viernes, 6 de mayo de 2011

Fabián Casas: modelo para armar



Disfruté con Los lemmings y otros (Barcelona, Alpha Decay, 2011), de Fabián Casas (Buenos Aires, 1965), por diversas razones que trataré de explicar en una reseña futura. Por ahora, me limitaré a lanzar la idea luminosa que me ha sugerido la lectura de este agregado de relatos que se interpolan entre sí configurando una nouvelle quebrada –evitemos la palabra fragmentaria– en la que Máximo Disfrute, memorable personaje aguja, hilvana algunos de sus retales. Soy, si puede decirse así, un poco argentino. Mi bisabuelo emigró a la Argentina y mi abuelo paterno nació y se crió en Buenos Aires. Este ascendiente remoto me hace sentir fascinación por la Argentina, país aporético, complejo y misteriosamente empecinado en hacerse el hara-kiri periódicamente a pesar de contar con un extraordinario capital humano y cultural. Una simple muestra del genio argentino es el pasaje de Los lemmings y otros que transcribo. No es un fragmento que represente cabalmente el universo que Casas plasma en su último libro, interesante anecdotario de épica barrial relatado a través de una mirada retrospectiva tan desencantada como contundente, tan melancólica como irónica. Lo traigo a colación porque el fragmento me inspiró la idea que procedo a proponer al colectivo Addison de Witt, combo de cinco poetas anónimos que practican una crítica a mi juicio demasiado blanda y mojigata. Si la idea se materializa a escala nacional, acaso se resolverá el tercer gran problema de España –a saber, que hay más poetas que funcionarios–, dado que no parece que los dos primeros (cinco millones de desempleados y 21% de tasa de pobreza) vayan a encontrar solución a corto plazo. Ahí va la sugerencia:

“La historia de los que hacían Dieciocho buitres también es interesante. Una revista de poesía que sólo duró dos números pero que causó una gran impresión en lo que podría llamarse “la joven poesía argentina”. A mí, particularmente, nunca me entusiasmaron como grupo. Me resultaban pedantes y agrandados y casi unos analfabetos. Y digo esto a pesar de que llegué a publicar unos poemas en el número dos y de que me gustaba mucho como escribían algunos de ellos. Rodolfo Lamadrid, con el tiempo, y como se sabe, se hizo conocido no por sus poemas, sino por su programa de radio “La Hora del Bastardo”. Pero yo nunca lo escuché. Lo de Daniel Dragón fue trágico. Era probablemente el poeta más dotado de su generación. Hasta que en algún momento cayó en sus manos una biografía de Mishima. Se identificó tanto con el japonés que empezó a dejar de ver a sus amigos íntimos y con fans jóvenes de su taller literario armó un ejército privado. Se entrenaban –dicen– en una quinta que uno de ellos tenía en El Tigre. A partir de ahí no frecuentó más los recitales de poesía, las presentaciones de libros, y no le abrió la puerta de su casa a nadie. Salvo que uno fuera descalzo, se arrodillara y pidiera ser iniciado en lo que él llamó Mi Legión. En esa época sacó en una edición casera lo último que publicó en vida: Resentimientos completos, un panfleto en contra de toda la poesía argentina de una virulencia casi genial. Actualmente, en un puesto de libros viejos del parque Centenario, aún se encuentran algunos (yo me compré varios y suelo regalarlos como souvenir).
El final es historia conocida por la opinión pública, pero, como suele pasar, no como realmente sucedió. Dragón y sus muchachos organizaron un encuentro de poesía en un hangar que se alquilaba para fiestas en el barrio de Colegiales. Sorpresivamente, parecían decididos a hacer las paces con todo el ambiente poético local e invitaron cuidadosamente, como se comprobó después, a varias revistas y grupos literarios de los cuales tenían la peor opinión. El lugar estaba repleto y los poetas invitados leyendo sus poemas y sus ponencias de acuerdo al cronograma de la jornada cuando los discípulos de Dragón, vestidos teatralmente de negro, cerraron las puertas del hangar, sacaron sus armas y esperaron a que su jefe subiera al escenario donde se estaban desarrollando las actividades. Amigos, dicen que dijo, ustedes son muy malos y no se pierde nada. Ésta es la verdadera forma de hacer crítica literaria: poniendo el cuerpo. Me ha costado encontrar cuál era mi misión. Ahora lo sé: cambiar la poesía argentina para siempre. Esta es una tarea de la que no se sale vivo. Después se hizo un silencio donde imagino que cada uno de los presentes se vio encadenado a una performance letal, hasta que, como si todo hubiese estado matemáticamente ensayado, empezó la balacera que terminó en la masacre por todos conocida. Salvo cinco que no se animaron (y entre ellos hay que contar a los que se les trabó la pistola porque eran armas berretas, compradas de segunda mano), casi toda la Legión del Dragón se suicidó, incluyendo al Gran Jefe. Al otro día los diarios hablaron de una secta extraña, con brasileños implicados y ritos satánicos; les costaba entender que era sólo un problema poético. No me llama la atención: el periodismo nunca entendió a la poesía”

(Fabián Casas, Los lemmings y otros, pp. 92-94)

*

A volar por el aire. 



6 comentarios:

  1. Muy bueno, pero no caerá esa breva.
    Por lo menos me he reído.
    un poeta.

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  2. Gracias por la reseña. Me leo el libro sin falta, y prometo que mis poemas jamás saldrán de las fronteras de mi pequeño blog. Palabrita del niño jesús.

    medio poeta, medio zombie

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  3. Gracias por pasar (y por comprender), poeta anónimo.
    Somos demasiados.

    *

    Ey, Zombie, ¿cómo va la vida (o, mejor dicho, cómo va la muerte)? Nada de modestias, que eso de que la lluvia es algo que sólo debería ocurrir fuera es un hallazgo. Saludos y bienvenida.

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  4. caduco, no te columpies
    pron es un payaso
    solo hace falta leer lo que ha escrito sobre sábato aprovechándose (que no a propó...; debía estar esperando el chicuelo el momento, por las calles malasañeras...); indica dos cosas: su falta de vida y conocimiento
    su soberbia literaria (por cierto, rasgo que comparte esta generación de pimpines interneteros y mondadoris, más bien: potadoris...)
    claro que alo mejor se folla algoo más si te publica el claudio ala madrid, olé...
    vaya panda de frikazos
    pron, el día que tu escribas dos párrafos que se acerquen a El túnel, es que habrás dejado de mirarte al espejo, narcisín...

    (copiado del blog de otra logada, lunita subvenciones)

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  5. Si quieres insultar a otras personas, hazlo en su casa.
    De cualquier modo, respeto a Pron como escritor.
    Lo de Sabato: fue saludable que al menos una persona se desviara del discurso juan-cruzero coñazo que nos asfixió después de la muerte de Sabato. El túnel me gustó en su día.

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  6. cuando termine con la venta de casas que es donde trabajo me voy a comprar el libro sin falta para leerlo

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