Copio un relato del último libro de José Vidal Valicourt (El hombre que vio caer a Deleuze, Palma de Mallorca, Sloper, 2009), VI Premio Café Món. Un spleen protoapocalíptico y terminal aureola las derivas del hatajo de seres instalados en el filo del desorden emocional que, con excepciones puntuales, testimonian en primera persona sus extravíos en los 21 relatos que conforman el volumen, muchos de ellos desolados monólogos interiores a caballo entre la prosa y la poesía y trufados de iconografía high pop, sobreentendidos filosóficos y referencias postestructuralistas. Un buen libro, para leer más de una vez. Es una lástima no poder copiar “Hotel Cheever” (demasiado extenso para un post), verdadera pieza maestra de prosa poética que entronca con el pulso de otros títulos de Valicourt como Zona de nadie. Todavía hay tiempo para pedirlo como regalo a los reyes magos de Occidente
MOTEL (LA HUIDA, SIN ALI MAcGRAW)
Algunos teóricos lo llaman no-lugar. Acepto la definición. Entre tu cuerpo y el horizonte, soy un hombre perseguido. Todo un largo recorrido, una provincia que aún no tiene nombre. Me levanto y descorro las cortinas. Acción que repito como un autómata para mirar por la ventana. A lo lejos, como diría un mal poeta, prosigue la erosión de los límites, la pura lejanía que me invita a continuar mi camino. Pronto caerá la noche sobre esta llanura sin árboles. Siempre he defendido el mismo papel, el de invitado que siempre llega a deshora, muy tarde o demasiado temprano. Un convidado de piedra. Deambulo por esta habitación aséptica y descubro en el único espejo disponible el rostro de un hombre dispuesto a seguir huyendo, que ha hecho de la huida una especie de territorio que hay que defender. Sostengo esa mirada que no es del todo mía. Necesito la nieve, la página en blanco, el lienzo impoluto, la pantalla vacía. Alguien está hablando solo y ése soy yo.
