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sábado, 2 de febrero de 2013

Amor y pedagogía




–Ey, qué pasa… tú tienes libros de Bukowski, ¿verdad?

–Eh, dame un beso. Sí, tengo libros de Bukowski.

–Es que X…, emmm, pasa, X, pasa.

–Ah, hola, X, no te había visto.

–Hola, ¿qué tal?

–Es que…, es que X quiere leer un libro de Bukowski y le he dicho que seguramente tú tienes…¿le puedes dejar alguno?

–Eh, bueno, espera un momento. A ver…mmm, espera…, a veeer…, bien, veamos…mmm…éste te puede interesar, X. Cuídalo, por favor; aprecio mucho mis libros. 

–Guay, vale, muchas gracias, en cuanto lo termine te lo devuelvo.

–Eso espero.

–No te preocupes.

–No me preocupo, hombre, pero cuando lo termines me lo devuelves.

–Bueno, gracias… me voy ya.

–Espero que te guste. Hasta luego, X.

(….)

–Ven un momento

–¿Qué pasa?

–¿Cuántas veces te he dicho que no me pidas cosas delante de tus amigos?

–¿Qué?...¿pero de qué vas?

–¿Cómo que de qué voy? Voy de que lo único que tengo son mis libros. Voy de que nunca los presto porque los aprecio mucho y porque no me gusta dejarlos. Voy de que ya te he dicho por activa y por pasiva que cuando quieras pedirme algo no recurras a la típica estrategia de hacerlo delante de un amigo tuyo, ¿lo entiendes?

–Qué parida…

–¿Parida? No, no es ninguna parida.

­–Pero… a ver, ¿qué más te da?

–Pues claro que me da. Si me pides algo delante de un amigo me colocas en una situación incómoda y coartas mi libertad para decirte que no. Es una especie de chantaje.

–Pues dime que no y ya está. ¿Qué pasa?, ¿que no quieres quedar como un rata?

–No, no. A ver si me entiendes. Lo correcto es que me pidas las cosas cuando no hay nadie delante y que no me chantajees. Lo correcto es que no actúes bajo la lógica de los hechos consumados. Te lo he dicho muchas veces. Lo del libro me ha jodido particularmente, porque nunca dejo mis libros. ¿No has visto el cartel que tiene la abuela en su biblioteca, ése que dice que los libros son orgullosos y que si los prestas no vuelven o algo así? 

–Pero si tú le coges libros a la abuela, yo te he visto. Y no se los devuelves, como dice ese cartel.

–Ya… pero es porque los necesito. Además, la abuela es mi madre y yo no soy un coleguita que pasa por ahí. Soy su hijo.

–Joooder…bueeeeeno, vaaale, perdona, me he equivocado, ¿ya estás contento?... pesado…

–Cuando me lo has dicho he pensado que me estabas pidiendo un libro para ti…

–Plasta…