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domingo, 10 de marzo de 2013

El pálido fuego del desquiciamiento


Me interesa el hecho de que la editorial que por fin ha publicado una versión castellana de The broom of the system (1987), la primera novela de David Foster Wallace, se llame Pálido fuego. Es un detalle tontamente metaliterario y hasta estúpido, lo admito, pero cuando tuve el volumen en las manos no pude evitar recordar la frase que escribió Nabokov en la página 224 de Pálido fuego: “Nosotros, que cada día nos revolcamos en la inmundicia, merecemos quizás que se nos perdone el único pecado que pone fin a todos los pecados”. Wallace, de sobra es conocido, se quitó la vida el doce de septiembre de 2008. Me interesa también el detalle de que Wallace cometiera el único pecado que pone fin a todos los pecados tres días antes del anuncio de la presentación de la quiebra de Lehman brothers…

La editorial Pálido fuego, sello de reciente creación al que desde chez Cadou deseamos suerte y larga vida, ha traducido ya Conversaciones con David Foster Wallace, el libro de entrevistas editado por Stephen J. Burn que permite al lector penetrar sin intermediarios en la personalidad compleja y tendencialmente desquiciada de Wallace –la recepción de  cuya obra en España ha sido, pienso, como mínimo extraña, quizás distorsionante–, un autor del que sólo me han interesado las agotadoras exigencias filosóficas que impuso a sus lectores y, especialmente, su profundo moralismo.    

David Foster Wallace, La escoba del sistema
trad. J. L. Amores, Málaga, Pálido fuego, 2012, 521 pp. 


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