“En
el mundo en que vivían, era casi de rigor desear siempre más de lo que se podía
adquirir”
“Y a
veces, sumiéndose en aquellos sueños colectivos, sin querer despertar de ellos,
antes prolongándolos sin cesar con una complicidad tácita, acababan perdiendo
todo contacto con la realidad”
“Pero
en nuestros días y en nuestros países cada vez hay más personas que no son ni
ricas ni pobres: sueñan con riquezas y podrían hacerse ricas: ahí es donde
empiezan sus desgracias”
“Querían
pelear y vencer. Querían luchar, conquistar su felicidad. Pero ¿cómo luchar?
¿Contra quién? ¿Contra qué? Vivían en un mundo extraño y tornasolado, el
universo espejeante de la civilización mercantil, las prisiones de la
abundancia, las trampas fascinantes de la dicha (…) Querían la superabundancia;
soñaban con platinas Clément, con playas desiertas para ellos solos, con viajes
alrededor del mundo, con grandes hoteles”
“De
parada en parada, anticuarios, librerías, tiendas de discos, menús de los
restaurantes, agencias de viaje, camiserías, sastrerías,
queserías, zapaterías, confiterías, salchicherías de lujo, papelerías, sus
itinerarios componían su verdadero universo: allí dormían sus ambiciones, sus
esperanzas”
“Les
parecía ahora que antaño –y ese antaño retrocedía cada vez más en el tiempo,
como si su historia anterior se hundiera en la leyenda, en lo irreal o lo
informe–, antaño habían tenido al menos el frenesí de tener”
[Georges Perec, Les choses. Une histoire des années soixante,
trad. de Josep
Escué]
*
Nota
bene: sustitúyanse “felicidad”, “riquezas”, “superabundancia”, "ambiciones" e incluso
“salchicherías de lujo” por “talento literario”. Esta semana he leído tres novelas, todas
recién publicadas. Me han parecido realmente poco talentosas. Y ahora, bajo este sol tremendo, he recordado, recordándolas, estos pasajes de Las cosas.
