lunes, 30 de noviembre de 2009

A la extranjera



Un poema del último libro de José Emilio Pacheco (La edad de las tinieblas). Es bueno, más allá de la pulsión sentimentaloide que destila.

A la extranjera

“A usted le duele esta ciudad que también ha hecho suya y lamenta ver cómo la hemos destruido y la seguimos arrasando. No entiendo sus razones para amar un sitio desesperante y sin esperanza. O tal vez existe la esperanza porque usted se encuentra aquí una vez más y llena de luz otra estación sombría.
Nací en un lugar que se llamaba como éste y ocupaba su espacio. Ahora también en mi suelo natal soy extranjero en tierra extraña. Ya no conozco a nadie ni reconozco nada. Usted, en cambio, no es extranjera en ningún lado. Usted es de todas partes como la música.
Por favor, no se vaya. No se lleve al partir un fragmento de luz entre el desierto pardo y la barbarie que por codicia y estupidez hemos engendrado”

domingo, 29 de noviembre de 2009

Stradivarius Rex, 2ª edición



Segunda edición de Stradivarius Rex (Román Piña) + bonus track: canción promocional y vídeo épico, destinado a ingresar por derecho propio en el top ten de la historia del hágaselo usted mismo (aquí).

De Stradivarius Rex (Palma de Mallorca, Sloper, 2009) han dicho: “Una gran enmienda a la totalidad de nuestro mundo” (Manuel Vilas). “Repleta de pasajes excelentes... hay que reconocerle a este humor su categoría artística” (Santos Sanz Villanueva, El Cultural). “Unos diálogos de antología” (Agustín Fernández Mallo). “Sólo alguien con superpoderes podía escribir esta novela” (Octavio Gómez Milián). “Impresentable, y por lo tanto lo que más recomiendo del mundo” (Rafael Reig). “Una de esas novelas que uno querría que jamás acabasen” (Agustín Rivera). “De una complejidad exquisita y una profundidad buscada” (Fran G. Matute, Clone). “Diversión volcánica” (Nadal Suau, Diario de Mallorca). “Indaga en los mundos más oscuros y desangelados del ser humano” (José Luis García Herrera). “El primer capítulo ya merecería estar en cualquier antología” (Juan Francisco Ferré). “Polivalente y lúcido artefacto narrativo que inyecta oxígeno y vitriolo a la narrativa convencional” (Miguel Dalmau, Qué Leer). “Una novela imprescindible, radicalmente moderna, densa y extraordinariamente divertida” (Carlos Manzano, Narrativas). “Todas las armas del ingenio” (Rubén Sáez, Ámbito Cultural).

viernes, 27 de noviembre de 2009

Planas y los límites del lenguaje



Cosas buenas vienen desde Mallorca. Una de ellas, el nuevo poemario de Juan Planas Bennásar, Tratado de las cosas sin nombre (Palma, Calima, 2009), a cuya presentación asistimos yo y mi yo poeto el pasado jueves 19 de noviembre en la Casa del libro de Valencia. El autor estuvo acompañado por Javier Jover y Justo Serna. Planas, un descreído de casi todas las cosas del mundo dotado de una finísima y distanciada capacidad para la ironía, tiene una fe casi ciega en el lenguaje, que maneja con probada solvencia para pensar el mundo y el tiempo, pero es bien consciente de que esa herramienta que nos constituye como monos exquisitos está condenada a perder la batalla: bendita derrota.

Fragmentos del poemario:


“[Porque nos faltan nombres construimos poemas]
Intentamos domar el lenguaje y así el mundo,
pero el mundo es enorme y las palabras
son ajenas a la verdad, salvo si la inventan.
(…)
Me dejo seducir por algunas palabras. Yacijas,
azagayas, quizás helechos, esporas. Con ellas podría
construirse una necrópolis, una sentina, una colmena
o una enorme ciudad de pilares sumergidos.
El último lugar donde abrevan los dipsómanos.
(…)
[Estas palabras que decimos son un símbolo de otras.
Ambas ignoran cuáles son presencia y cuáles sólo sombra]
Nosotros no sabríamos discernirlas. Hemos
peregrinado en busca de las murallas infinitas
y los canales sumergidos de un lenguaje en otro,
como si al abandono de un instante
le sucediera, amargo, otro instante distinto
aunque igual de vacío.
(…)
Ahora soy lenguaje,
brote que arde y florece.
Luz de agua cayendo
en el cuenco del mundo
o en su herida.
Ahora soy gesto,
acción inmóvil
de unos labios:
el nombre que no dicen.”

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El artista como artesano exaltado


En una época caracterizada por la oficialización del starchitect como demiurgo envanecedor de conciencias colectivas poco o nada exigentes –el otro día casi nos morimos de risa cuando vimos a Zaha Hadid, Premio Pritzker 2004, disfrazada de posh sevillana de semana santa escuchando con arrobo y reverencia a Benedicto XVI en el Vaticano junto a… Calatrava, una suerte de Almodóvar de la arquitectura espectacular y provincianamente correcta–, el Manifiesto de Gropius (1919) parece una proclamación idealista y todavía naïve. Publicado el mismo año de la promulgación de la Constitución de Weimar, el texto de Gropius sintetiza en apenas cuatro austeros párrafos una actitud para habitar el mundo. En aquel tiempo todavía no era fácil adivinar el acelerado proceso de estetización en su primer formato, brutal y descarnado, que Walter Benjamin registró en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (“El fascismo tiende, por consiguiente, a una estetización de la vida política. A la violencia ejercida sobre las masas, aplastadas bajo el culto a un caudillo, corresponde la violencia de una maquinaria, de la cual aquél se sirve para la producción de valores de culto”). El nazismo como consumación kitsch de l’art pour l’art se llevó por delante a la Bauhaus, mientras que la respuesta inversa aunque equivalente de Stalin en la URSS (la politización del arte) arrasó literalmente a una generación entera de artesanos exaltados. Hoy no son ya necesarios lagers ni gulags para conformar al pequeño-ser-encantado-de-haberse-conocido en la alucinación tecno-artista y emocional del nuevo espíritu del capitalismo, un totalitarismo estetizante bastante más sofisticado que cualquier burda dictadura guiada por un caudillo grasiento y populista. Mientras, un buenrollismo neo-debole pálido y sin color político identificable apuntala y legitima la dominación dulzoide, renovando cada día el grado cero de la habitación del mundo no importa si en la ciudad expandida o concentrada. Queremos recordar y rendir un pequeño tributo a la actitud bauhausiana en el 90 aniversario del Manifiesto. Ahí va el texto:
MANIFESTO [1919]

The ultimate aim of all creative activity is a building! The decoration of buildings was once the noblest function of fine arts, and fine arts were indispensable to great architecture. Today they exist in complacent isolation, and can only be rescued by the conscious co-operation and collaboration of all craftsmen. Architects, painters, and sculptors must once again come to know and comprehend the composite character of a building, both as an entity and in terms of its various parts. Then their work will be filled with that true architectonic spirit which, as "salon art", it has lost.
The old art schools were unable to produce this unity; and how, indeed, should they have done so, since art cannot be taught? Schools must return to the workshop. The world of the pattern-designer and applied artist, consisting only of drawing and painting must become once again a world in which things are built. If the young person who rejoices in creative activity now begins his career as in the older days by learning a craft, then the unproductive "artist" will no longer be condemned to inadequate artistry, for his skills will be preserved for the crafts in which he can achieve great things.
Architects, painters, sculptors, we must all return to crafts! For there is no such thing as "professional art". There is no essential difference between the artist and the craftsman. The artist is an exalted craftsman. By the grace of Heaven and in rare moments of inspiration which transcend the will, art may unconsciously blossom from the labour of his hand, but a base in handicrafts is essential to every artist. It is there that the original source of creativity lies.
Let us therefore create a new guild of craftsmen without the class-distinctions that raise an arrogant barrier between craftsmen and artists! Let us desire, conceive, and create the new building of the future together. It will combine architecture, sculpture, and painting in a single form, and will one day rise towards the heavens from the hands of a million workers as the crystalline symbol of a new and coming faith.
Walter Gropius

domingo, 22 de noviembre de 2009

La pulsión del no

Hombre empequeñecido observa el obelisco levantado en honor a Bartleby:

no

nada

nadanada

nadanada

nada

nadanada

nadanadanada

nadanadanada

nonononono

nonononono

nonononono

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

nadanadanada

I would prefer not to

nadanadanadanadanadanada

nadanadanadanadanadanada

nadanadanadanadanadanadanadanada

nadanadanadanadanadanadanadanada

. [hombre de complexión mediana]

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Vuela y cumple 13

the coolest skater cumple años. Como diría José Agustín, "la vida ya te empuja como un aullido interminable"
Felicidades, se te quiere mucho...ese loco!!

domingo, 15 de noviembre de 2009

Beckett


Ayer recordamos a Beckett después de leer un artículo sobre Rick Cluchey. Ayer recordamos con una sonrisa en los labios que Beckett llamaba cada día por teléfono a Cioran durante una huelga brutal del servicio de recogida de basuras de París para proponerle un paseo por la ciudad –"nunca París ha estado más hermoso", decía Beckett–.
Silencio, más silencio, todavía un poco más de silencio, Beckett (Compañía):

"La llama de tu buena acción tarda más que de costumbre en atenuarse y extinguirse. En aquellos tiempos se encendía con facilidad, pero raras veces por mucho tiempo. Apenas la había atizado una buena acción tuya o un pequeño triunfo sobre tus rivales o una palabra de elogio de tus padres o mentores, cuando ya empezaba a atenuarse y extinguirse y te dejaba en poco tiempo tan frío y apagado como antes. Hasta en aquellos tiempos. Pero ese día, no. Fue una tarde de otoño cuando encontraste el erizo y te apiadaste de él del modo descrito y, cuando llegó la hora de irte a la cama, seguías sintiendo la misma satisfacción. Arrodillado junto a la cama incluiste el erizo en la detallada plegaria a Dios para que bendijera a todos tus seres queridos. Y, mientras dabas vueltas en la cama esperando a que llegara el sueño, seguías rebosante de satisfacción al pensar en la suerte que había tenido el erizo cruzándose en tu camino. Un estrecho sendero de tierra bordeado de boj marchito. Cuando estabas ahí parado, preguntándote por la forma mejor de pasar el tiempo hasta la hora de ir a la cama, hendió uno de los linderos, y ya se dirigía hacia el otro, cuando entraste en su vida. Ahora bien, a la mañana siguiente no sólo se había apagado la llama, sino que, además, a ésta había sustituido una gran inquietud. La sospecha de que tal vez no todo estuviera como Dios manda. De que, en lugar de hacer lo que hiciste, acaso hubiese sido mejor dejar las cosas como estaban y que el erizo siguiera su camino. Días, si no semanas, pasaron antes de que pudieses armarte de valor para regresar hasta la conejera. Nunca has olvidado lo que entonces encontraste. La papilla. El hedor".

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La voz abisal de Antonio Porchia




Las voces de Antonio Porchia provienen de un territorio íntimo blindado a influjos literarios y ascendencias filosóficas más o menos reconocibles. Porchia dice lo indecible en cada uno de sus fragmentos abandonados, que reúnen el desamparo de la palabra vertida sin más ornamento que su desvalida y discreta presencia y algo similar a la belleza de la verdad –si es que, a día de hoy, hablar de la belleza de la verdad no resulta simplemente grotesco–. El sello autoral impreso en estas voces austeras aunque de dimensión infinita se nutre de lo principal, es decir, de lo que en ellas se comunica o traslada al lector en régimen de complicidad distante, pero también de ciertas constantes formales como la reiteración catártica de los términos –hay en Porchia un desdén militante hacia el sinónimo– y la peculiar configuración sintáctica de la frase, claves de una poética memorable a la que se rindieron muchos nombres ilustres, entre otros Borges, Caillois, Breton y Pizarnik. La radical singularidad de estas piezas lacónicas y autosuficientes impide su identificación con otro género que no sea el suyo propio, el género, vale decir, de las “voces”, rubro bajo el que fueron dadas por primera vez a la imprenta en 1943. Porchia, escritor italiano de nacimiento y argentino de inmigración y adopción, renegó del parentesco entre la voz y el aforismo que han querido ver algunos de sus comentaristas. Tal vez porque el aforismo aspira a subvertir un pensamiento establecido y las voces no ambicionan nada más –y nada menos– que expresar otros pensamientos:
“Mientras no vemos todos los vacíos, vemos”
*
“Sí, he estado equivocado, pero no solo. También las cosas han estado equivocadas”
*
“Cuando yo muera, no me veré morir, por primera vez”
*
“Mis culpas no irán a otras manos por mi culpa. No quiero otra culpa en mis manos”
*
“Son ellos los que hacen mi conducta, y son ellos que me juzgan por mi conducta”
*
“He visto que un pequeñísimo grano de bien y un infinito de mal son dos infinitos”
*
“Una cosa sana no respira”
*
“Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todo”
*
“Me creo igual a todos. Sin embargo, esto de creerme igual a todos, me diferencia de todos”
*
“Eres cuanto te necesitan, no cuanto eres”
*
“Me es más fácil ver todas las cosas como una cosa sola, que ver una cosa como una cosa sola”
*
“Se va igualando todo. Y es así como acaba todo: igualándose todo”
*
“Llevo mis manos vacías, por lo que hubo en mis manos”
*
“Nunca se puede no lastimar. Pero se puede lastimar menos, lastimando donde menos se lastima”
*
“Lo bello se halla removiendo escombros”
(…)
Gracias al trabajo de Daniel González, Alejandro Toledo y Ángel Ros, que culminó una investigación iniciada años atrás, desde 2006 tenemos aquí la posibilidad y la fortuna de rastrear el itinerario de todas las voces de Porchia (las originarias, las nuevas, las abandonadas y las inéditas) en una edición integral dotada de un riguroso aparato crítico que nos aproxima a la obra y a la persona (e incluso a la voz, registrada en el CD que acompañó al volumen).
[Antonio Porchia, Voces reunidas, (edición, prólogo, tabla de variantes, anexo y epílogo de Daniel González y Alejandro Toledo, con la colaboración de Ángel Ros), Valencia, Pre-Textos, 2006, 281 pp.]

(reseña publicada en Le monde diplomatique, edición española)

domingo, 8 de noviembre de 2009

Camarasa in the right place



Seis propuestas para el próximo milenio (Siruela, 1994) reúne las conferencias que la muerte impidió pronunciar a Italo Calvino en la cátedra de las Charles Eliot Norton Poetry Lectures (Universidad de Harvard) durante el curso 1985-1986. Los valores literarios que, según Calvino, deberían permanecer en el siglo sensitivo y bestia que habitamos –cada uno de ellos, excepto el último, glosado en las conferencias– son: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia. Si en el texto dedicado a la levedad Calvino habla de “la literatura como función existencial, la búsqueda de levedad como reacción al peso del vivir”, en el dedicado a la exactitud escribe: “la poesía es la gran enemiga del azar, a pesar de ser hija del azar, y sabiendo que el azar, en definitiva ganará la partida. Un coup de dés jamais n’abolira le hasard”.
Los poemas en prosa que Rafael Camarasa reunió en El sitio justo (2008) se caracterizan por su levedad –una levedad en realidad aparente– y su exactitud –una exactitud informada por el azar–. El sitio justo ganó el premio Palabra Ibérica y se publicó en edición bilingüe español-portugués. Ahí van tres poemas del (recomendable) libro de Camarasa:

Resistencia
Ha telefoneado para decirme que me envía un poema por correo. "No importa si no lo lees. Es lo de menos", me explica. "Sólo imagínalo en su viaje sellado por máquinas infalibles; clasificado por funcionarios según procedimientos y normas. En el fondo de una sucia saca, entre publicidad y facturas, siguiendo los trámites de un mundo que rechaza por naturaleza. ¿No es como un rayo de sol en la bruma de una novela de las Brontë?" Hoy he recibido el sobre con su franqueo reglamentario y en el interior una cuartilla doblada por la mitad. Es cierto que estaba en blanco y no había ningún poema, pero no puedo decir que en ella faltara la poesía.
Puro teatro
En el frondoso árbol del patio hay un ahorcado sin nombre al que los buitres han sacado los ojos y vaciado las entrañas. Algunos pájaros negros que viven entre las ramas alzan en bandada el vuelo y, con un acrobático giro, se lanzan decididos a pasar por el tórax perforado del muerto. Con la crudeza de los detalles y el hedor que aumenta por días, vista desde cerca la escena se hace insoportable. Contemplada tras la ventana y una taza de café en las manos, la imagen del cuerpo, que se tambalea cuando lo atraviesan, resulta teatral y profética, extrañamente cotidiana.

Azul

No ser el visitante. El que llega a una casa junto al mar y queda deslumbrado por la luz, y la fresca paz de sus estancias. Hechizado por el efecto de las sombras en la vieja cal de las paredes. Ser el que se queda. Para siempre. Ese es mi sueño. Despedir a los que salen de mi quimera.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Bataille traducido


Ella recordaba casi de memoria la nota previa de Savater, traductor de Sobre Nietzsche. Voluntad de suerte (1972), nota que arrancaba con esta advertencia: “El estilo de Bataille dista mucho de ser ultraclásico e impecable: prefiere la fuerza expresiva a la corrección. Su sintaxis es enmarañada y los vocablos se emplean a veces en sentidos límites, a menudo muy expresivos, pero semánticamente dudosos”.

Un día de verano copió a mano dos traducciones distintas del mismo fragmento de La parte maldita en una cuartilla. Ninguna de las dos traducciones era de Savater. Guardó la cuartilla entre las páginas de un libro y se fue a la playa. Tumbada en la arena, abrió el libro y sacó la hoja.

La primera era una traducción francés –>alemán –> español: 

“El verdadero lujo y el potlacht de nuestro tiempo cabe al miserable, quiero decir, a aquel que se tiende en el suelo y desprecia. El auténtico lujo exige el absoluto desprecio de las riquezas, la austera indiferencia del que rechaza el trabajo y cuya vida representa, por una parte, el brillo de la ruina sin límite, y, por otra, el silencioso insulto a las mentiras de los ricos”

La segunda, francés –> español: 

“El verdadero lujo y el potlacht profundo de nuestro tiempo se encuentran en el miserable, es decir, en el que se arroja al suelo y se margina. El lujo auténtico exige un completo desprecio de las riquezas, la adusta indiferencia de quien rehúsa el trabajo y hace de su vida, de una parte, un esplendor infinitamente ruinoso y, de otra parte, un insulto callado a la mentira laboriosa de los ricos

No se movió en toda la mañana. Dejó que el astro pródigo abrasara su espalda.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Riechmann y su pepito grillo


Tarde, como en todo, un breve comentario sobre el poemario que Jorge Riechmann publicó hace un año (Rengo Wrongo, Barcelona, DVD, 2008):

El estado de cosas realmente existente dos décadas después del desempate de 1989 desconcierta mucho a Rengo Wrongo, pepito grillo parido por Riechmann para ajustar cuentas con las sinrazones del orden económico carente de condón moral y ecológicamente descerebrado que (a su juicio) rige nuestros destinos individuales y colectivos sin que los apologistas conscientes o inconscientes de este presente imperfecto se despeinen ante los cotidianos desmentidos que la experiencia inflige al happy end real-racional machaconamente celebrado por la superestructura legitimadora, con perdón de la expresión.

Poeta que ha frecuentado con brillantez otros territorios de la lírica en tiempos muy malos para la lírica, Riechmann retomó en este título –galardonado con el XIV premio Ciudad de Mérida– la entonación ético-política que ha animado buena parte de su producción, explicitada en términos teóricos, por si no quedara claro de qué va el asunto, en la nota al pie de la página 72. A través de un diálogo inacabado y trunco con sus bestias negras, Rengo Wrongo se desdobla en las distintas conciencias heridas o estupefactas que piden explicaciones al presente filosófico, cultural, económico, ambiental y geopolítico, alternando pasajes de acento enfático, sesudo y profesoral, chispazos de indignada ironía ante el absurdo de lo que está en vigor y tramos de indudable belleza. Entre esquirlas de esperanza y apelaciones al sentido, el poeta y su alter ego vierten también graves invocaciones: “No permitir que ese caudal milenario/ de esfuerzos y esperanzas/ acabe perdiéndose en arenales estériles/ o en cenagales podridos de la historia”. Vale, todo bien, pero ¿es esto un aggiormanento a la era globo del Manifiesto subnormal de Vázquez Montalbán? Clément.