“Demoro todo lo que puedo el acto de escribir. Llega, no obstante, el momento (una fuerza oscura me empuja) de someterme a la tortura. Entonces una inexplicable cosa sucede: de la tortura saco un goce, un cierto placer, pero sin que éste deje de ser al mismo tiempo un sufrimiento. Es, por tanto, un acto masoquista. Ahora bien, es el único acto que me justifica totalmente como el que soy y posiblemente sea un acto inscrito en la más ciega fatalidad”
(Joan Perucho)
