jueves, 9 de febrero de 2012

Aniversarios

9/2/2002–9/2/2012




"Fue el mejor y el peor de los tiempos; la era de la sensatez y de la necedad; la época de la fe y de la incredulidad; la hora de la luz y de las tinieblas. Fue la primavera de la esperanza y el invierno futuro de la desesperación; todo el futuro era nuestro y no teníamos futuro alguno; todos íbamos derechos al cielo y todos íbamos en sentido contrario. En resumen: aquella época fue tan parecida a la actual, que algunas de sus personalidades más características y vocingleras insistieron en que tanto en lo bueno como en lo malo, sólo se le aplicasen calificativos extremos. (....) 

Estos hechos, y otros mil como éstos, ocurrían a cada momento en el célebre año de 1775. En ese marco, mientras que el leñador y el labrador trabajaban sin que nadie les hiciese caso, los dos reyes de grandes mandíbulas y las dos reinas, tanto la bonita como la fea, lo pisoteaban todo con bastante estruendo y hacían un uso despótico de sus derechos divinos. Así es como el año de 1775 llevó a sus majestades, y también a millares de seres sencillos –entre otros, a los que intervienen en esta historia–, a lo largo del camino que se abría ante ellos"

[Charles Dickens, Historia en dos ciudades, prólogo de Germán Gómez de la Mata, traducción de Manuel Suárez, Madrid-Buenos Aires, E.D.A.F. (Colección Obras Inmortales), 1967, pp. 943 y 946] 

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miércoles, 1 de febrero de 2012

A. P. Harding, bonjour tristesse

Alasdair P. Harding en un día bueno


Creo no conocer a un poeta más triste y cuitado que Alasdair P. Harding. Un penas. Hablamos con frecuencia por teléfono y acostumbra a despedirse con esta fórmula críptica: "Como diría Belano: si tuviera fuerzas, me pondría a llorar". Ahí va una de sus composiciones. 

Química


Hoy nace cadáver en tus pestañas verdes,

el alba es ya crepúsculo,
toda la tierra cieno;
necesitas suerte para habitar
tu día, tu hoy es sólo tuyo.
Qué puede hacer la química,
a fin de cuentas una intrusa
en un fardo de células fanáticas,
preguntas en la calle magullada;
qué puede hacer el fantasma en la máquina
con el día de uno. Tal vez
despojarlo a uno un poco de uno mismo,
alienarlo fugazmente del bulto
que deambula
por las avenidas con un mapa fallido
del mundo entre las manos húmedas. 

[A. P. H., LBdP, nº 75, 2009, p. 47]

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