Me interesa el
hecho de que la editorial que por fin ha publicado una versión castellana de The broom of the system (1987), la
primera novela de David Foster Wallace, se llame Pálido fuego. Es un detalle tontamente metaliterario y hasta
estúpido, lo admito, pero cuando tuve el volumen en las manos no pude evitar
recordar la frase que escribió Nabokov en la página 224 de Pálido fuego: “Nosotros, que cada día nos revolcamos en la
inmundicia, merecemos quizás que se nos perdone el único pecado que pone fin a
todos los pecados”. Wallace, de sobra es conocido, se quitó la vida el doce de
septiembre de 2008. Me interesa también el detalle de que Wallace cometiera el
único pecado que pone fin a todos los pecados tres días antes del anuncio de la
presentación de la quiebra de Lehman brothers…
La editorial
Pálido fuego, sello de reciente creación al que desde chez Cadou deseamos
suerte y larga vida, ha traducido ya Conversaciones
con David Foster Wallace, el libro de entrevistas editado por Stephen J.
Burn que permite al lector penetrar sin intermediarios en la personalidad
compleja y tendencialmente desquiciada de Wallace –la recepción de cuya obra en España ha sido, pienso, como
mínimo extraña, quizás distorsionante–, un autor del que sólo me han interesado
las agotadoras exigencias filosóficas que impuso a sus lectores y, especialmente,
su profundo moralismo.
David Foster Wallace, La escoba del sistema,
trad. J. L. Amores, Málaga, Pálido fuego, 2012, 521 pp.
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No está bien, anónimo, que utilices de ese modo el nombre de una persona que no te ha autorizado a hacerlo. Por esta razón, te voy a borrar el comentario.
ResponderEliminarEn materia de anónimos eliminados me temo lo peor. En fin.
ResponderEliminarDedico mis insomnios a leer con devoción Conversaciones y El rey pálido. Me falta precisamente La escoba. Ando también con Karen Horney y Wilhelm Reich (pobre loco), pero eso es harina de otro costal (largo y pesado de contar).
Ay, Clement! Sólo eso te ha interesado de DFW? Me haces llorar.
El resto por mail. Abrazo.
Vaya, Atherida, qué sorpresa tan agradable. Reich estaba, efectivamente, bastante pirado.
ResponderEliminar¿Te parece poco que me interese sólo eso, precisamente eso, de Foster Wallace? Es casi todo, creo.
Ay, esos anónimos.
Abrazo fuerte