domingo, 13 de marzo de 2011

En torno a la desesperación feliz


"El salvaje (...) siente una reverencia profunda por la tradición y las costumbres, así como muestra una sumisión automática a sus mandatos. Los obedece como un esclavo, ciegamente, espontáneamente, debido a su inercia mental combinada con el miedo a la opinión pública o a un castigo sobrenatural"
(E. Sidney Hartland, Primitive Law, citado por Bronislaw Malinowski, Crimen y costumbre en la sociedad salvaje, p. 22)

Min 1:36 (fuck'em!!)

viernes, 11 de marzo de 2011

El Espíritu de cristal (Carlos Jover)



"Con El espíritu de cristal (Palma de Mallorca, Sloper, 2010) Carlos Jover se planta en el panorama de la narrativa española actual sin compasión. La historia de la aniquilación de Aníbal Ritsos, perdedor en el juego de los placeres, alcanza especiales cotas artísticas gracias al planteamiento original y arriesgado de Jover. El vicio y las drogas, en este retrato crudo de un despojo humano, dejan su sordidez a un lado para invitar al lector a un juego literario ambicioso, que combina reflexión lingüística, filosófica y una mirada cínica. Pocas veces una opera prima ha mostrado una apuesta narrativa tan contundente y meditada, una voz tan temperada por el distanciamiento y la desinhibición." 
(De la contratapa) 

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Si creías que es imposible relatar el avatar de un loser sin zozobrar en el malditismo plano y el canallismo complaciente, si estabas convencido de que la narración de una caída debe transitar por el camino trillado de la desnuda exposición de desdichas, si no concebías la posibilidad de leer una novela de temática áspera que no renuncie al lirismo, un lirismo intenso aunque embridado, si suponías que la crónica del naufragio de un desecho humano es incompatible con la introspección y el pensamiento, si no habías pensado nunca que, además de fotos, planos, ilustraciones, anexos y otro tipo de prótesis un texto literario puede incorporar su propia exégesis plasmada en notas que escoltan su cuerpo central, si, en fin, quieres saber qué nexos secretos vinculan a Alberto García-Alix y Ernst Jünger, a Carson McCullers  y  Blake...         

viernes, 4 de marzo de 2011

Híbridos casi posibles V (Barbellion & Dion DiMucci)

W. N. P. Barbellion, seudónimo de Bruce Frederick Cummings (Barnstable, Devon, 1889-Gerrards Cross, Buckinghamshire, 1919), escribió The journal of a disappointed man, un libro que está a la altura de las mejores páginas diarísticas de Kafka. La editorial Alba  lo tradujo en 2003 (El diario de un hombre decepcionado, trad. y notas de Carmen Francí), una idea feliz. El día 20 de diciembre de 1916, cuando ya era consciente de que la esclerosis múltiple acabaría con él, Barbellion tuvo la audacia poética de anotar esto en su diario: “El motivo de que no pase los días sumido en la desesperación y las noches llorando es que estoy enamorado de esta ruina que soy”. Y añadió: “(…) Estoy tan abominablemente interesado en mí que ningún detalle de esta tragedia, por pequeño que sea, se me escapa. Día tras día acudo al teatro de mi propia vida y contemplo cómo se va acercando al final el drama de mi historia. Quiera Dios que el telón caiga en el momento oportuno, no vaya a decaer la obra en un largo y tedioso anticlímax. A todos nos gusta convertirnos en figuras dramáticas. Byron también lo hacía cuando, en un arrebato de retórica compasión por sí mismo, escribió:
Oh, si pudiera sentir como he sentido o ser lo que he sido,
o llorar como podría haber llorado por tanto perdido

También Shelley, dada su condición de artista, no podía quedarse impasible ante su propia tragedia (…) muchas veces el Destino es un dramaturgo excelente. ¿Hay algo más perfecto que la muerte de Rupert Brooke en la isla de Sycros, en el Egeo? La vida de algunos hombres es una obra de arte, perfecta en su forma, desarrollo y gradación del momento culminante. Sin embargo, ¡con cuánta frecuencia una vida marcada por el éxito –o incluso por la ruina– es también una historia fea, sórdida, ridícula y vulgar! Todo el mundo estará de acuerdo en que tiene que ser muy duro ser común y corriente incluso en la desgracia, descubrir que la tragedia de preciosa vida ha sido mediocre desde un punto de vista dramático, que tu vida, incluso en ruinas, es poca cosa, y tus propias miserias, resultan patéticas por su misma insignificancia” (pp. 348-349).

Lección shakesperiana plenamente vigente en nuestro ciclo de hipertrofia yoica.  

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Tenemos la fundada sospecha de que Dion DiMucci (1939) leía a Kierkegaard. Hemos imaginado a DiMucci tumbado en las camas de los hoteles donde se alojaba en sus giras con The Belmonts leyendo The journals of  Søren Kierkegaard y tarareando “(I was) born to cry” mientras la heroína avanzaba por su sistema circulatorio; hemos imaginado  páginas iluminadas por la pálida luz de un flexo en una habitación. Sospechamos que DiMucci también leyó a Barbellion. Lamentablemente, no hay un vídeo de Dion interpretando la canción con un audio limpio. Tampoco tiene suficiente calidad el vídeo de la versión que hizo Johnny Thunders, el legendario y maleado guitarra solista de New York Dolls. Nos conformamos con este cover de The Hives, irregular  aunque aceptable. La voz entra tarde: la música es poesía, y la poesía, guste o no, es matemática. La letra podría haberla escrito perfectamente W. N. P. Barbellion.
O no.