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domingo, 11 de mayo de 2014

Fanáticos



Una de las mejores máximas de Nicolas Chamfort (1741-1794) dice lo siguiente: “M., a quien se quería hacer hablar de distintos asuntos públicos o particulares, contestó fríamente: todos los días engroso la lista de las cosas de las que no hablo; el más grande filósofo sería aquel cuya lista fuera más extensa”. Por su parte, y como hemos recordado varias veces en Chez Cadou, Michi Panero (el gran Michi) dijo en Después de tantos años aquella frase ya célebre según la cual “en este mundo se puede ser cualquier cosa menos coñazo”. Si actualmente hay en nuestro medio una cuestión pública aburrida hasta la náusea, ésa es el así llamado proceso soberanista catalán, asunto sobre el que se han vertido ya demasiados metros cúbicos de tinta y que detesto precisamente porque, más allá de que sea una cortina de humo hábilmente levantada por la más sibilina de las derechas estatales –la derecha nacionalista catalana– con la inestimable colaboración de un nutrido ejército de tontos más o menos útiles –e incluso de personas inteligentes y bienintencionadas–, es la cosa más absolutamente coñazo que pueda uno imaginar. A pesar de que lo que yo diga o deje de decir sobre la cuestión es irrelevante, cada vez que se habla de este tema en una reunión –o cada vez que algún incauto me pregunta sobre el asunto– me limito a enunciar la máxima de Chamfort y a lanzar una bomba mental inocua –aunque, al menos me hago esa ilusión, demoledora y completamente anticlímax–. Sin embargo, hay ocasiones en las que uno no puede callarse a la manera de M., el personaje al que alude Chamfort. Hace unos días, el bueno de Raimon, cantante setabense cuyos singles escuchaba yo de pequeño en un tocadiscos marca Cosmos –mi madre estudió filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, donde conoció al cantautor; por eso había tantos discos de Raimon en casa–, expresó razonadamente algunas dudas sobre la pertinencia del así llamado proceso soberanista y afirmó que él no es independentista. Una jauría de fanáticos –esa clase de gente que está convencida de que hay nacionalismos buenos (por ejemplo, el nacionalismo catalán de CiU y de ERC) y nacionalismos malos (por ejemplo, el nacionalismo español de UPyD y del PP), esa gente que nunca ha entendido que el nacionalismo no es otra cosa que un vulgar sustituto de la religión, asunto, este último, que al menos tiene cierto interés desde el punto de vista filosófico– se le ha echado encima con exabruptos de todo pelaje. Manuel Vicent ha publicado hoy un artículo en castellano titulado Diguem no en defensa de Raimon, texto que me he permitido traducir por si alguno de los perros guardianes del megalómano mesianismo de Artur Mas (ecce homo) no lo entiende. Ahí va:     

Ausiàs March en el poema Vetles e vents enumera els vents favorables i adversos, que trobarà en els dubtosos camins de la mar durant la travessia de tornada a València, la seua pàtria, des d'algun lloc d'Itàlia. El poeta també descriu el perill de la tempestat, que posarà a bullir el mar com una cassola al forn. Raimon ha cantat aquest poema d'amor, atzar i mort d'Ausiàs March amb una inspiració extraordinària. Raimon ha sigut durant tota la travessia de la seua vida, amb vents quasi sempre contraris, un resistent imbatible de la llengua i la cultura catalana [o valenciana, para los sensibles (Nota del traductor)], un artista que ha posat el seu talent al servei de la pròpia identitat. La cançó Diguem no va ser el seu crit de rebel·lia, que es va iniciar durant la dictadura franquista i que al llarg dels anys s'ha anat adaptant com una protesta ritual a qualsevol fanatisme d'un o altre ban que ens ha colpejat. L'esperit del no és el que educa el xiquet contra qualsevol capritx, el que afirma la personalitat de l'adversitat. Ara mateix a Catalunya el procés cap a la independència és eixa cassola al forn que Ausiàs March va trobar de tornada a la pàtria i entorn d'eixa tempestat gira la rosa embogida dels vents. En unes recents declaracions Raimon hi ha tractat de matisar la seua postura enfront d'aquest procés; s'ha declarat no independentista; ha analitzat els arguments a favor i en contra, no per res, més aïna perquè li agradaria provar primer com està de sal eixa cassola de passions que bull ara. Ha bastat aquest dubte metòdic, pròpi d'un intel·lectual compromés amb si mateix, d'un artista més enllà de la política rudimentària, perquè els talibans de la independència, en plena brama de zel, s'hagen abatut sobre ell davall l'empar de l'anonimat de les xarxes socials per a embrutar una trajectòria impecable. Ha de quedar clar que abans d'arribar a la política, primer es requerix una integritat moral, després una llibertat intel·lectual, després una rebel·lia social. Finalment, es podrà aconseguir o no la independència, però esta no s'alliberarà de la misèria si està assentada en el fanatisme.



martes, 30 de marzo de 2010

Ser o no ser: una diatriba



Bien dosificada, la escritura panderogatoria es terapéutica. De vez en cuando hay que purgarse con esas enmiendas a la totalidad que te van dibujando una sonrisa en el rostro hasta que estalla la carcajada. Otro día hablaremos de Bernhard, de Cioran o del enfadado Debord. ¿El hipercriticismo se autorrefuta y deja las cosas como están? Es posible, pero… En su día recorté este breve artículo, que ayer encontré amarilleado en un libro. Se publicó como columna en la última página de un periódico de gran tirada. Era 28 de enero de 2001. Aunque el texto es bueno, la diatriba de Manuel Vicent es, me parece, un fracaso como diatriba porque hay en ella una mirada lateral a la poesía (¿último expediente de salvación?) y roza la jeremiada. Igual que el cretinismo y la maldad, parece decir Vicent, la poesía está en todas partes [aquellos versos de Giannuzzi: “La poesía no nace./ Está allí, al alcance de toda boca/ para ser doblada, repetida, citada/ total y textualmente”]. Está en todas partes y hay que saber verla, aunque sea con los ojos cerrados. Sobra decir que el texto mantiene intacta su vigencia, especialmente para nosotros, que andamos descorazonados ante el espectáculo de tanto tonto apabullante abrazado al poder en todas partes, total y textualmente en todas partes. Ahí va extractado:




Ser o no ser
“Sólo los desesperados muy lúcidos se permiten esta clase de fuga que es la más parecida a la cobardía: ante cualquier ignominia cierran los ojos y en la oscuridad levantan una fortaleza. En realidad, ésta es una de las dos salidas que Shakespeare propone en el célebre monólogo de Hamlet. Ser o no ser: afrontar con gran ánimo los golpes de la fortuna o dormir, tal vez soñar, y con ese sueño dar fin a las miserias de la vida. Creerán muchos que es mucho más noble combatir las injusticias, levantar la voz contra la opresión, devolver los agravios o vengar las afrentas. Así sería, tal vez, en los tiempos en que se sabía qué era el mal, quién era el enemigo y dónde estaba la gloria. (…) Pero hoy se vive bajo una tiranía difusa y la maldad es inaprensible porque se confunde en el aire con el resto de la basura humana. La lees en los periódicos, la oyes por la radio, aparece en la pantalla del televisor, la contagian como la peste esos tipos mediocres y condecorados que se abrazan en cualquier fiesta y sin darte cuenta, sólo por haber descuidado las defensas, descubres que ya eres incapaz de rebelarte (…). No creo que haya existido una época en que los cretinos hayan sido tan apabullantes, ni los tontos hayan mandado más, ni la idiotez haya tratado de meterse como la humedad por todas las ventanas de las casas y los poros del cuerpo. Se habla mucho de la carne contaminada de los animales, pero aún es peor epidemia la degradación moral de las personas, que está en todas y en ninguna parte. Ser o no ser. Hay que rendir homenaje a los desesperados más lúcidos que resuelven esta duda de Hamlet huyendo de la basura a través de los sueños. Innumerables ciudadanos han elegido esta forma de salvación sin necesidad de ser poetas ni seres privilegiados. Ante cualquier ignominia se aferran en la oscuridad a un instante puro de su vida y lo convierten en una cima inexpugnable (…) Así resisten cuando un imbécil intenta devolverlos a la realidad con una bajeza. Esos desertores nunca serán derrotados”.