Aunque no puede hablar, me dice a su
manera (y varias veces al día) que me va a denunciar por abandono. Así es este
blog. No tengo más remedio que inventarme una pequeña historia para apaciguarlo
y neutralizar sus amenazas de litigio, de modo que ahí va: una filóloga elogia desmedidamente
un poemario y termina su correo electrónico dirigido al autor con una frase tan
bella como dolorosa: «Me permito
decirte que para mí eres un cerebro privilegiado (lo siento por ti, tendrás que
vivir con ello)». Envanecido y a la vez avergonzado, el poeta no sabe qué responder
y recurre penosamente (echando mano, además, de una silepsis intencionada) a
ese clisé de acuerdo con el cual la mente es un buen siervo, pero un terrible
maestro. Es bien consciente de que hoza como un cochinillo en un lugar común
(«soy un imbécil, soy un imbécil…», piensa), pero cuando ese peculiar zumbido (probablemente
creado en el valle del silicio por un fanático de los misiles tomahawk) anuncia
la salida irremediable de su mail de respuesta no puede evitar la rememoración
del bien conocido proverbio chino: «cuando la flecha está en el arco, tiene que
partir». ¿Es un proverbio chino? Ahora no lo recuerdo, la verdad.
*
No está mal esta versión de Meghan Trainor. ¿Placer culpable otra vez?
