Termino la lectura al
alimón de la antología de textos de Lenin editada por Constantino Bértolo para
Los libros de la catarata (Madrid, 2012) y de Democracia, de Pablo Gutierrez (Barcelona, Seix Barral, 2012),
acaso la primera novela mutante y social del milenio literario ibérico. Termino
la lectura simultánea de ambos libros y no puedo evitar la tentación de arrastrarme hasta el
estante de casa donde reposa un volumen en el que se cita este párrafo de Edward
Abramowski (1868-1918), teórico polaco del anarco-cooperativismo, texto cuya
lectura resulta bastante impactante si se toma en consideración la fecha en la
que fue escrito: 1897.
¿Buenismo político avant la lettre? ¿Lucidez visionaria? Or
what the fuck?
“¿Podemos aventurar la opinión de que el surgimiento
del sistema socialista podría omitir su estadio previo de revolución moral? ¿De
que podrían organizarse las instituciones económicas sin encontrar en las almas
humanas las necesidades correspondientes, sin tener fundamento en las
conciencias de la gente?... Supongamos por un momento que una Providencia
revolucionaria, un grupo conspirador que profesa ideales socialistas, logra
felizmente dominar la maquinaria estatal y establece instituciones comunistas
con la ayuda de la policía que ha cambiado de traje. Supongamos que las conciencias
de la gente no toman parte en este proceso y que todo es llevado a cabo
mediante la fuerza del puro burocratismo. ¿Qué sucede?... Las nuevas
instituciones han suprimido el hecho de la propiedad legal pero la propiedad
como una necesidad moral de la gente ha pervivido; han excluido de la
producción la explotación oficial, pero han preservado todos los factores
externos a partir de los cuales nace la injusticia y que tendrán siempre un
campo suficientemente grande para operar –si no en la esfera económica,
entonces en todos los demás campos de las relaciones humanas. Para ahogar las
aspiraciones a la propiedad, la organización del comunismo tendría que aplicar
un poder estatal dilatado: la policía reemplazaría aquellas necesidades
naturales a partir de las cuales crecen las instituciones sociales y en virtud
de las cuales se desarrollan libremente. Más aún, la defensa de las
instituciones nuevas sólo “sería” posible a un Estado fundado en los principios
del absolutismo, dado que toda democracia efectiva en una sociedad acosada por
la violencia bajo el nuevo sistema amenazaría a ese sistema con una rápida
decadencia y haría renacer todas las leyes sociales que habrían pervivido
intocadas por la revolución en las almas humanas. Así, el comunismo no sólo
sería extremadamente superficial e impotente sino que se volvería un poder
estatal que oprimiría la libertad individual; en lugar de las clases anteriores
emergerían dos nuevas clases –los ciudadanos y los funcionarios– y su
antagonismo aparecería necesariamente en todos los dominios de la vida social.
Consecuentemente, si el comunismo bajo tal forma artificial, sin la
transformación moral de las personas, pudiera aún sobrevivir, se contradiría a
sí mismo y sería un monstruo social tal como ninguna clase oprimida haya nunca
soñado y menos que nadie el proletariado que está luchando por los derechos
humanos y que está llamado por la historia a lograr la liberación del hombre”.
[Edward Abramowski, “Etyka a
rewolucja” [1897], en Filozofia spoleczna,
Warsaw, 1965]
