"–¡Oh,
Pangloss! –exclamó Cándido– ¡qué poco sospechabas tú que hubiera en el mundo
tanta abominación! No, me parece a mí que a pocos ejemplares de estos, será
necesario renegar de tu optimismo.
–¿Qué
es optimismo? –dijo Cacambo.
–¡Ay,
amigo! –respondió Cándido–, optimismo es la manía de sostener, cuando todo va
mal, que todo va bien.
Diciendo
esto, derramaba lágrimas, miraba al desdichado negro, y llorando entró en
Surinam"
[François
Marie Arouet (Voltaire), Cándido o el optimismo [1759], trad. L.
Fernández de Moratín, Barcelona, Orbis, 1984, p. 68.]
***
"Si
existe un equivalente contemporáneo de la alegría de la máquina y la efusión
técnica que caracterizó la primera década del siglo pasado, ése es, sin duda,
la revista Wired. En sus textos y editoriales sobre los novísimos gadgets,
las virtualizaciones de la experiencia o el precio objetivo de cada órgano del
cuerpo humano –en uno de sus textos más célebres–, el lector avisado puede
disfrutar de un dejà vu del futurismo convertido ahora en flagrante
optimismo tecnocrático. Uno de los representantes más señeros de esta
publicación, Nicholas Negroponte, presenta en su ensayo El mundo digital (1995)
una fábrica de sueños poblada por libros sin páginas, alegrías
"ex-presionistas", goces de la hora punta y amistades inquebrantables
entre personas y bits. Se trata de un mundo en el que "la tecnología [es]
correcta", sólo "los problemas son equivocados" (Negroponte,
1995: 72) y toda voz discordante respecto de la dinámica de la innovación es
tildada de reaccionaria. Negroponte vive en "una era de optimismo" en
que sólo reconoce como posible problema la pérdida de puestos de trabajo
generada por las nuevas tecnologías –problema que, tal como explica en el
epílogo, le parece muy secundario (...)–. Esta explicación à rebours de
los conflictos sociales se corresponde con la radical estetización de la esfera
social, entendiendo aquí estética en el sentido particular que Walter Benjamin
le dio a este término en referencia a la estética futurista en general y a la
obra de Filippo Marinetti en particular, esto es: como estetización de la
política y dilución de la ética bajo el totalitarismo –sea el totalitarismo
unipersonal o el tecnocrático, el de Mussolini o el de Bill Gates–. La
exaltación que hace Negroponte de la "magnificencia del mundo" bajo
la "nueva belleza de la velocidad" ADSL –parafraseando el manifiesto
de "La nueva religión de la velocidad" (1916)– tiene un complemento
necesario en las inflexiones realizadas desde las catacumbas técnicas de los
hackers, como la del Ciberia (1995) de Douglas Rushkoff. La que
encontramos aquí es una versión seudomística de nueva mente universal a la que
dará lugar el uso combinado de los medios técnicos y la farmacopea inteligente.
Aunque el credo de Rushkoff se diferencia claramente del ateísmo combativo de
los futuristas italianos, su visión puede considerarse como la cara de la otra
moneda de la de Negroponte –quien al menos no se molesta en disimular que es un
tecnócrata–: en su libro no se menciona ni a Marinetti –que para él es puro
presente– ni a Gates –que no le parece un problema–, y tampoco toma en
consideración que el verdadero ganador de lo que él denomina "la revancha
de los colgados" no es el encantador hacker del garaje de al lado sino
Microsoft"
[E.
Fernández Porta, "El fantasma futurista en la máquina ciberpunk", en Afterpop.
La literatura de la implosión mediática [2007], Barcelona, Anagrama, 2010,
pp. 162-163]
***
"(...)
El ensayo no es tal sino una recopilación deslavazada de entradas que el autor
ha reescrito tras haberlas colgado en su blog, pero el resultado es tan
fragmentario y desarticulado que mejor hubiese sido dejarlas en el blog. En
ellas, casi sin excepción, se canta una loa tediosa y repetitiva a las
innumerables posibilidades expresivas, estilísticas, artísticas, imaginativas,
cognoscitivas, etcétera, que la neocultura cibernética ofrece a los usuarios,
sobre todo si se trata de escritores y demás miembros de la peña
"creativa" ultramoderna"
[E.
Lynch, "Tecnoempacho", reseña de El lectoespectador, Babelia,
28 de enero de 2012, p. 10; para leer el texto completo, aquí ]
El rey está vestido, gritaban todos alabando al becerro twitero. Hasta que vino Lynch a Babelia y llamó a las cosas por su nombre. Un tonto leído es eso: un tonto con lecturas.
ResponderEliminarHabla un poco del nivelón que gastamos en este país de morancos y alguaciles. Que este lecto-gilimendas esté dirigiendo a la manada internética! Exilio, ya.
Saludos cordiales
Dr J.
Cómo te mola la bulla, Doc, hay que ver cómo te mola. Desde luego, no niego que Mora tiene lecturas; por supuesto, tampoco niego que es capaz de escribir cosas interesantes. Ahora bien, creo que este tipo de aproximaciones fantacientíficas, apologéticas y acríticas al presente (aguanté unas doscientas páginas hasta que la irritación me obligó a cerrar el libro, ésa es la verdad), construidas a partir de un historicismo ad hoc apenas matizado y por momentos sonrojante no le hacen ningún bien. Epatar al personal mediante la reducción de todo el aparato hermenéutico a la fusión de palabros (ahí Lynch ha estado bien) y movilizar equívoca y selectivamente ciertos referentes teóricos para apuntalar las tesis que uno quiere sostener no son, creo, las estrategias más idóneas para acometer una ontología del presente digital focalizado en la creación literaria (si es que era ésa la intención programática de Mora, claro, que también puede ser otra).
ResponderEliminarSaludos.
Brillante la selección de la segunda cita, Mr. Cadou. Brillante y muy irónica.
ResponderEliminarMr Cadou, esto es algo mas que bullas, créeme. Una cosa es que, deliberadamente, elija al ficcional Dr para experimentar momentos de feedback en el espacio internético con fraseo pachanguero ibérico. Podría ponerme fisno fenomenológico, no sería pertinente. Los nihilistas activos, somos intransigentes con la tonteria vestida de neón. Si fuera desnudez...
ResponderEliminarTe felicito por haber tenido el valor de leer 200 páginas de eso. Yo no me lo puedo permitir. Es como correr detrás de Forrest Gump.
Life is too short.
La impostura, infinita.
felicidades por los brillantes links de la entrada, como siempre
Saludos
Dr J
Releyendo tu respuesta, igual hay un malentendido. Mi opinión es un 10 para el señor Lynch, brillante. Por mucho que ya esté Gopegui, German Sierra, y todo el grupito, apoyando a vicentito (rima).
ResponderEliminarDr.
gracias, anónimo.
ResponderEliminar*
Sí, Doc, entendí que la crítica de Lynch te había parecido buena. Yo no me entero de nada de lo que se cuece en las redes sociales ni sé quién "defiende" a Mora, aunque entiendo que haya gente a la que este libro le parezca interesante. A mí no me lo pareció, eso es todo.
saludos cordiales