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sábado, 12 de julio de 2014

El hombre ajeno




David Pérez Vega, El hombre ajeno, Santa Cruz de Tenerife, Baile del Sol, 2014


Interesante reflexión novelada sobre el peso aplastante del pasado y sobre los claroscuros y las contradicciones de la izquierda –nuestras contradicciones, en una palabra–. Atractiva  descripción de los estratos sociales de extracción proletaria del sur de Madrid que acaso levantará una que otra ampolla entre los teorizantes de la clase para sí, con perdón de la expresión. Buenos apuntes sociológico-literarios sobre los vates repugnantemente ambiciosos y sobre la inmigración. Al fondo, un tema para mí apasionante: los poetas ocultos (Héctor Meier Pérez, en este caso). La memorable figura de Roque Dalton y la más que evidente influencia de Bolaño (y de Rey Rosa) sobrevuelan un texto cuya estructura es, tal vez, demasiado rígida, y cuyo estilo, pienso, podría ser pulido en más de un aspecto. He percibido una diferencia notable entre la prosa del interludio («Vida de Héctor Meier Peláez», pp. 105-132), de alta calidad, y la del resto del libro. David Pérez Vega, lo subrayo incidentalmente, es un tipo extraordinariamente educado; aunque no tengo el placer de conocerlo personalmente, creo que es una buena persona, carácter infrecuente en el cenagal literario. In fact, he llegado a preguntarme si Pérez Vega guarda el cadáver descuartizado de una vieja en su congelador (no se puede ser tan buen tío, algo ha de haber por ahí…). Es una broma, es una broma. Volveremos a hablar de El hombre ajeno (hermoso título, por cierto). 

Por ahora, cito un pasaje que, por razones de diversa índole, me gustó:

«Debido a que las palabras de Juan eran amables y sus críticas más suaves que las que se regalaban el resto de los escritores entre sí, llegó un momento en que se vio saturado por las peticiones de obras a evaluar. El día en que se decidió a lanzar comentarios más severos sobre lo leído, mucha gente dejó de solicitar sus servicios gratuitos» (p. 97).

*

Una novela recomendable para leer bajo el sol… y con felicidad (a pesar de su dureza). Lo cierto es que llevo varios días escuchando una y otra vez esta versión de «Felicidad», la canción de La cabra mecánica. 

Canijo de Jerez, Muchachito Bombo Infierno, Tomasito, Lichis y Albert Pla: menudo paisanaje. Qué grande es Lichis…