viernes, 20 de febrero de 2015

Costumbrismo chic: una fórmula (cita)


«Se encoge de hombros frunciendo las comisuras de la boca para hacerme calibrar la inanidad del tema, y lo que es más grave, la inanidad de mi trabajo, de mis afanes en general, como si ya no cupiera esperar nada de mí, ni siquiera la conciencia de mis propias renuncias. Las mujeres aprovechan cualquier situación para hundirnos, les encanta recordarnos que somos decepcionantes. Odile acaba de avanzar un puesto en la cola de los quesos. Ha vuelto a coger el bolso y sigue sujetando con firmeza el morbier. Tengo calor, me ahogo. Me gustaría estar lejos, ya no sé qué pintamos aquí ni de qué va la cosa. Me gustaría deslizarme sobre unas raquetas en el Oeste canadiense, como Graham Boer, el buscador de oro, el héroe de mi artículo, clavar estacas y balizar los árboles con un hacha en valles helados. ¿Tendrá mujer e hijos ese Boer? Un tipo que se enfrenta al grizzli y a temperaturas de menos de treinta grados no se muere de asco en un supermercado a la hora en que todo el mundo hace la compra. ¿Acaso es ése (sic) el lugar de un hombre? ¿Puede alguien circular por estos pasillos llenos de neones y de packs, sin ceder al desaliento? ¿Y saber que volverá aquí, en cualquier época del año, arrastrando el mismo carrito a las órdenes de una mujer cada vez más mandona? No hace mucho, mi suegro, Ernest Blot, le dijo a nuestro hijo de nueve años, voy a comprarte otra estilográfica, con ésta (sic) te manchas los dedos. Antoine contestó, es igual, ya no necesito ser feliz con una estilográfica. Ese es el secreto, observó Ernest, el niño lo ha comprendido, reducir al máximo la exigencia de felicidad».

[Yasmina Reza, Felices los felices, traducción de Javier Albiñana, Barcelona, Anagrama, 2014, pp. 17-18] Las negritas son mías.

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viernes, 6 de febrero de 2015

Más de veinte años


José Vidal Valicourt (fotografía de Román Piña)



Dice Aristóteles en su Física (217b y 33-218a 3) que tanto el tiempo ilimitado como el limitado se componen de pasado y futuro. Pero, agrega el estagitira, ni el pasado, que ya fue, ni el futuro, que todavía no es, existen. Por lo tanto, concluye Aristóteles, no existe el tiempo, dado que lo compuesto por no-seres no parece poder participar del ser. ¿Y si prescindimos de El Ser, esa tumescencia filosófica, y nos ceñimos a lo óntico? Sí, sí: el tiempo existe y trascurre. De hecho, han pasado ya veinte años desde que viera la luz el primer número de la revista literaria trimestral La bolsa de pipas: utilizando el lenguaje de Aristóteles, cabe decir que no es posible dudar de que estas dos décadas ya han sido; por otra parte, no podemos saber si el futuro de la revista será. Por ahora, despreocupémonos de la física –y, sobre todo, de la metafísica– y celebremos el cumpleaños. Ahí va el texto de felicitación de Román Piña, padre de la criatura, incluido en el nº 96 de la revista: 

«Ahora sí: ya cumplimos 20 años. En enero de 1995 se presentó el primer número de La bolsa de pipas. Este número 96 inaugura el año 21 de nuestra andadura. Seguimos recibiendo textos de autores tan interesantes como para no tirar la toalla. Sigue valiendo la pena lanzar cada tres meses al mundo este cucurucho de letras sazonadas con nervio, corazón o sangre. 
           La bolsa de pipas se hace vieja y ya es un barco que abandonaron amigos que no volverán a verse publicados, aunque nosotros podamos rescatar sus inéditos e imprimirlos aquí. Seguimos creyendo en la conquista del espacio: en que quizá un ejemplar distraído en la mesa de un bar, en el revistero de la peluquería, asalte al transeúnte desprevenido y le muestre un vicio más alto que la Playstation o el resumen de la semana futbolera: nada menos que entrar en los mundos vertidos por sus semejantes en forma de poemas o relatos. Cada día llegan nuevas voces. Escogemos los que más nos gustan para compartirlos. Hemos podido hacerlo gracias a mucha gente que valora esta modesta publicación y la ha patrocinado con su dinero o su entusiasmo. Hemos llegado hasta aquí gracias a nuestros lectores y a cómplices como la escuela de escritura Hotel Kafka de Madrid, los galeristas Xavier Fiol y Pep Pinya, el Grupo Kaldi Cafés, algún organismo oficial y una serie de librerías en Mallorca, la península y Canarias que han creído en lo mejor de este trabajo: la vocación de puente entre lectores y creadores, la gozada de abrir las puertas al talento desconocido. Esperamos seguir encontrando aliados sensibles a este sueño. Probamos muchas recetas: un consejo editorial, la sección «terreno Dalmau»… Hicimos especiales entrañables como el dedicado a Padrós de Palacios, a las charlas de Formentor o a Miguel Ángel Velasco. Tuvimos un año de Bossa Nova, una hermana en catalán… Parimos a Sloper.
Ya podemos morirnos. O aguantar 20 años más».

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En su día celebramos los delicados quince años de La bolsa escuchando «Para ti». Me parece que no hay mejor canción para conmemorar el vigésimo aniversario de la revista que este corte de La Granja, cuyos componentes eran, por cierto, compañeros de clase de Piña y de mi hermano allá en el tardo-franquismo.