miércoles, 6 de junio de 2012

Quod scripsi, scripsi (un viejo poema)

Edificio Novocomun [Giuseppe Terragni, 1927-1928]



La opulencia inmobiliaria y el rumor escolástico



el balcón del flanco izquierdo por ejemplo
del flanco izquierdo de la casa escupido a la calle
allí vi volar a un muerto abrazado a su cuadrado de asfalto
a su cuarto de hora warholiano y a su nada
el balcón donde me siento y armo
una fenomenología de la fragilidad ocasionalmente
viendo cómo las ratas corren imitando al arte,
más que espacio la casa es una idea
un poco más que un pedazo de materia escriturada,
mi casa es la dueña del restaurante chino
de la que me despedí al mudarme hace unos años
ella lamentó que yo no volvería a por mi pollo al curry
y después de años de silencio dijo “qué pena”,
es el individuo medio loco
que salió a defenderme en aquella trifulca
el tumulto absurdo en que me vi envuelto
porque mi hijo había tirado un petardo
que estalló cerca del cuello de un cretino,
la frivolidad devastadora y sin piedad de R.
su maltrato a esos incalificables profetas es mi casa
su alegría de desnudar en silencio 
lo que hay detrás de la jerga de la pose de...
mi casa es esa señora bien que citó a Schopenhauer
en la cola del supermercado, prometo que es cierto
y se ganó la rabia de su hija ignorante y la incomprensión de todos
mientras se ajustaba el abrigo de pieles,
mi casa son aquellas palabras 
que el héroe pronunció con los ojos cerrados
aferrado a una fracción pura de su existencia
el héroe que lo perdió todo contestando como debía
al inevitable hijo de puta mafioso tan reconocible
del que dependía su supervivencia,
mi casa es sin duda el tipo muy castigado que vi un día
en el mostrador del registro de la propiedad intelectual
portando con delicadeza bajo el brazo
un poemario titulado “Cúmulos de antimateria”,
y también es mi casa el estallido de dicha adolescente
que veo con desdén y nostalgia recreado
en los glúteos todavía no devastados por el tiempo
de las quinceañeras que no saben andar por la calle,
son algunas cosas que encajan en la idea de casa
una gragea sobre el mármol de la cocina 
o una ráfaga de Giannuzzi que duele y salva
cuando el estómago lleno de líquido ha hecho
lo que le impone la naturaleza
y ha remitido a través de la sangre
señales para que el cerebro se sienta confortado

[p. m., publicado en La casa del poeta. Antología, Palma de Mallorca, Sloper–La Noche Polar, 2007, pp. 94-95]

2 comentarios:

  1. Excelente poema Clement, no te prodigas mucho pero son muy buenos, unas visiones con resonancias muy muy claras.

    Salud
    Manuel

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  2. Vaya, muchas gracias. Me prodigo en el telar, en el telar...
    abrazo

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