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jueves, 7 de mayo de 2015

Calma, calma




Aunque no puede hablar, me dice a su manera (y varias veces al día) que me va a denunciar por abandono. Así es este blog. No tengo más remedio que inventarme una pequeña historia para apaciguarlo y neutralizar sus amenazas de litigio, de modo que ahí va: una filóloga elogia desmedidamente un poemario y termina su correo electrónico dirigido al autor con una frase tan bella como dolorosa: «Me permito decirte que para mí eres un cerebro privilegiado (lo siento por ti, tendrás que vivir con ello)». Envanecido y a la vez avergonzado, el poeta no sabe qué responder y recurre penosamente (echando mano, además, de una silepsis intencionada) a ese clisé de acuerdo con el cual la mente es un buen siervo, pero un terrible maestro. Es bien consciente de que hoza como un cochinillo en un lugar común («soy un imbécil, soy un imbécil…», piensa), pero cuando ese peculiar zumbido (probablemente creado en el valle del silicio por un fanático de los misiles tomahawk) anuncia la salida irremediable de su mail de respuesta no puede evitar la rememoración del bien conocido proverbio chino: «cuando la flecha está en el arco, tiene que partir». ¿Es un proverbio chino? Ahora no lo recuerdo, la verdad.      

*
No está mal esta versión de Meghan Trainor. ¿Placer culpable otra vez?

miércoles, 6 de junio de 2012

Quod scripsi, scripsi (un viejo poema)

Edificio Novocomun [Giuseppe Terragni, 1927-1928]



La opulencia inmobiliaria y el rumor escolástico



el balcón del flanco izquierdo por ejemplo
del flanco izquierdo de la casa escupido a la calle
allí vi volar a un muerto abrazado a su cuadrado de asfalto
a su cuarto de hora warholiano y a su nada
el balcón donde me siento y armo
una fenomenología de la fragilidad ocasionalmente
viendo cómo las ratas corren imitando al arte,
más que espacio la casa es una idea
un poco más que un pedazo de materia escriturada,
mi casa es la dueña del restaurante chino
de la que me despedí al mudarme hace unos años
ella lamentó que yo no volvería a por mi pollo al curry
y después de años de silencio dijo “qué pena”,
es el individuo medio loco
que salió a defenderme en aquella trifulca
el tumulto absurdo en que me vi envuelto
porque mi hijo había tirado un petardo
que estalló cerca del cuello de un cretino,
la frivolidad devastadora y sin piedad de R.
su maltrato a esos incalificables profetas es mi casa
su alegría de desnudar en silencio 
lo que hay detrás de la jerga de la pose de...
mi casa es esa señora bien que citó a Schopenhauer
en la cola del supermercado, prometo que es cierto
y se ganó la rabia de su hija ignorante y la incomprensión de todos
mientras se ajustaba el abrigo de pieles,
mi casa son aquellas palabras 
que el héroe pronunció con los ojos cerrados
aferrado a una fracción pura de su existencia
el héroe que lo perdió todo contestando como debía
al inevitable hijo de puta mafioso tan reconocible
del que dependía su supervivencia,
mi casa es sin duda el tipo muy castigado que vi un día
en el mostrador del registro de la propiedad intelectual
portando con delicadeza bajo el brazo
un poemario titulado “Cúmulos de antimateria”,
y también es mi casa el estallido de dicha adolescente
que veo con desdén y nostalgia recreado
en los glúteos todavía no devastados por el tiempo
de las quinceañeras que no saben andar por la calle,
son algunas cosas que encajan en la idea de casa
una gragea sobre el mármol de la cocina 
o una ráfaga de Giannuzzi que duele y salva
cuando el estómago lleno de líquido ha hecho
lo que le impone la naturaleza
y ha remitido a través de la sangre
señales para que el cerebro se sienta confortado

[p. m., publicado en La casa del poeta. Antología, Palma de Mallorca, Sloper–La Noche Polar, 2007, pp. 94-95]

sábado, 3 de julio de 2010

Ciudad


ciudad, escucho tus cloacas,
fisgo en tu vientre como un flâneur voluble
            


[Ariadna, otoño de 2009]


martes, 30 de marzo de 2010

Ser o no ser: una diatriba



Bien dosificada, la escritura panderogatoria es terapéutica. De vez en cuando hay que purgarse con esas enmiendas a la totalidad que te van dibujando una sonrisa en el rostro hasta que estalla la carcajada. Otro día hablaremos de Bernhard, de Cioran o del enfadado Debord. ¿El hipercriticismo se autorrefuta y deja las cosas como están? Es posible, pero… En su día recorté este breve artículo, que ayer encontré amarilleado en un libro. Se publicó como columna en la última página de un periódico de gran tirada. Era 28 de enero de 2001. Aunque el texto es bueno, la diatriba de Manuel Vicent es, me parece, un fracaso como diatriba porque hay en ella una mirada lateral a la poesía (¿último expediente de salvación?) y roza la jeremiada. Igual que el cretinismo y la maldad, parece decir Vicent, la poesía está en todas partes [aquellos versos de Giannuzzi: “La poesía no nace./ Está allí, al alcance de toda boca/ para ser doblada, repetida, citada/ total y textualmente”]. Está en todas partes y hay que saber verla, aunque sea con los ojos cerrados. Sobra decir que el texto mantiene intacta su vigencia, especialmente para nosotros, que andamos descorazonados ante el espectáculo de tanto tonto apabullante abrazado al poder en todas partes, total y textualmente en todas partes. Ahí va extractado:




Ser o no ser
“Sólo los desesperados muy lúcidos se permiten esta clase de fuga que es la más parecida a la cobardía: ante cualquier ignominia cierran los ojos y en la oscuridad levantan una fortaleza. En realidad, ésta es una de las dos salidas que Shakespeare propone en el célebre monólogo de Hamlet. Ser o no ser: afrontar con gran ánimo los golpes de la fortuna o dormir, tal vez soñar, y con ese sueño dar fin a las miserias de la vida. Creerán muchos que es mucho más noble combatir las injusticias, levantar la voz contra la opresión, devolver los agravios o vengar las afrentas. Así sería, tal vez, en los tiempos en que se sabía qué era el mal, quién era el enemigo y dónde estaba la gloria. (…) Pero hoy se vive bajo una tiranía difusa y la maldad es inaprensible porque se confunde en el aire con el resto de la basura humana. La lees en los periódicos, la oyes por la radio, aparece en la pantalla del televisor, la contagian como la peste esos tipos mediocres y condecorados que se abrazan en cualquier fiesta y sin darte cuenta, sólo por haber descuidado las defensas, descubres que ya eres incapaz de rebelarte (…). No creo que haya existido una época en que los cretinos hayan sido tan apabullantes, ni los tontos hayan mandado más, ni la idiotez haya tratado de meterse como la humedad por todas las ventanas de las casas y los poros del cuerpo. Se habla mucho de la carne contaminada de los animales, pero aún es peor epidemia la degradación moral de las personas, que está en todas y en ninguna parte. Ser o no ser. Hay que rendir homenaje a los desesperados más lúcidos que resuelven esta duda de Hamlet huyendo de la basura a través de los sueños. Innumerables ciudadanos han elegido esta forma de salvación sin necesidad de ser poetas ni seres privilegiados. Ante cualquier ignominia se aferran en la oscuridad a un instante puro de su vida y lo convierten en una cima inexpugnable (…) Así resisten cuando un imbécil intenta devolverlos a la realidad con una bajeza. Esos desertores nunca serán derrotados”.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Caso Witz


El hombre de la foto es Sergio Hernán Witz, poeta mexicano. El amigo Witz sonríe. Nos gusta pensar que en el papel que sostiene está el poema… o mejor, la sentencia. En mayo de 2008, tras siete años de litigios, Witz fue condenado por un juez federal –Juzgado segundo de distrito, con sede en Campeche– como autor responsable de un delito de ultrajes a la bandera nacional, tipificado en el artículo 191 del Código Penal Federal de México. La fiscalía solicitó que se castigara a Witz con una pena de prisión, pero el juez optó por imponer una sanción simbólica (multa de 50 pesos) que, según el tenor literal de la sentencia, sirviera “para desalentar abusos en el ejercicio de la libertad de expresión”. El juez consideró que la sanción desincentivará “conductas antisociales de quienes atentan contra el patrimonio cultural de nuestro país y de los símbolos patrios que lo representan”.
Se trata del primer caso de un poeta sentenciado por este tipo penal en México. Witz fue denunciado en 2002 por una asociación presidida por un ex militar tras publicar un poema titulado “La patria entre mierda” en una revista local de Campeche. La Procuraduría General de la República decidió ejercer acción penal. El caso adquirió notoriedad cuando la Suprema Corte de Justicia denegó el amparo al poeta en su sentencia de 5 de octubre de 2005. La decisión de la Suprema Corte abriendo la puerta al proceso penal representó una inquietante amenaza para el derecho a la libertad de expresión. Sobre el tema escribió J. A. Cruz Parcero (“De poemas, banderas, delitos y malas decisiones. La sentencia de la Suprema Corte sobre el caso Witz”, Revista de la Facultad de Derecho de México, nº 245, 2006, pp. 423-447).
¿…Cosas veredes que faran fablar las piedras? Bueno, sí, pero desde aquí no nos podemos permitir el lujo de dar lecciones a nadie: a los de El Jueves se les aplicó el 491 del Código Penal por una caricatura en portada hace bien poco

Witz tiene poemas mejores. Ahí va el que motivó el caso:
La patria entre mierda (Sergio Witz)
"Yo
me seco el orín en la bandera
de mi país,
ese trapo
sobre el que se acuestan
los perros
y que nada representa,
salvo tres colores
y un águila
que me producen
un vómito nacionalista
o tal vez un verso
lopezvelardiano
de cuya influencia estoy lejos,
yo, natural de esta tierra
me limpio el culo
con la bandera
y los invito a hacer lo mismo:
verán a la patria
entre la mierda
de un poeta"