La dichosa, perturbadora
y a veces siniestra vivencia de la paternidad primeriza es el eje de esta crónica
personal en la que Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra,1978) marida el registro
periodístico y el diarismo para tejer el relato de un año crucial de su
existencia. Manu se inscribe en esa difusa
corriente in statu nascendi que tentativamente
cabe denominar postumbralismo: la amalgama de postal neocostumbrista, anecdotario
golfemio, retrato de personajes, apunte político y naturalismo lírico que
recorre este libro entronca con la acrisolada tradición del articulismo de
impronta protocastiza y leve aroma a cocido –un cocido hoy caramelizado, desestructurado,
nitrogenizado e hipermodernizado, sí, pero cocido al fin– que han practicado
tantos escritores “de provincias” llegados a Madrid para hacerse un nombre, entre
ellos, destacadamente, el autor de Mortal
y rosa.
Uno diría que, en
la primera mitad del libro, el escritor conspira contra sí mismo y pretende que
lector no avance en un texto que va creciendo poco a poco y que vale la pena
terminar. Por una parte, rinde pleitesía a sus mentores, empezando por el
jesuítico Pedro J. Ramírez, afirma sin más que El mundo es “un gran periódico” (p. 33) –tal vez alguien debería explicar a Jabois
que, si bien es cierto que El mundo es
más grande que el Diario de Pontevedra,
un periódico grande no es exactamente lo mismo que un gran periódico– y ensalza,
entre otros, a Arcadi Espada, a quien califica como uno de “los grandes” (p.
54) –Jabois, me parece, es mejor escritor que el bronco y cazallero Espada–. Por
otra parte, el expresionismo prosaico del autor no siempre resulta efectivo, y
el permanente recurso al símil es ensayado con fortuna desigual: una mujer le
mira “como si fuese Norman Bates” (p. 18); él trata de desplazar su cuerpo
“como una nave que se vaya a acoplar a la Estación Espacial Internacional” (p.
23) y ambiciona fagocitar a su amante “como Khal Drogo” (p. 24); sube con Ana,
su pareja, por una calle “como dos ciclistas golpeados” (p. 26); Madrid es como
“una mujer de Rubens con las piernas separadas” (p. 34); una enfermera se agita
el cardado “como si fuera un pajar en llamas” (p. 37); el autor trata de
empujar la realidad hacia el artículo “como quien traiciona a su suegra
tirándola por el barranco” (p. 56); el escritor llega arrastrándose al hotel
“como un emperador en horas bajas” (p. 68) y, en otro momento, saluda al del
guardarropa del casino apretando la mano “como en uno de esos funerales en los
que un familiar lejano se pone exageradamente sentido” (p. 79), etcétera.
Manu tiene,
en cualquier caso, más virtudes que defectos. La prosa de Jabois, para empezar,
atesora un sentido del ritmo más que notable. Su libro, el tercero que publica,
se hace de verdad interesante cuando, sin abandonar el humor cáustico, el autor
adopta una inflexión lacónica, más distanciada, próxima a la introspección,
para fotografiar el desnorte que comporta el antes y el despu és del nacimiento del
primer hijo –leyendo algunos pasajes se hace difícil no recordar Llenos de vida, de John Fante–, cuando
habla de la pasión de escribir y explica el peculiar método con el que pergeña
sus artículos y, especialmente, cuando vuelca sus sentimientos –el aprecio a
los amigos, la empatía con Ana, la ternura hacia el hijo y el amor a su abuelo–
con hondura y sin hacer una sola concesión a lo melifluo o lo almibarado. El
abuelo, cuya muerte coincide temporal y espacialmente con el nacimiento del
niño, es quizás el protagonista en la sombra de esta pintura de gente “normal, sin
apariencias ni solemnidades” (p. 116) en la que a buen seguro se reconocerán
muchos lectores que han vivido esa experiencia tras la que, como diría José
Agustín, ya no puedes mirar atrás.
Manuel Jabois, Manu, Logroño, Pepitas de calabaza ed.,
2013, 124 p.
[p. m., La bolsa de pipas. Revista literaria trimestral, otoño 2013]
*
Pues vaya una mierdra.
ResponderEliminar:D
No creo.
ResponderEliminarSaludos.
Me dan ganas de leer ese libro. Felicitaciones Clément por la elección del video para ilustrar el post.
ResponderEliminarEstá bien esa versión rumbera de "Palabras para Julia", ¿eh? Saludos.
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