Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia
(Barcelona, Mondadori, 2011)
Sinopsis:
" (...) Cuando en 2008 el padre del narrador de esta novela enferma, su hijo comienza a preguntarse quién es, quién fue su padre y en qué había creído, y sobre todo qué provocó la clandestinidad y el terror que siempre les acompañó. Antes de enfermar, su padre había estado buscando a un hombre desaparecido en su pueblo natal y a quien finalmente encontraron muerto en una casa abandonada. Pero al buscarlo lo que intentaba era hallar a otra persona: a una joven secuestrada y desaparecida por las fuerzas represivas del Estado argentino en 1977. Y fue precisamente el padre del protagonista quien la había iniciado en la política. El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia aborda un tema político, familiar y doloroso; la responsabilidad de los padres y abuelos en los hechos trágicos de la historia reciente."
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Viernessanto,todocerrado; ayer no había llegado el libro de Pron, en el que tengo depositadas grandes esperanzas.Leolaúltimanovelade la muy sobrevalorada pero siempre estimulante AmélieNothomb(Viaje de invierno, trad. Sergi Pàmies, Barcelona, Anagrama, 2011) después de indignarme leyendo un artículo progrelatinoso de Daniel Innerarity en el periódico –lo que hay que leer, con la que está cayendo desde hace tres años–, pero me indigno sólo un poco. Indignarse mucho no sólo fatiga: aboca a la inacción.
Por lo demás, y plagiando el diario de Luis XIV (14 de julio de 1789): nada.
Nothomb (Viaje de invierno, pp. 20-21):
"En Europa occidental llevamos tiempo sin vivir una guerra. En períodos prolongados de paz, las generaciones encuentran otras maneras de sobrellevar las cosechas de la Gran Parca. Cada año se añaden innumerables nombres a la estela de víctimas provocadas por la mediocridad. Conviene concederles el beneficio de la duda: no se han sustraído al combate, tampoco son desertores, algunos incluso, a los quince años, eran auténticos dioses vivientes. El término no supera mi pensamiento: cuando un adolescente está en el frente, ofrece el más resplandeciente de los espectáculos (...)"
"(...) La mediocridad no siempre utiliza la vía socioprofesional para imponerse. A menudo, sus victorias son mucho más íntimas. Si he elegido recordar a aquellos dos chicos que a los quince tuteaban a la divinidad, es porque la Gran Parca no sólo se ensaña con las élites. Sin saberlo, o sabiéndolo, todos estamos llamados al combate y existen mil maneras de sufrir una derrota"
Nota para los dos o tres lectores habituales: este blog alberga dos secciones permanentes (Híbridos casi posibles y Mondo gorila) cuya periodicidad es aleatoria y caprichosa. Con esta entrada queda inaugurada una nueva sección, Divagando. En ella se colgarán fragmentos de textos (ya publicados o por publicar), apuntes, esbozos y notas que versan sobre cuestiones algo alejadas de las cosas que nos cuentan esos libros que (afortunadamente) no sirven para nada. No pretendo sugerir, por supuesto, que los libros aquí citados –y, particularmente, los textos que colgaré en Divagando– sirvan para algo.
“Cuando no eres rico, siempre tienes que parecer útil”
(Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche)
Divagando I: fragmento sobre la pobreza de las políticas contra la pobreza. Una síntesis del caso de EEUU.
[texto retirado para ser incorporado a un trabajo del autor de este blog]
Todo estaba preparado aquí para celebrar la concesión del Premio de la Crítica 2010 a Luis Magrinyà por Habitación doble, uno de los mejores libros publicados el año pasado en España –aquíy aquí, algunos comentarios y glosas–, pero ha sido Ricardo Piglia (Blanco Nocturno) el que ha obtenido el favor de los críticos de este país.
El texto del post, al muladar. El ánimo, bajo.
¿Qué hacer? –con perdón de la expresión–.
¿Seguir leyendo el ensayo de Terry Eagleton cabeceando en una página y sonriendo piadosamente en la siguiente?
¿Soportar el inadjetivable tedio que me provoca la lectura de las ponencias del debate bizantino en torno a Robert Alexy –pulcramente editado, algo es algo–?
¿Ver una película deliciosamente decadente y trash de Liz Taylor y Richard Burton?
¿Empezar El Hacedor (de Borges) Remake ("Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente. A la izquierda y a la derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos...") para constatar, una vez más, que un cúmulo de malentendidos sobrevuela la producción del poeta Fernández Mallo?
¿Retomar la lectura del inédito del últimamente muy arisco Vila-Matas?
"Mi lectura oracular de este fragmento dice sencillamente que me espera esta noche –que es metáfora de toda mi vida– un riverrun de insomnio, un trayecto que irá desde el viraje de la rivera hasta el recodo de la bahía, en travesía semejante a la de aquel viaje iniciático que hice en mi primera visita a Dublín (...)"
(E. V-M., "Chet Baker piensa en su arte (Ficción crítica)", en Chet Baker piensa en su arte. Relatos selectos, Barcelona, Debolsillo, 2011, pp. 267-268)
¿No hacer nada, o, mejor dicho, hacer nada?
¿O poner la canción inicialmente prevista para celebrar la concesión del premio de la crítica a Magrinyà sólo porque nos gusta mucho el marchón soulero del coro de panteras grises?
James, "Hombres obsolescentes", dibujo con pluma japonesa, 2011
“¡Hum! No beberé nunca más. Por la tarde hablas por los codos y al día siguiente te arrepientes de lo dicho. De todos modos, no camino haciendo eses… Por lo demás, ¡todos son unos sinvergüenzas! Así iba hablando Ivan Ilich, entrecortada e incoherentemente, mientras proseguía su camino por la acera de la calle.”
(F. M. Dostoievski, Un percance desagradable)
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Fin de la cuenta atrás; abandono de la obra de arte contra-hegemónica por aplastamiento. El texto se hizo demasiado grande, demasiado venenoso, acaso demasiado hiriente, indomesticable; el suelo empezó a temblar y finalmente todo el alfabeto latino y una parte nada desdeñable de la filosofía occidental de los últimos veintiséis siglos se desplomaron sobre la cabeza del artista. Repasó como un poseso textos que respiraban, le pareció, de una manera muy otra a la del pasado remoto o reciente. Leemos cosas, pensó, las amamos o las detestamos, y el recuerdo o el prejuicio cristalizan hasta tal punto que cuando volvemos sobre ellas nos devuelven un golpe o una recriminación. El autor guarda en un recoveco de su alma la comezón y el desasosiego a la espera de una ocasión más propicia. O no; hay que trabajar, hay que comer, es necesario seguir viviendo, hacer los espaguetis y la compra, dormir, arreglar el grifo del bidé, dice. No todo va a ser teorizar. Por lo demás, las cosas no son tan sencillas como parecen: ¿qué se está derrochando en esta intervención?, ¿es esta pieza conceptual un triunfo del don o un error adquisitivo?, se preguntó más de una vez, más de cien veces mientras saboreaba el fruto amargo de su unmistaken superiority. Veintiún folios, setenta notas a pie de página, cincuenta y siete referencias bibliográficas. Lujo y exuberancia guerrera para hacer un poco de justicia a Peón, individuo vapuleado en un percance desagradable. ¿El título? Prospecciones para una hermenéutica del lit-nerd-punk: la ansiedad de la influencia en la comunidad sublime.¿El sparring intelectual en esta sátira? El Sr. Dr. D. Vicente Luis Mora, nuestro pensador oficial y singular. Finalmente: silencio. Ya está bien de basura. Un poco de sobriedad, s’il vous plaîtt.
“La magnanimidad exagerada también es, vista históricamente, una característica de los noveaux-riches, que se esfuerzan muy especialmente por parecer aristocráticos. Pero precisamente no hay nada más burgués que esa magnanimidad, pues, ¿qué es lo burgués por excelencia? El primado del mérito propio. Cuando el suicidio, la muerte, la guerra, el lujo y el derroche de Bataille se entienden como resultados del individuo que se sacrifica, entonces no se trata de una superación de lo burgués, sino de la definitiva victoria de la ideología burguesa que, con ello, entiende sus propias renuncias como méritos. Y como el potlatch, como cualquier competición, es por su propia naturaleza un espectáculo, la posibilidad de una imitación calculadora y simuladora del auténtico derroche está siempre presente. La imitación del potlatch no puede distinguirse de un potlatch verdadero y auténtico: no se puede preservar al derroche auténtico de su imitación. Una requisitoria moral a los que hacen el sacrificio para que derrochen “de verdad” es de poca ayuda, porque quien hace el sacrificio es tan incapaz de hacer una distinción como ésa como el que observa desde fuera. Nadie sabe de sí mismo si tiene talento o no, si tiene riquezas que pueda derrochar o no. Por eso, tampoco sabe nadie sobre sí mismo si derrocha de verdad o sólo está imitando el derroche”
(Boris Groys, Bajo sospecha. Una fenomenología de los medios, pp. 208-209)
El autor empezó incluso a perder el sueño, preocupado ante la posibilidad de sucumbir a la tentación de medir demasiado la lúdica trituración de tabúes que estaba acometiendo sin ningún tipo de inhibición, temeroso de empezar a calcular los beneficios de esa operación de demolición salvaje para cuya consumación se había impuesto a sí mismo un solo mandato: ser implacablemente despiadado.
Una vez iniciado el derroche, nada puede detenerlo. Ni siquiera la renuncia trae la calma, puesto que la renuncia no es sino el sacrificio de un sacrificio que no puede nunca librarse de la sospecha; el silencio que deriva del segundo sacrificio tampoco queda, por ello, libre de la sospecha de simulación. Sólo si no se comete la osadía de empezar el derroche hay paz. Una vez se empieza, se gana o se pierde, y perder, por lo dicho, resulta mucho más difícil que ganar. Correspondería ahora citar a Nietzsche (Crepúsculo de los ídolos, parágrafo 3 de la sección 5, el pasaje sobre la “espiritualización de la enemistad”), pero está bien así. Basta de gesticulaciones éticas y estéticas. Bas-ta-ya.
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Entre tanta putrescencia sistémica, una noticia feliz. Pre-textos traduce por fin al castellano la obra mayor de Günther Anders con un hermoso título: La obsolescencia del hombre. Suena mucho mejor que el original (Die antiquiertheit des menschen). La traducción ha corrido a cargo de Josep Monter. Es cierto que en alemán se distingue antiquiertheit y antiquität, y que el primer término puede ser traducido por “obsolescencia”. Para el lector de la órbita latina o romanista, sin embargo, el título del libro de Anders reenvía por inercia eufónica a “antigüedad”. De hecho, la traducción italiana de los dos volúmenes de La obsolescencia del hombre –el primero (1956) lo tradujo Casa editrice Il Saggiatore en 1963; el segundo (1980), Bollati Boringieri en 1992–lleva por título genérico L’uommo è antiquato.
¿Por qué leer a Anders hoy? Por muchas razones. Quizás la principal sea la venturosa inactualidad de su pensamiento. Harán mal quienes descalifiquen a Anders y tachen desdeñosamente su obra como el último gran tour de force filosófico del “humanismo”, sea lo que fuere lo que signifique esta palabra fatigada. Anders presenta una tesis bien articulada, extraordinariamente seductora y muy potente, frente a la que los innumerables idiotas deslumbrados en su contemplación alucinada, acrítica y celebratoria del así llamado progreso tecnológico no podrán sino tartamudear. Descubrid vosotros qué es el desvelo prometeico; me tengo que ir a arreglar el grifo del bidé.No todo va a ser teorizar
Günther Anders, La obsolescencia del hombre
Vol 1: Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial
Vol 2: Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial
Trad. Josep Monter, Valencia, Pre-textos, 2011.
Sin que sirva de precedente: The Fugees para Carlos González Peón, con la esperanza de que mejore su técnica pugilística.