sábado, 26 de noviembre de 2011

Liverpool y el test Arendt de memoriabilidad de un poema




José María Millares Sall (Las Palmas de Gran Canaria, 1921-2009) comenzó su andadura poética en el contexto del encolerizado ensañamiento con los vencidos que siguió a la guerra civil. En este paisaje de miseria, ignominia, humillación de la inteligencia y tedio infinito –finales de los ‘40– Millares funda junto a su hermano Planas de poesía, modesta colección de circulación restringida que sería prohibida en 1951 con el consiguiente procesamiento del autor-editor y demás responsables. El primer título de Planas de poesía fue Liverpool (1949), una propuesta completamente alejada de lo que cabía esperar en aquella coyuntura de un poeta todavía joven que había experimentado en carne propia la furia desatada en la postguerra y que, justamente por esa circunstancia, parecía abocado a adscribirse a la poética que cultivaron, entre otros, Blas de Otero, Celaya y De Nora. La editorial Calambur tuvo la feliz idea de reeditar el poemario en 2008. Como escribe Jorge Rodríguez Padrón en el epílogo de la edición (“Para volver a Liverpool con José María”), el poemario no llegó a ser entendido por nadie. Rodríguez Padrón agrega que, a pesar de ello, “Liverpool es –aún hoy– un libro excepcional. Por más que haya pasado inadvertido, para mí resulta de primerísima necesidad en el discurrir de la poesía española de estos setenta años: que entonces –y luego, en los sucesivos recuentos históricos– no se haya sabido dónde situarlo, que hoy tenga la misma vigencia y valor (vigencia y valor poético, digo, por encima de toda coyuntura o circunstancia) creo que corrobora mi afirmación en este sentido. Estos seis largos poemas piden una lectura diferente, ésa que ha sido –siempre– una carencia mayor en la crítica española: al parecer, no entra en sus planes zafarse de las andaderas que un canon, mera corrección política de cada momento, ha impuesto”

Liverpool es un libro extraordinario cuya lectura (y constante relectura) me transporta a estas palabras de Hannah Arendt: La poesía, cuyo material es el lenguaje, quizás es la más humana y menos mundana de las artes, en la que el producto final queda muy próximo al pensamiento que lo inspiró. El carácter duradero de un poema se produce mediante la condensación, como si el lenguaje hablado en su máxima densidad y concentración fuera poético en sí mismo. En este caso (…) el recuerdo se transforma directamente en memoria, y el medio del poeta para lograr la transformación es el ritmo, mediante el que el poema se fija en el recuerdo por sí mismo. Esta contigüidad al recuerdo vivo capacita al poeta para permanecer, para retener su carácter duradero, al margen de la página impresa o escrita, y aunque la “calidad” de un poema puede estar sujeta a una variedad de modelos, su “memoriabilidad” determinará de manera inevitable su carácter duradero, es decir, su posibilidad de quedar permanentemente en el recuerdo de la humanidad
(H. Arendt, La condición humana [1958], trad. de R. Gil Novales, introd. M. Cruz, Barcelona, Paidós, (3ª reimpr.) 1998, p. 187.)



Liverpool   (José María Millares Sall)

Sobre vuestros curtidos rostros de paloma endurecida,
sobre vuestras sonrisas de sal y vino agrio, ya sobre los
duros cristales de la niebla,
está mi alma están mis ojos, amigos,
y sobre el último dolor de la tierra,
y sobre el último dolor de mis manos, tanteando el duro
    cemento de una puerta vacía,
y sobre la última agonía de las aguas está flotando mi
    corazón, señores, mi corazón.

Por favor, abridme paso, dejadme cruzar este túnel
de plomo, que quiero ser el primero en llegar con mi sangre
a los muelles de Liverpool.
Amigos, vosotros que os perfiláis como aletas de pescado
sobre las últimas esquinas de los buques;
vosotros que de cada rincón saltáis de una bodega a otra
como sapos de azufre ardiendo, como tristes pezuñas de
    lagarto,
para husmear el rojo carbón de las calderas,
para darle vida al hierro como al alba le dais su fruto,
para darle aliento al agua que se aleja para siempre de
    la tierra,
del polvo que tanto amáis tras unos ojos,
decidme que puedo soñar en vuestros rostros de ceniza
y en vuestras sucias calles de alquitrán, y en vuestros
   hogares de nata corrompida,
y echar la raíz de mi sangre como un ancla sobre vuestras
jurisdicciones marítimas,
porque además de ser un hombre como vosotros, soy un
poeta,
y un poeta es un corazón más sobre la niebla del mundo.

Por favor, abridme paso, que quiero ser el primero en
saludar con mi sangre vuestras sonrisas de azufre,
vuestras mujeres de estopa. Por favor, abridme paso.

Oh, Liverpool, Liverpool.
Amigos, sobre este puerto extranjero están ya mis pies
que se hunden conmovidos sobre las duras baldosas,
    como tiernos tallos contra el fango.
Podéis comprobar que aún mi boca está en mi cara,
y que mi lengua no es una bala de algodón sobre el muelle,
y que mi vientre no está hinchado por el vino,
y que mis manos no han rastreado aún los senos de
    vuestras mujeres,
y que aún no han besado sus cuerpos sudorosos mis labios
    de martillo.

Oh Liverpool, Liverpool.
Mi cuerpo es negro, amigos, bajo vuestros dormidos ojos
   de cielo alcoholizado,
bajo la tibia luz de los faroles que aspiran a ser estrellas
de otros lejanos ojos que se hunden dulcemente en las
    aguas.

Oh, Liverpool, Liverpool.
Y no es más que un triste cargamento de pescado que se
    pudre,
y yo en sus piedras, un poeta que se cansa de sus mujeres
    y de sus calles.

Oh, Liverpool, Liverpool.
Oliendo a sudor y a manos que se aburren en un vaso
    turbio de ginebra.

Sobre fardos de algodón y de lino y de murciélagos,
o bajo la húmeda lona que cubre las mercancías,
duermen cuerpos humanos, brazos y piernas y cabezas de
    plomo,
bajo la luz y bajo la niebla y bajo las sirenas que penetran
    hasta sus oídos de lumbre enferma.
Eh, tú, que viene el alba como un tren descarrilado desde
    las últimas colinas del mundo.
Ya las cubiertas se apagan, y a lo lejos sólo brillan las
    estrellas
y del otro lado las tristes luces de vuestras calles,
y aquella boca fría de acento inglés,
y aquellos cabellos amarillos de lengua extraña.

Oh, yes, yes, miss Fly, I need you.

Sí, pero hemos de separarnos como la niebla que
    abandona los altos puentes del mundo.
Un trasatlántico saludo, boy.

Oh, Liverpool, Liverpool.
Las mismas aguas untadas de aceite y las mismas carnes
    de acero sobre ellas flotando,
y las mismas gorras sobre idénticos cráneos de agua y sal,
y los mismos brazos con sus anclas de tinta y sus sirenas
    desnudas,
y un triste corazón en una esquina del brazo, oculto
    como un perro frío,
y los mismos gestos, y las mismas fatigas, y los mismos
    saludos,
y los mismos ojos que lloran la ausencia de otras carnes.

Ah, pero sólo soy un poeta sobre estas calles,
sobre esta simetría exacta, donde cada zaguán es un
    vómito de vino,
donde cada cabeza es una bola de acero hundida
    sobre los hombros,
donde cada esquina es como un filo de navaja, donde
cada portal es un grupo de sangre,
un vaso de sangre a la intemperie,
donde en cada ventana una joven inglesa se desnuda
    fríamente,
donde una sombra de vino se pasea por los muelles
    ofreciendo una bandeja de labios cortados,
ya enlazados en un nudo de sangre y de armonía,
donde yo, entonces, cubro mi rostro en otro rostro
    para buscar el mío.

Ah, pero el aire es frío y penetra por mis carnes duramente
y ya el alba en mis ojos duramente se agrupa, y
    entonces me incorporo
y alargo hasta la bruma mi lengua española
y cuelgo mi esqueleto sobre un árbol para siempre de
    mi carne.

Oh, Liverpool, Liverpool.
Good bye, miss Fly, mis extraños amigos, good bye.

Oh, Liverpool, Liverpool.      


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Sobre el apropiacionismo



En el parágrafo VIII del “Dada manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo” (1918), Tristan Tzara ofrece las instrucciones para construir un poema dadaísta:

VIII

PARA HACER UN POEMA DADAÍSTA

Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que quiera darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte enseguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
En el orden en que haya salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida por el vulgo.

 ´﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ Tristan Tzara ofrece las instrucciones para realizar un poema dadaemergentes en las tales rado e incluyente(Tristan Tzara, Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete manifiestos dada. Algunos dibujos de Picabia, trad. H. Haltter, Barcelona, Tusquets, 1994, 6ª edición, p. 50)




Filippo Marinetti, el modernólatro mussoliniano que en 1909 fundó el Futurismo, envió en 1915 a Hugo Ball –quien, junto a Tzara, Janco, Huelsenbeck, Arp y Emmy Jennings, fundó a su vez el Cabaret Voltaire en Zurich (1916), dando así por nacido al Dadaísmo– un número de la revista Parole in Libertà cuya portada ya tenía cierto aire de familia con la técnica que más tarde propondría Tzara. Hugo Ball aparece disfrazado de hechicero metálico junto a un poema Dada –no resisto la tentación de reproducir su inicio: “jolifanto bambla ô falli bambla (…)”– en una fotografía que sería utilizada en la Feria Dadaco (Munich 1920). 






[Escolio: Kenneth Anger cuenta en Hollywood Babilonia (Barcelona, Tusquets, 1994; ejemplar perdido en un traslado) que el asesino de la Dalia Negra utilizó la técnica Dada propuesta por Tzara para remitir la noticia criminis al mundo y para comunicarse con la policía después de perpetrar el salvaje asesinato de Elisabeth Short que conmovió a Los Ángeles en 1947. El cuerpo apareció seccionado y brutalmente mutilado.]




Greil Marcus relata en Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX  (trad. D. Alou, Barcelona, Anagrama, 1993, passim) que, sesenta años después de que Marinetti enviara su revista a Hugo Ball y de que Tzara escribiera su manifiesto (es decir, en 1975-1976), el recientemente fallecido Malcolm McLaren y una modista hoy millonaria reunieron a cuatro inadaptados en torno a una batería, un bajo, una guitarra y un micrófono y formaron –McLaren y la modista– Sex Pistols, conjunto musical que, en la estela de The Stooges, Ramones y New York Dolls, dio carta de naturaleza al nacimiento del punk como reconducción de –o como reacción a– la entonces insoportable exuberancia floral y pacifista hippy de los sesenta y los primeros setenta. El punk fue, por cierto, tomado en serio por Jean Baudrillard, quien, en su A la sombra de las mayorías silenciosas, tomó partido a favor de “una nueva generación de rebeldes que expresa la conciencia de su segura condena por medio de la simulación hiperconformista y que representa ese momento de refracción en que la lógica de simulación del sistema se vuelve irónica y, neutralmente, contra el sistema” (sic).



El fin de los metarrelatos moderno-ilustrados y de la filosofía de la historia en sus versiones whig-perfectibilista y dialéctica fue sintetizado en la poco llamativa sentencia “no future” con la que culminaba la canción de Sex Pistols “God save the queen”. El "no future" me permite afirmar, asumiendo el rol de paleto ibérico adherente a los cultural studies (en decadencia, por cierto, desde la década de los 90 en el ámbito anglosajón: vid., al respecto, entre otros, el conjunto de textos compilados por M. Ferguson y P. Marjorie, Cultural studies in question, London, Sage, 1997) que Johnny Rotten, frontman de Sex Pistols, se anticipó al mismísimo Jean-François Lyotard, cuyo libro La condición postmoderna –un informe pagado por el MIT–, texto que  algunos consideran fundacional, fue publicado en 1979. En ese libro, Lyotard informó al mundo de que “El gran relato ha perdido su credibilidad, sea cual sea el modo de unificación que se le haya asignado: relato especulativo, relato de emancipación” (J-F. Lyotard, La condición postmoderna [1979], trad. M. Antolín Rato, Barcelona, Cátedra, 1989, p. 70). ¿Fundacional? Dejemos ahora la inacabable discusión académica sobre el origen de la postmodernidad, y recordemos solamente que, en Die krisis der europäischen kultur, publicado en 1917, Rudolf Pannwitz ya hablaba del “hombre posmoderno”.

La parafernalia punk, antítesis estética del hippismo, incluía, como es de sobra conocido, la técnica dadaísta de composición de poemas. Así luce la portada de  “Never mind the bollocks”, el primer disco de Sex Pistols. Todavía hoy puede comprarse en Londres el merchandising del grupo a manera de souvenir. Una de las piezas más cotizadas de ese mercado es la bandera británica con la foto impresa de la reina Isabel, que aparece en la ilustración con los ojos tapados por la frase “God save the queen” elaborada, casi exactamente como propuso Tristan Tzara en 1918, con letras recortadas de tipografías distintas.




¿A que ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽, casi exactamentee , con letras recortadas de distinta tipograf uno busca un poco, el ork Dollsadaulgo. nteé viene todo esto? Se me ocurre que viene a cuento del ataque de melancolía que, imagino, sufrieron los viejos punketos cuando vieron el anuncio de la campaña publicitaria de una multinacional de bebidas refrescantes de 1997 en el que aparecía una botella del refresco flanqueada por el unicornio y el león sobre el fondo de la bandera británica y este eslogan, hecho precisamente con letras recortadas á la Tzara: “God save the gin & tonic Schweppes”




En resumen: desde que Marinetti, Tzara y Ball empezaron a juguetear con sus técnicas y a proclamar la muerte del arte hasta que la industria publicitaria pudo apropiarse de tales técnicas sin que nadie se rasgara las vestiduras –y nadie se las rasgó porque el potencial subversivo de aquellos lenguajes y técnicas estaba ya completamente desactivado– transcurrieron nada menos que ocho décadas.

En el siglo XXI, parece, las cosas son bien distintas. Más allá de que las demandas de la así llamada Spanish revolution (o el 15 M) sean atendibles, o incluso muy atendibles, una de las principales fallas del movimiento ha sido la percepción completamente distorsionada que sus protagonistas han tenido de su fuerza real, percepción alimentada, creo, por la tendencia actual del periodismo a interiorizar y potenciar la lógica de la  “noticia-acatamiento” y por la proliferante presencia en los medios de las manifestaciones ciudadanas durante apenas unas semanas. Lo que comenzó siendo un movimiento de repolitización social devino casi inmediatamente en un movimiento de estetización política –no exactamente de estetización de la política–. El 15 M se transformó en una suerte de gigantesca performance de urban art donde parecía que se había entablado una competición por el logro del eslogan más ocurrente, la parafernalia enragé más vistosa, la foto más grande en el suplemento semanal, la imagen más sugestiva… Me parece que el 15 M no es, como dice Bauman, un movimiento político emocional, sino más bien un movimiento estético con unos fundamentos políticos contradictorios –de un lado, Habermas y el consensualismo angélico-dialógico; de otro, Badiou, Nancy, Lefort, Laclau, Mouffe, y otros, además de los inter﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽s inttores de Schmidt ios –de un lado, Habermas y el consensualismo; de otro, Badiou, Nancy, l 15 M cional de bebidas érpretes gauche de Schmitt– que, precisamente por la naturaleza estetizante de sus formas de expresión, es susceptible de ser fácilmente fagocitado por una de las industrias que sostiene al “sistema” –él mismo, estético y espectacular– contra el que el 15 M afirma luchar. Estoy bastante de acuerdo con el 15 M, así que me disculpo anticipadamente si por casualidad algún “indignado” pasa por aquí, lee esto y se indigna. Este texto sólo tiene como objetivo expresar, de manera algo torpe, lo admito, una idea.

El resultado: seis meses frente a ocho décadas. ¿Quién copia a quién?     

       

MAYO DE 2011: 



NOVIEMBRE DE 2011:

[Nota bene: el vídeo que no puede verse corresponde a la campaña publicitaria de Telefónica-Movistar de otoño de 2011; el spot dramatiza una asamblea de barrio similar a las del 15M en la que los asistentes aprueban una bajada de tarifas. Ha sido "retirado" un par de veces por una mano misteriosa. Creo que es inútil tratar de reponerlo de nuevo.]   


lunes, 14 de noviembre de 2011

Juarroz y el fin de fiesta

Fotografía de Andrea Sonnenberg

A veces me parece (Roberto Juarroz)

A veces me parece
que estamos en el centro
de la fiesta
sin embargo
en el centro de la fiesta
no hay nadie
En el centro de la fiesta
está el vacío
Pero en el centro del vacío
hay otra fiesta.

(...)

[texto retirado para ser incorporado a un trabajo del autor de este blog]


A veces me parece (Roberto Juarroz)

A veces me parece
que estamos en el centro
de la fiesta
sin embargo
en el centro de la fiesta
no hay nadie
En el centro de la fiesta
está el vacío
Pero en el centro del vacío
hay otra fiesta.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Agit-pop: sobre el trabajo




“Si el producto del trabajo no pertenece al trabajador, si es frente a él un poder extraño, esto sólo es posible porque pertenece a otro hombre que no es el trabajador. Si su actividad es para él dolor, ha de ser goce y alegría vital del otro. Ni los dioses, ni la naturaleza, sino sólo el hombre mismo, puede ser este poder extraño sobre los hombres”
(Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía)


“Ganaos la vida, pero no os la ganéis demasiado”
(Jules Renard, Diario 1887-1910)


“No hay nada que me fascine más que el trabajo: me puedo pasar horas sentado contemplándolo”
(J. K. Jerome)


“Ser tonto y tener trabajo, eso es la felicidad”
(Gottfried Benn)