sábado, 31 de mayo de 2014

La embestida del músculo más frágil



Un jurado compuesto por Miguel Dalmau Soler, Juan Planas Bennásar y Joan Bufill, reunido en enero de 2014 en Palma, decidió por unanimidad otorgar el Premio Ciutat de Palma Joan Alcover 2013 de poesía al libro La Fiera, de Ben Clark (Ibiza, 1984). 


El embajador 


Verás, éramos pocos en el pueblo

y la isla muy pequeña.

                                    Casi nadie 

se imaginaba un mundo ilimitado. 



Verás, quiero decir que fuimos pocos, 

pero sabían todos que con uno

sería suficiente. 

Y estoy aquí. 

                     Estoy sentado aquí. 

A tu lado. 

Y cargo con el peso de los míos, 

llevo al hombro –y contento– su esperanza. 



Verás, éramos pocos y el mar ancho; 

la tierra escasa y tantos los incrédulos, 

los que no lo intentaron, los que sólo

pudieron conocerte entre susurros, 

rumores, sueños vagos y leyendas. 



Verás, se sospechaba que existías, 

y ahora, yo no sé cómo, te encontramos.   


[Ben Clark, La Fiera, Palma de Mallorca, Sloper, 2014, p. 45]


*


Mallorca, 1999. Foto de Tanín. 




Mallorca, 1999. Foto de Tanín.

sábado, 17 de mayo de 2014

Kassel, Kassel


    "Me acordé de que Chesterton decía que había una cosa que daba esplendor a cuanto existía, y era la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina. 
      Tal vez era ese deseo de que hubiera algo más lo que nos llevaba a buscar lo nuevo, a creer que existía algo que todavía pudiera ser distinto, no visto, especial, algo diferente a la vuelta de la esquina más inesperada; por eso, algunos nos habíamos pasado toda la vida queriendo ser vanguardistas, pues era nuestra forma de creer que en el mundo, o tal vez más allá de él, más allá del pobre mundo, podía haber algo nunca visto. Y por eso algunos rechazábamos la repetición de lo que ya se había repetido; odiábamos que se nos dijera lo mismo de siempre y se pretendiera que volviéramos a saber lo, por otra parte, ya tan sabido; detestábamos al realista y al rústico o al rústico y al realista que consideraban que la tarea del escritor era reproducir, copiar, imitar la realidad, como si en su caótico devenir y en su monstruosa complejidad la realidad pudiera ser atrapada y fuera narrable; alucinábamos ante los escritores que creían que, cuanto más empíricos y prosaicos eran, más cerca estaban de la verdad, cuando de hecho cuantos más detalles acumulaba uno, más se alejaba precisamente de la realidad; maldecíamos a quienes preferían ignorar el riesgo sólo porque les daba miedo la soledad y el fracaso; despreciábamos a los que no comprendían que la grandeza de un escritor estaba en su condición, asegurada de antemano, de fracasado; amábamos a los que juraban que el arte estaba sólo en el intento. 
    Era el deseo de que hubiera algo más. Y el deseo nos llevaba indefectiblemente siempre a buscar lo nuevo. Y ese intento, ese afán –lo empecé a llamar así por utilizar una palabra que me gustaba y que había encontrado en la traducción de unos versos de W. B. Yeats– fue algo que estuvo en mí desde aquellos veranos de juventud y sigue estando, creo que es mi centro, creo que es la esencia misma de mi forma de estar en el mundo, mi sello, mi marca de agua: hablo de ese desvelo continuo por buscar lo nuevo, o por creer que quizás pueda existir lo nuevo, o por encontrar eso nuevo que siempre estuvo allí"

[Enrique Vila-Matas, Kassel no invita a la lógica, Barcelona, Seix Barral, 2014, pp. 170-171; la última cursiva es mía]

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domingo, 11 de mayo de 2014

Fanáticos



Una de las mejores máximas de Nicolas Chamfort (1741-1794) dice lo siguiente: “M., a quien se quería hacer hablar de distintos asuntos públicos o particulares, contestó fríamente: todos los días engroso la lista de las cosas de las que no hablo; el más grande filósofo sería aquel cuya lista fuera más extensa”. Por su parte, y como hemos recordado varias veces en Chez Cadou, Michi Panero (el gran Michi) dijo en Después de tantos años aquella frase ya célebre según la cual “en este mundo se puede ser cualquier cosa menos coñazo”. Si actualmente hay en nuestro medio una cuestión pública aburrida hasta la náusea, ésa es el así llamado proceso soberanista catalán, asunto sobre el que se han vertido ya demasiados metros cúbicos de tinta y que detesto precisamente porque, más allá de que sea una cortina de humo hábilmente levantada por la más sibilina de las derechas estatales –la derecha nacionalista catalana– con la inestimable colaboración de un nutrido ejército de tontos más o menos útiles –e incluso de personas inteligentes y bienintencionadas–, es la cosa más absolutamente coñazo que pueda uno imaginar. A pesar de que lo que yo diga o deje de decir sobre la cuestión es irrelevante, cada vez que se habla de este tema en una reunión –o cada vez que algún incauto me pregunta sobre el asunto– me limito a enunciar la máxima de Chamfort y a lanzar una bomba mental inocua –aunque, al menos me hago esa ilusión, demoledora y completamente anticlímax–. Sin embargo, hay ocasiones en las que uno no puede callarse a la manera de M., el personaje al que alude Chamfort. Hace unos días, el bueno de Raimon, cantante setabense cuyos singles escuchaba yo de pequeño en un tocadiscos marca Cosmos –mi madre estudió filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, donde conoció al cantautor; por eso había tantos discos de Raimon en casa–, expresó razonadamente algunas dudas sobre la pertinencia del así llamado proceso soberanista y afirmó que él no es independentista. Una jauría de fanáticos –esa clase de gente que está convencida de que hay nacionalismos buenos (por ejemplo, el nacionalismo catalán de CiU y de ERC) y nacionalismos malos (por ejemplo, el nacionalismo español de UPyD y del PP), esa gente que nunca ha entendido que el nacionalismo no es otra cosa que un vulgar sustituto de la religión, asunto, este último, que al menos tiene cierto interés desde el punto de vista filosófico– se le ha echado encima con exabruptos de todo pelaje. Manuel Vicent ha publicado hoy un artículo en castellano titulado Diguem no en defensa de Raimon, texto que me he permitido traducir por si alguno de los perros guardianes del megalómano mesianismo de Artur Mas (ecce homo) no lo entiende. Ahí va:     

Ausiàs March en el poema Vetles e vents enumera els vents favorables i adversos, que trobarà en els dubtosos camins de la mar durant la travessia de tornada a València, la seua pàtria, des d'algun lloc d'Itàlia. El poeta també descriu el perill de la tempestat, que posarà a bullir el mar com una cassola al forn. Raimon ha cantat aquest poema d'amor, atzar i mort d'Ausiàs March amb una inspiració extraordinària. Raimon ha sigut durant tota la travessia de la seua vida, amb vents quasi sempre contraris, un resistent imbatible de la llengua i la cultura catalana [o valenciana, para los sensibles (Nota del traductor)], un artista que ha posat el seu talent al servei de la pròpia identitat. La cançó Diguem no va ser el seu crit de rebel·lia, que es va iniciar durant la dictadura franquista i que al llarg dels anys s'ha anat adaptant com una protesta ritual a qualsevol fanatisme d'un o altre ban que ens ha colpejat. L'esperit del no és el que educa el xiquet contra qualsevol capritx, el que afirma la personalitat de l'adversitat. Ara mateix a Catalunya el procés cap a la independència és eixa cassola al forn que Ausiàs March va trobar de tornada a la pàtria i entorn d'eixa tempestat gira la rosa embogida dels vents. En unes recents declaracions Raimon hi ha tractat de matisar la seua postura enfront d'aquest procés; s'ha declarat no independentista; ha analitzat els arguments a favor i en contra, no per res, més aïna perquè li agradaria provar primer com està de sal eixa cassola de passions que bull ara. Ha bastat aquest dubte metòdic, pròpi d'un intel·lectual compromés amb si mateix, d'un artista més enllà de la política rudimentària, perquè els talibans de la independència, en plena brama de zel, s'hagen abatut sobre ell davall l'empar de l'anonimat de les xarxes socials per a embrutar una trajectòria impecable. Ha de quedar clar que abans d'arribar a la política, primer es requerix una integritat moral, després una llibertat intel·lectual, després una rebel·lia social. Finalment, es podrà aconseguir o no la independència, però esta no s'alliberarà de la misèria si està assentada en el fanatisme.



miércoles, 7 de mayo de 2014

Insistir: no hay otra manera



[Lecciones sobre Estado social y derechos sociales
A. Guamán y A. Noguera (dirs.), València, Tirant lo Blanch, 2014, 637 pp.]

ÍNDICE

PARTE I: ORIGEN Y CRISIS DEL ESTADO SOCIAL

TEMA 1.– Origen e historia del Estado social
(José Asensi Sabater, Universitat d’Alacant)

Tema 2.– El Estado del bienestar y sus clasificaciones
(Francisco Sánchez López, Universitat de València)

Tema 3.– La crisis del Estado social
(Antonio de Cabo de la Vega, Universidad Complutense de Madrid)

PARTE II: ESTADO SOCIAL: EXPERIENCIAS COMPARADAS

Tema 4.– El Estado social en Estados Unidos
(Rubén Martínez Dalmau, Universitat de València)

Tema 5.– Estado social y derechos sociales en América Latina
(Roberto Viciano Pastor y Diego González Cárdenas, Universitat de València)

Tema 6.– Estado social y Unión Europea: el conflicto permanente
(Adoración Guamán Hernández, Universitat de València)

Tema 7: La Carta Social Europea y la protección de los derechos sociales en el marco del Consejo de Europa
(Mª Carmen Salcedo Beltrán, Universitat de València)

Parte III: EL ESTADO SOCIAL EN LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978

Tema 8.– Antecedentes, transición y Estado social en España
(Juan Carlos Colomer Rubio y Jorge Ramos Tolosa, Universitat de València)

Tema 9.–El Estado social y el tratamiento de los derechos sociales en la Constitución española de 1978
(Albert Noguera Fernández, Universitat Rovira i Virgili, Tarragona)

Tema 10.– La reforma constitucional española de 2011: el principio de estabilidad presupuestaria y el fin del Estado social
(Albert Noguera Fernández, Universitat Rovira i Virgili, Tarragona)

PARTE IV: LOS DERECHOS SOCIALES VINCULADOS AL TRABAJO ASALARIADO

Tema 11.– Derecho al trabajo y estabilidad en el empleo
(Joaquín Pérez Rey, Universidad de Castilla La Mancha)

Tema 12.– Libertad sindical, huelga y negociación colectiva (I)
(Adoración Guamán Hernández, Universitat de València)

Tema 13.– Libertad sindical, huelga y negociación colectiva (II)
(Pilar Fernández Artiach, Universitat de València)

Tema 14.– El derecho a la seguridad social
(Celia Fernández Prats, Universitat de València)

Tema 15.– El derecho a la conciliación de la vida familiar, personal y laboral: la corresponsabilidad
(María Belén Cardona Rubert, Universitat de València)

Tema 16: Políticas de empleo
(Josep Vicent Saragossà i Saragossà, Universitat de València)

PARTE V: IGUALDAD, BIENESTAR Y SU IMPLEMENTACIÓN

Tema 17.– Igualdad, no discriminación y políticas de género
(María Amparo Ballester Pastor, Universitat de València)

Tema 18.– El derecho a la educación
(Lorenzo Cotino Hueso, Universitat de València)

Tema 19.– El derecho a la salud
(Guillermo Escobar Roca, Universidad de Alcalá)

Tema 20.– Derechos de las personas con discapacidad y Ley de dependencia
(Vanessa Cordero Gordillo, Universitat de València)

Tema 21.– Derechos sociales e inmigración: un análisis evolutivo
(Pablo Miravet Bergón, Universitat de València)

PARTE VI: NUEVOS DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES Y DESAFÍOS CONSTITUCIONALES

Tema 22.– El derecho al mínimo vital o Renta Básica
(Jesús García Cívico, Universitat Jaume I, Castelló)

Tema 23.– Derechos culturales
(Marco Aparicio Wilhemi, Universitat de Girona)

Tema 24.– Derechos y medio ambiente
(Jordi Jaria Manzano, Universitat Rovira i Virgili, Tarragona)

Tema 25.– El derecho al agua
(Aniza García Morales, Universidad Complutense de Madrid)

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“Tal era la situación (…). Nadie se sentía bien. Los oficios, el comercio, la industria y la agricultura del país habían llegado a su mínima expresión. Los campesinos, artesanos y empresarios sufrían doblemente; por el gobierno parasitario y por lo mal que iban las cosas (…). Todo andaba mal, agravado por el descontento general que reinaba en el país. No existía ni instrucción ni medios para influir en la conciencia de las masas (…); nada, salvo la ruindad y el egoísmo; todo el pueblo estaba invadido por un espíritu mercantil, bajo, servil y miserable. Todo estaba putrefacto, tambaleante, pronto a derrumbarse, y no quedaba ni la esperanza de un cambio benéfico”. 

[No es un párrafo de una novela de Dickens, sino un pasaje de Friedrich Engels, (“La situación de Alemania: El realismo clásico de fines del siglo XVIII y primera mitad del XIX; Alemania en la época de Goethe y Schiller”, en Obras, t. II, pp. 563-565); cita tomada de Karl Marx y Friedrich Engels, Sobre el arte, M. Lifsghits (compilador), A. Vigodski y G. Fridlender (notas), H. Rossi (traducción) y A. Varela (selección), Buenos Aires, ediciones Estudio, 1967, p. 269]


domingo, 4 de mayo de 2014

Buenismo, lenguaje y hartazgos



Es necesario que comiencen a escuchar a una abrumadora mayoría de la sociedad que, en línea con el aumento de la concienciación social sobre la defensa de los animales, se opone a este asesinato (sic) de un animal”
[Parágrafo 6 del manifiesto contra el denominado “Toro de la Vega” difundido en septiembre de 2013 por AIUDA (Asociación Interuniversitaria para la Defensa de los Animales)]

“Un torero, un ganadero y el ministro peor valorado de la historia de nuestra democracia haciéndose la foto en la Biblioteca Nacional. Qué contrasentido. Enrique Ponce (el matador), Carlos Núñez (que es presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia) y José Ignacio Wert (ministro de Educación, Cultura y Deporte) se valieron de la nobleza inherente a una biblioteca y, mancillando la natural esencia de los libros (pacífica, razonadora), presentaron un plan para el ejercicio de la sangre taurómaca, es decir, para el innoble acto de torturar y asesinar (sic) animales (toros, caballos, vaquillas, becerros) por puro vicio y diversión”.
[Ruth Toledano, “El trío de los horrores”, artículo publicado en Eldiario.es, 22/12/2013]

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En las primeras páginas de Actos de habla. Una filosofía del lenguaje, John Searle enunció el denominado “principio de expresabilidad”, principio de acuerdo con el cual “para cualquier significado X y para cualquier hablante H, siempre que H quiere decir (intenta transmitir, desea comunicar) X entonces es posible que exista una expresión E tal que E es una expresión exacta de, o formulación de X”. Simbólicamente:

“(H) (X) (H quiere decir X––> P ( E) (E es una expresión exacta de X))”

Nadie puede sostener con seriedad que en las corridas de toros y en el así llamado Toro de la Vega el toro no muere –o, mejor dicho, que el toro no "es matado" por un ser humano–. Más problemático es afirmar que el toro es “asesinado”. Esto es exactamente lo que se dice en los dos fragmentos arriba reproducidos. Más allá de que el ser humano también es un animal –los autores de ambos textos deberían haber precisado, por lo tanto, que hablaban de animales no humanos–, resulta lógica y ontológicamente imposible “asesinar” a un toro, dado que el asesinato, delito tipificado en los artículos 139 y 140 del vigente Código Penal, no es más que un homicidio agravado, y que el homicidio, ilícito tipificado en el art. 138 del mismo cuerpo normativo, es, por definición, sólo y exclusivamente la muerte de un ser (o animal) humano a manos de otro ser (o animal) humano. Deslices léxicos y desahogos semánticos de este tipo –en los que la expresión (E) no es en modo alguno la formulación exacta del significado (X)– sobreabundan en los artículos sobre –o, mejor dicho, contra– las distintas manifestaciones de la tauromaquia. Se me dirá que los detractores de las corridas de toros y del Toro de la Vega, entre otros festejos que, a juicio de quienes abominan de los mismos, deberían ser prohibidos –no entraré a discutir este extremo porque no tengo una opinión bien formada al respecto– ignoran abiertamente el principio de expresabilidad y recurren a sinsentidos lingüísticos con el único propósito de enfatizar, en el plano performativo, sus sentimientos de repudio a unas prácticas que consideran crueles y bárbaras, o que tales inexactitudes están justificadas porque se enmarcan en el uso de lo que, en su ya clásica Teoría del lenguaje, Bühler denominó la función expresiva o emotiva del lenguaje. No habría problema alguno en admitir esta clase de alegaciones si quienes recurren a sinsentidos lingüísticos como el que se ha señalado admitieran expresamente que es justamente eso, usar el lenguaje con una función puramente emotiva, lo que hacen, pero tiene uno la impresión, o la sospecha, de que los antitaurinos no sólo se consideran a sí mismos los titulares del monopolio de la sensibilidad moral, sino también, o sobre todo, de la Razón, así, con mayúscula, y es precisamente eso, el hecho de que se consideren infinitamente más racionales que los taurinos, lo que, conjetura uno, les impide darse cuenta de que algunos de sus argumentos recurrentes –o, tal vez mejor, algunos de los enunciados con los que frecuentemente expresan tales argumentos– empezarían a ser realmente racionales si tomasen la decisión de usar el lenguaje con propiedad de una buena vez. Iba a escribir “de una puta vez”, pero tampoco es cuestión de alterarse por nimiedades.

jueves, 1 de mayo de 2014

Fuego demasiado amigo: Regina S. Irurzun sobre 'Vacancias'

Improbables icebergs en las Islas canarias. Foto de María Boston. 


Nota bene: Regina Salcedo Irurzun me quiere demasiado y tuvo el detalle de colgar en su blog –poemas de una muerta viviente– una reseña exageradamente encomiástica de Vacancias el mismo día que escribí un post sobre la publicación del poemario. Se trata, en realidad, del escrito que me remitió cuando le mandé la maqueta del libro pidiéndole su opinión. Me importa subrayar que, en la reseña de su blog, Regina pretirió, editing mediante, los justificados guantazos que, como buena lectora de poesía –y como buena poeta–, me dio en su texto original. Byung-Chul Han habla en La sociedad del cansancio del “egocentrismo autista” y de la “carencia de negatividad”. Seré autistamente egocéntrico y transcribiré la reseña de Regina sin sus merecidos guantazos –i. e., sin negatividad–, aunque he hecho un pequeño editing de su texto. Ahí va:

Vacancias, de Pablo Miravet (por Regina Salcedo Irurzun):     

Los poemas de Pablo Miravet requieren una lectura (e incluso una relectura) atenta y concentrada. Exigen un tipo de lector dispuesto a colaborar, a reflexionar, a detenerse, requerimientos que hoy en día, en una sociedad cada vez más adormecida y perezosa, no son precisamente los que triunfan.

Pero tras el esfuerzo –que deberíamos empezar a recuperar como algo positivo y enriquecedor– encontramos gratas recompensas como estas: el envidiable manejo que Miravet hace del lenguaje, preciso y meditado al milímetro. Es difícil encontrar una palabra que no esté justificada y esa exactitud confiere a los poemas un gran poder expresivo y evocador.

Son, además, poemas que proponen ideas, enfoques novedosos, donde hay una visión del mundo lúcida y muy personal y, sin embargo, no resultan sentenciosos: tienen la suficiente apertura como para dejar que el lector elabore sus propias interpretaciones. Esto le otorga al libro una virtud importante, es de esos textos que parecen inagotables.

Incluso el ritmo, que al principio puede resultar chocante y algo áspero, consigue que el autor no caiga en una música complaciente y repetitiva. Miravet se lo pone difícil a sí mismo y huye de los caminos transitados y cómodos. Busca el ritmo propio y natural para sus versos únicos y también en esto demuestra una honestidad y un compromiso con la escritura admirables.

Hay un cambio importante a partir del poema Hombre pequeño (uno de mis favoritos); de pronto, parece que escribe un autor diferente, más cercano e íntimo, de pronto aparece un yo bastante tímido y disimulado, menos intelectual aunque no por ello menos inquisitivo y brillante.

Hay imágenes muy potentes y originales que acaban conformando un mundo reconocible y particular: sobremesas, cafés, cigarros, playas, ciudades, tráfico, papeles, autores y libros…

Recorre el libro una constante sensación de derrota o desencanto del mundo, del ser humano, pero que no llega a caer en la autocomplacencia porque también está salpicado de destellos de amor (o de deseo de amor y reconciliación) con las cosas y los seres cotidianos. También, a veces, la ironía y la autocrítica evitan ese escollo.

Esa distancia intelectual no se siente como la voz de alguien que juzga y se eleva por encima de lo que observa sino como la de alguien sensible, sabio, de una altura moral demasiado (auto)exigente para una realidad cada vez más “vergonzosa”. Hay mucho dolor escondido en esos versos como para que se produzca el desapego que cabría esperar de un pedante que simplemente despotrica contra el mundo.

Un libro deslumbrante y difícil en el mejor sentido de la palabra. Una verdadero diamante en bruto en un mercado cada vez más vacío de contenidos, un poemario que nos redime también como lectores. 



Pablo Miravet Bergón, Vacancias
Madrid, editorial Celesta (colección Piel de sal), 2014. 

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Cuando tenía unos trece o catorce años, me fascinaba Tesa Arranz, vocalista y bailarina de Los Zombies. ¿Qué misterio había en Tesa? Me temo que, al margen de su belleza, lo que me cautivaba de Tesa era la inoperancia de sus bailes absurdos y geniales. ¿Por qué Los Zombies? Bueno, Regina es mi zombie favorita y me parece que, por lo menos hasta ayer, en Groenlandia había Icebergs.