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sábado, 17 de marzo de 2012

Perspectiva


Cada día deploro más las reyertas literarias de casino de pueblo que se escenifican en la red, medio que propicia la perpetración de análisis de vuelo corto muchas veces derivados de una lectura apresurada del texto sometido a crítica. De sobra es conocido que el tenor de estos análisis viene a menudo motivado por razones poco presentables o simplemente no confesables. Consciente de que esta tendencia no puede ser revertida, sabedor de que no hay pureza y de que sólo nos queda el silencio o el lodazal, me limito a registrar mi hastío ante la cacofonía de voces que vierten sus juicios sumarísimos animadas por esa sórdida manía de querer influir


El hastío profundo que uno experimenta ante lo que no cambia y no puede ser cambiado.  

¿A qué viene esto?

Leo en el prólogo del ácido ¡Despidan a esos desgraciados!, de Jack Green, un pasaje escrito por José Luis Amores con el que prima facie estoy de acuerdo:

“¿O es que la crítica objetiva sólo es posible una vez que el paso del tiempo ha calmado los ánimos y los viejos prejuicios han dejado de tener vigencia, cuando es posible ver las cosas con esa maravilla de la percepción humana llamada perspectiva?” (p. 11)

Personalmente, eliminaría la palabra “objetiva” y transformaría la interrogación en una simple aserción: “ La crítica sólo es posible una vez que el paso del tiempo ha calmado los ánimos y los viejos prejuicios han dejado de tener vigencia, cuando es posible ver las cosas con esa maravilla de la percepción humana llamada perspectiva”

“Paso del tiempo”: actualmente, uno o dos meses desde que el libro sale publicado.

*

Addenda: no quiero dejar de cumplir el rito anual de maldecir las fallas de Valencia: maldigo, pues, las fallas.