sábado, 31 de octubre de 2009

El olor de la destrucción


Leí en el Diario de Jules Renard que una vez Baudelaire entró en un café –o en un restaurante, ahora no recuerdo– y dijo "huele a destrucción". Algunos días no necesito entrar en ningún sitio para decir lo mismo y recuerdo lo que escribió Lorena de La Rocha (1956): 


"propongo que los poemas destruyan o no existan", 


sólo algunos días.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Caso Witz


El hombre de la foto es Sergio Hernán Witz, poeta mexicano. El amigo Witz sonríe. Nos gusta pensar que en el papel que sostiene está el poema… o mejor, la sentencia. En mayo de 2008, tras siete años de litigios, Witz fue condenado por un juez federal –Juzgado segundo de distrito, con sede en Campeche– como autor responsable de un delito de ultrajes a la bandera nacional, tipificado en el artículo 191 del Código Penal Federal de México. La fiscalía solicitó que se castigara a Witz con una pena de prisión, pero el juez optó por imponer una sanción simbólica (multa de 50 pesos) que, según el tenor literal de la sentencia, sirviera “para desalentar abusos en el ejercicio de la libertad de expresión”. El juez consideró que la sanción desincentivará “conductas antisociales de quienes atentan contra el patrimonio cultural de nuestro país y de los símbolos patrios que lo representan”.
Se trata del primer caso de un poeta sentenciado por este tipo penal en México. Witz fue denunciado en 2002 por una asociación presidida por un ex militar tras publicar un poema titulado “La patria entre mierda” en una revista local de Campeche. La Procuraduría General de la República decidió ejercer acción penal. El caso adquirió notoriedad cuando la Suprema Corte de Justicia denegó el amparo al poeta en su sentencia de 5 de octubre de 2005. La decisión de la Suprema Corte abriendo la puerta al proceso penal representó una inquietante amenaza para el derecho a la libertad de expresión. Sobre el tema escribió J. A. Cruz Parcero (“De poemas, banderas, delitos y malas decisiones. La sentencia de la Suprema Corte sobre el caso Witz”, Revista de la Facultad de Derecho de México, nº 245, 2006, pp. 423-447).
¿…Cosas veredes que faran fablar las piedras? Bueno, sí, pero desde aquí no nos podemos permitir el lujo de dar lecciones a nadie: a los de El Jueves se les aplicó el 491 del Código Penal por una caricatura en portada hace bien poco

Witz tiene poemas mejores. Ahí va el que motivó el caso:
La patria entre mierda (Sergio Witz)
"Yo
me seco el orín en la bandera
de mi país,
ese trapo
sobre el que se acuestan
los perros
y que nada representa,
salvo tres colores
y un águila
que me producen
un vómito nacionalista
o tal vez un verso
lopezvelardiano
de cuya influencia estoy lejos,
yo, natural de esta tierra
me limpio el culo
con la bandera
y los invito a hacer lo mismo:
verán a la patria
entre la mierda
de un poeta"

lunes, 26 de octubre de 2009

Chet Baker, Groys y la dentadura del artista

Me interesó la anécdota que contó en una entrevista Boris Groys, autor de Bajo sospecha. Una fenomenología de los medios (Valencia, Pre-textos, 2008), libro sobre el que habrá que regresar en una entrada futura –dejemos ahora a un lado el detalle sin importancia de que hay poco futuro. La entrevista no tiene pérdida, la leí partiéndome literalmente la caja. Venenosa lucidez en las respuestas de Groys:


“(…) Pregunta.– Frente a esa exigencia de felicidad, usted ha reivindicado el fracaso, la enfermedad...
Respuesta.– El valor fundamental de las sociedades capitalistas es la salud. Si se ve hoy el amor con buenos ojos, y ya no es esa tragedia que contaban los románticos, es porque han comprobado que practicarlo es saludable, que hacer el amor reduce el estrés o cosas por el estilo. También en Estados Unidos se considera que es bueno pensar una media hora al día porque ha habido estudios que han demostrado que se trata de una actividad que, siempre que no se abuse, genera unos procesos químicos que son provechosos para la buena salud. No hay otra opción para disentir que reivindicar la infelicidad, la enfermedad, el fracaso, la ruina.
P.– ¿No se trata de una mera pose?
R.– Le voy a contar un caso muy ilustrativo. Cuando Alexander Shaburov, un amigo artista, empezó su carrera en los años noventa, fue saludado con muy buenas críticas. Pero no tardaron en advertirle que tenía un problema muy grave: una mala dentadura. Sin embargo, tuvo suerte, y le concedieron una beca para que se arreglara los dientes. Y lo hizo. Y le ha ido bien. Hoy no se puede ser un buen artista si algo va mal a la hora de sonreír.”
Tal vez no falte mucho para que a alguien se le ocurra prohibir que un Shane MacGowan cualquiera pueda subirse al escenario en las fiestas del pueblo “para evitar el fomento de malos hábitos de higiene bucal entre la juventud” o algo similar. Parece estúpido, pero es tristemente posible. Como sea, ahí va (aquí) una interpretación enorme de “Time after time” en la que Chet Baker se presenta ante el público sin un par de dientes –seguramente perdidos en una pelea– y se concentra en lo que importa. Era 1964.

domingo, 25 de octubre de 2009

Félix Guattari, filósofo y action man



En 2004 Traficantes de sueños publicó Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares, de Félix Guattari. Mi otro yo me ha sugerido la idea de colgar la reseña del libro que él publicó en la edición española de Le monde diplomatique. Es una manera de homenajear a Félix. Ahí va, con mínimas correcciones. 

*


“El nombre filosófico de Félix Guattari ha quedado vinculado al de Gilles Deleuze y a los títulos que ambos firmaran al alimón durante una colaboración intelectual prolongada hasta la muerte del primero en 1992. La refulgencia de obras como Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia, Mil mesetas o ¿Qué es la filosofía? ha ensombrecido la obra en solitario de Guattari, forjada entre la actividad filosófica y la intervención militante. A excepción del último ensayo, los textos de esta recopilación fueron escritos y publicados a fines de los setenta y comienzos de los ochenta, es decir, en un ambiente de repliegue marcado por la resaca de mayo del 68 y la endogenización de aquella promesa de felicidad enragé por parte del así llamado neoliberalismo. En estos “años de invierno”, Guattari diseccionó críticamente los axiomas del “capitalismo mundial integrado” in statu nascendi –término hermano, pensamos, del concepto debordiano de “lo espectacular integrado”–, así como sus estrategias de semiotización orientadas a conformar no ya sólo las relaciones de mercado, sino también las interacciones simbólicas y las subjetividades sociales. El diagnóstico contenido en estos ensayos es, también, un pronóstico que va más allá del discurso megatendencia. Muchos de los hechos históricos y de las tendencias verificados en las últimas dos décadas y algunos fenómenos generados alrededor de la evolución del capitalismo mundial integrado están aquí insinuados, sugeridos, apuntados: el fin de la bipolaridad, la emergencia del globalismo como ideología, el despertar de reclamos nacionalitarios, la mutación del trabajo en la época del posfordismo, la generación de nuevas segregaciones sociales, la progresiva sofisticación en el control de los sujetos y en la creación de sensibilidades sociales, la sustitución de la clase por la identidad como motor de discursos críticos o la degeneración mediático-autoritaria de las democracias.
En un clima tan hostil, ¿cómo conservar la fe subversiva?, ¿qué esperanza queda para los desafiliados de toda laya producidos por el capitalismo mundial integrado? Guattari prescribe la necesidad de tejer redes transnacionales de contestación dotadas de métodos y formas de organización de nuevo cuño –imposible no evocar el llamado altermundismo, actualmente en declive– y recrea los lineamientos de la filosofía de la revolución edificada con Deleuze para fiar a la ocurrencia de las “revoluciones moleculares” latentes en el inconsciente social la puesta al día de máquinas políticas, teóricas, libidinales y estéticas capaces de acelerar la cristalización de otro modo de organización social. También en estos textos de intervención –precedidos por un clarividente prólogo de Anne Querrien– está presente la proverbial inclinación a introducir léxico de nueva planta, a veces necesario, a veces no, y a ilustrar la presentación de ideas con terminología importada, acaso fútilmente, de las ciencias duras –una marca de estilo lírico-político que tantos pretextos epistemológicos ha proporcionado a determinados críticos para negar la validez y pertinencia de un pensamiento político atendible en sus puntos esenciales–. De otra parte, transcurridas dos décadas desde que estos ensayos vieran la luz, y dejando por supuesto a un lado las intenciones y el programa de Guattari, no podemos dejar de percibir un lejano parentesco formal entre la subversión rizomática llamada a abrir fisuras en las bases del sistema a través de las revoluciones moleculares y la emergencia de determinadas redes nómadas –inquietantes, bastante terroríficas, nada románticas– que a día de hoy, y más exactamente desde el 11-S, constituyen la única fuente de desasosiego del capitalismo mundial integrado. Esta materialización, digamos, “negativa” de las revoluciones moleculares es justamente lo que provee de justificación al capitalismo para enrocarse sobre sí mismo y solidificar su imperio. Lo dicho: años de invierno.”


p. m. b. 

sábado, 24 de octubre de 2009

Giannuzzi


Cualquier comienzo es tan absurdo como difícil. Empiezo a vestir esta página vacía con un poema de Giannuzzi sacado de uno de mis cajones

J. O. Giannuzzi, "Lo desconocido no está listo" (
Apuestas de lo oscuro, 2000)

La lámpara despoja
un fragmento de oscuridad a la noche.
Súbitamente
un círculo de luz en la mesa,
revela el extremo de un cenicero,
una taza completa en su azul, un lápiz
y su hoja de papel con un texto
aún desconocido.
Falta mucho para la nada, como si todavía
hubiera que liberar un exceso de existencia.