acabaría con él, abrió Con los pies por delante, un blog recomendable (el enlace, aquí) cuya filosofía está sintetizada en el título de una de las entradas que escribió entre diciembre de 2010 y marzo de 2011: “No voy a dejar que la muerte me amargue la vida”. No hay rastro de autocompasión en los escritos del blog de Canals, y menos aún de exhibicionismo. Como si hubiera decidido rebelarse contra la concepción actual de la muerte –una concepción que, según los finos análisis histórico-evolutivos de Philippe Ariès, es producto de un largo itinerario al cabo del cual la desaparición de la vida se ha convertido en un asunto opaco, en un hecho escandaloso que debe ser escondido entre tubos, batas blancas, goteros, monitores y parabanes–, Canals compartió con los lectores su despedida del mundo de los vivos y los desencantados destilando inteligencia, serenidad e ironismo estoico. Seguí su blog disciplinadamente porque me gusta mucho su escritura limpia, periodística, en la que no faltan reflexiones literarias y algún que otro certero disparo filosófico, y todavía me estremece un hecho que no sé cómo interpretar: no hay un solo comentario de los lectores en los veintidós posts que escribió. 








Estoy olvidando poco a poco la fisonomía de la ciudad en la que vivo; de vez en cuando visito lugares que no he pisado hace años y me llevo alguna sorpresa, por lo general muy desagradable. Tampoco estoy al corriente de las vidas de la mayoría de las personas que he conocido en el pasado, y esa ignorancia casi autista, bastante Collyer, dicho sea de paso, me depara a veces sorpresas tristes. El otro día vino James y comimos en la playa; entre las sesudas divagaciones de James en torno a la catástrofe financiera, Carlos me comentó que a principios de septiembre murió Pere Andrés (1965-2011), frontman de Jah Macetas, grupo pionero del reggae español formado a finales de los años ochenta. Dejo aquí una de las canciones del primer LP de Jah Macetas para recordar a Pere Andrés, un buen cantante que me hizo bailar hace muchos años y cuya desaparición me ha apesadumbrado.
Nuestra salvación es la muerte, pero no ésta.