Preferiría no hacerlo, pero…ahí van dos ejemplos de cómo no empezar el texto de la crítica de un libro. Las reseñas son reales. Se omiten el medio y el nombre de los críticos y de los autores de los libros reseñados porque no es cuestión de zaherir a nadie. El mundo lit está demasiado lleno de inquina y porquería –pero también de todo tipo de fluidos y secreciones corporales, a comenzar por la saliva– como para ponerse a personalizar y a señalar con el dedo. Por otra parte, ambas reseñas no son en modo alguno malas. Están muy bien escritas, etc. Sólo digo que no se puede empezar así.
1.– El crítico X empieza la reseña con la siguiente frase: “El libro de Y es una Z”, siendo Y el nombre de pila del autor y Z el sustantivo elegido por el crítico para definir el libro de “Y”. Sin apellido. Así, directamente. Bueno, lo dijo Harvey Keitel y no es necesario reproducir la célebre y trillada sentencia del Sr. Lobo, pero el crítico X podría al menos haber tenido la delicadeza de disimular un poco en lugar de hincar las rodillas en el suelo y proceder a las primeras de cambio. Unos preliminares, un rodeo, no sé… un poco de sentido del pudor.
2.– El crítico A empieza la reseña con la siguiente frase: “YZ (XXXX, 0000) es más conocido como poeta que como narrador, a pesar de que LLLLLL (0000) era una excelente novela (…)”, siendo YZ el autor del libro reseñado, (XXXX, 0000) el lugar y la fecha de nacimiento de YZ y LLLL (0000) el título y el año de publicación de la novela que, según el crítico A, era excelente. ¿Era? Una novela no puede ser excelente en pretérito imperfecto. O es y será excelente siempre o no ha sido ni será excelente nunca. Decir que una novela “era” excelente es un sinsentido probablemente muy bienintencionado –o tal vez un acto fallido, chi lo sa. Wittgenstein o un sacerdote de la psique, a elegir.
Peter, canta algo, anda, a ver si suavizas un poco esto...
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ResponderEliminarHe leído el texto completo –referencia a Foucault incluida–, pero no soy capaz de captar el sentido de la autocita anfibológica.
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