Mostrando entradas con la etiqueta El lectoespectador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El lectoespectador. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de enero de 2012

De desmelenadas y románticas tecnofilias (Dejà vu o "me quitasteis las palabras de la boca")


"–¡Oh, Pangloss! –exclamó Cándido– ¡qué poco sospechabas tú que hubiera en el mundo tanta abominación! No, me parece a mí que a pocos ejemplares de estos, será necesario renegar de tu optimismo. 
–¿Qué es optimismo? –dijo Cacambo.
–¡Ay, amigo! –respondió Cándido–, optimismo es la manía de sostener, cuando todo va mal, que todo va bien. 
Diciendo esto, derramaba lágrimas, miraba al desdichado negro, y llorando entró en Surinam"

[François Marie Arouet (Voltaire), Cándido o el optimismo [1759], trad. L. Fernández de Moratín, Barcelona, Orbis, 1984, p. 68.]    

***

"Si existe un equivalente contemporáneo de la alegría de la máquina y la efusión técnica que caracterizó la primera década del siglo pasado, ése es, sin duda, la revista Wired. En sus textos y editoriales sobre los novísimos gadgets, las virtualizaciones de la experiencia o el precio objetivo de cada órgano del cuerpo humano –en uno de sus textos más célebres–, el lector avisado puede disfrutar de un dejà vu del futurismo convertido ahora en flagrante optimismo tecnocrático. Uno de los representantes más señeros de esta publicación, Nicholas Negroponte, presenta en su ensayo El mundo digital (1995) una fábrica de sueños poblada por libros sin páginas, alegrías "ex-presionistas", goces de la hora punta y amistades inquebrantables entre personas y bits. Se trata de un mundo en el que "la tecnología [es] correcta", sólo "los problemas son equivocados" (Negroponte, 1995: 72) y toda voz discordante respecto de la dinámica de la innovación es tildada de reaccionaria. Negroponte vive en "una era de optimismo" en que sólo reconoce como posible problema la pérdida de puestos de trabajo generada por las nuevas tecnologías –problema que, tal como explica en el epílogo, le parece muy secundario (...)–. Esta explicación à rebours de los conflictos sociales se corresponde con la radical estetización de la esfera social, entendiendo aquí estética en el sentido particular que Walter Benjamin le dio a este término en referencia a la estética futurista en general y a la obra de Filippo Marinetti en particular, esto es: como estetización de la política y dilución de la ética bajo el totalitarismo –sea el totalitarismo unipersonal o el tecnocrático, el de Mussolini o el de Bill Gates–. La exaltación que hace Negroponte de la "magnificencia del mundo" bajo la "nueva belleza de la velocidad" ADSL –parafraseando el manifiesto de "La nueva religión de la velocidad" (1916)– tiene un complemento necesario en las inflexiones realizadas desde las catacumbas técnicas de los hackers, como la del Ciberia (1995) de Douglas Rushkoff. La que encontramos aquí es una versión seudomística de nueva mente universal a la que dará lugar el uso combinado de los medios técnicos y la farmacopea inteligente. Aunque el credo de Rushkoff se diferencia claramente del ateísmo combativo de los futuristas italianos, su visión puede considerarse como la cara de la otra moneda de la de Negroponte –quien al menos no se molesta en disimular que es un tecnócrata–: en su libro no se menciona ni a Marinetti –que para él es puro presente– ni a Gates –que no le parece un problema–, y tampoco toma en consideración que el verdadero ganador de lo que él denomina "la revancha de los colgados" no es el encantador hacker del garaje de al lado sino Microsoft"

[E. Fernández Porta, "El fantasma futurista en la máquina ciberpunk", en Afterpop. La literatura de la implosión mediática [2007], Barcelona, Anagrama, 2010, pp. 162-163]  

***

"(...) El ensayo no es tal sino una recopilación deslavazada de entradas que el autor ha reescrito tras haberlas colgado en su blog, pero el resultado es tan fragmentario y desarticulado que mejor hubiese sido dejarlas en el blog. En ellas, casi sin excepción, se canta una loa tediosa y repetitiva a las innumerables posibilidades expresivas, estilísticas, artísticas, imaginativas, cognoscitivas, etcétera, que la neocultura cibernética ofrece a los usuarios, sobre todo si se trata de escritores y demás miembros de la peña "creativa" ultramoderna"

[E. Lynch, "Tecnoempacho", reseña de El lectoespectadorBabelia, 28 de enero de 2012, p. 10; para leer el texto completo, aquí ]