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jueves, 26 de mayo de 2016

Canibaal núm. 6. Un breve anticipo




I would prefer not to, pero copio mi contribución a «Ecos de la caverna Canibaal», una nueva sección de la revista de arte y literatura Canibaal ideada por Jesús G. Cívico que acoge dieciséis brevísimas reseñas sobre cuatro disciplinas: música, cine, literatura y arte. 

Canibaal se presenta hoy jueves 26 de mayo (Col.legi Major Rector Peset de Valencia, a las 19:30). Todo el mundo está invitado. 

*

Marienbad eléctrico (Enrique Vila-Matas, Barcelona: Seix Barral, 2016)

Publicado primero en Francia, Marienbad eléctrico –titulo deliberadamente evocador: huelgan explicaciones bochornosamente cultiheridas– puede ser leído como un apéndice  de la tesis nodal de Kassel no invita a la lógica (2014), texto escrito «a la contra» en el que Vila-Matas recusaba el pesimismo derogatorio que suele provocar el arte contemporáneo –evitemos la palabra «vanguardia»– en ciertos connaiseurs y en algún que otro purista colérico. El formato de este nuevo libro, no obstante, lo dota de una idiosincrasia singular. Marienbad eléctrico es un minucioso registro de las conversaciones que desde 2007 han mantenido Vila-Matas y la artista Dominique González-Foerster. El escritor, un director de cine sin películas, y la artista, una escritora sin libros, se entregan a un gozoso y lúdico brainstorming cuyo objeto es el arte de las ideas y las ideas sobre el arte –o, tal vez mejor, la indagación sobre el germen de esas ideas–. En la redacción de Canibaal ha causado un leve terremoto de euforia esta casi increíble coincidencia, muy en la onda de Marienbad eléctrico, dicho sea de paso: en una de sus respuestas a la entrevista que publicamos en este número, la artista Esther Ferrer vierte la siguiente aseveración: «En mi trabajo me lo permito todo». En la página 43 de Marienbad eléctrico se lee: «De eso se trataba […] De permitírnoslo todo». Un enunciado esclarecedor que sintetiza la esencia de esta sugerente rarity editorial. 

[p. m. para Canibaal. Revista de arte y literatura]

viernes, 23 de enero de 2015

Canibaal nº4



Ya está a la venta el nº 4 de la revista de arte y literatura CANIBAAL: good thing, man.  

Agustín Fernández Mallo, Yolanda Relinque, Tonino Guitián, Alejandro Jodorowsky (entrevista de Sergio Pinto Briones y Aldo Alcota), Francisco Ferrer Lerín, Fernanda Trías, Rodrigo Rey Rosa, Arturo Borra, Jorge Albi (entrevista de Jesús García Cívico), Volkan Diyaroglu, Rodrigo Villagrán, Ricard Chicot, Carlos Lopezosa, Yaxkin Melchy, Víktor Gómez, Gema Polanco, Charles Bernstein (traducción Enrique Winter), Rocío Cerón, Pablo Miravet Bergón, Roberto Echavarren, Agustín Calvo Galán, Carmen Selma. 

Aquí, mi pequeña contribución: 


Fragmento para un poemario futuro [p. m.] 

De tantas horas habladas quedará
tal vez un solo enunciado plausible,
permanecerán acaso una o dos
grafías táctiles y aquel lema: elegir
entre estar muertos o todavía
más muertos.
Me seduce el paisaje tábido
que describes con tu voz sedosa,
páramo que siseas y abocetas
en este aniversario de la ruina universal
que es cada jornada.
Mientras, los cerebros reposan
sobre la almohada de un desierto;
ese cono de sombra y Leibniz detrás
de todo, el todo
sobre el que se proyecta
una luz gris de lazareto,
danza semántica
a la que nos hemos entregado
sin reservas, hamacados por la impertinencia
de un sol ingenuo y dador
que elide el silbido tronante
de un mundo hermoso y terrorífico:
el mundo que asedia.
Démonos por satisfechos
por la impronta deleble
que en el hablar ha persistido,
en el aire, en una estancia opresiva,
en todas las palabras genésicas
que han modelado el orbe,
en este lenguaje
remanente,
en este decir quedo,
ayuno de urdimbre argumental,
atendible, por ello, en su ajenidad
feliz.
La otra opción es callar, no hablar
de las detonaciones
que estallan en las estancias
que, todos lo sabéis,
son espacios aún no vacíos
de ambiciones y apetencias vanas,
esas malezas del nonsense
sobre las que diserté una tarde
amarilla ante un auditorio
de geranios y metales terribles:
elíjanse ustedes, sean
responsables de su estupidez,
al menos de sus mocasines. 
La otra posibilidad, sí, es
saberse carne muda, atroz, nada
en el universo inconmensurable
de una arcilla corpórea, de
los pliegues rosas de una parte
imperfecta de adelante, los
plisados de esa falda salvaje
y encarnada, las hojas de Whitman
sobre el cálido alquitrán de aquella
gimnasia vieja, los brazos
dejados caer sobre la cultura
occidental
y la ceniza, fatigados, ahítos
–como diría un mal poeta–,
los brazos cansos, ya los bíceps
agotados que boxean con luciérnagas
ignorantes en un cuadrilátero
académico atestado de imbéciles;   
allá el inevitable bendito de turno
recitará embelesado «Esto es agua»
y nos miraremos indefensos;
nada podremos argüir
frente a esa tierna sabiduría
de college norteamericano, 
paideia liberal para depredadores
del mañana; pero es, a su modo,
un discurso hermoso,
reconoceremos finalmente
con una sonrisa erosiva en los labios. 

*