Pablo
Miravet Bergón, Vacancias,
Madrid,
Editorial Celesta (Colección Piel de sal), 2014, 86 pp.
“Y el poeta es fiel a lo que ya tiene. No se encuentra en déficit como el filósofo, sino en exceso, cargado, con una carga, es cierto, que no comprende. Por eso, la tiene que expresar, por eso tiene que hablar “sin saber lo que dice”, según le reprochan. Y su gloria está en no saberlo”
María Zambrano (Filosofía y poesía)
*
Recientemente leí un
texto de Ana Rodríguez Fischer en el que, comentando la última novela de
Fernando Aramburu, Ávidas pretensiones,
la crítica literaria radicada en Barcelona se descolgó con esta frase lapidaria: “Hace
tiempo que los poetas fueron bajados del Olimpo a patadas (no es necesaria la
desmitificación) y en tanto que criaturas humanas su encuentro no tiene más
interés que el de un grupo de comerciales o de cuadros políticos, con todos mis respetos para los primeros”
(cursiva en el original, negrita mía). Más allá del sesgo demagógico del
enunciado –¿por qué sólo los cuadros
políticos y no también los poderes
económicos y los fondos institucionales de inversión, que, como sabe cualquiera
que se tome la molestia de informarse un poco, son los que tienen tiranizada a
la política (lo poco que de ella va quedando) y, por descontado, a sus
tristes cuadros?–, me parece que Fischer escribió una verdad demasiado dolorosa.
Asumiéndola plenamente, ejerceré a mi pesar de comercial, aunque seré mucho más
lapidario que Fischer y parafrasearé al célebre panadero de Adam Smith y al no
menos célebre vendedor de sandías de James M. Buchanan: comprad este poemario.
La
gran mayoría de los 66 poemas que conforman este libro fueron escritos y
reescritos entre los años 2008 y 2011. Agradezco a Rafael González
Serrano –editor artesano y vocacional, y autor de varios volúmenes de
poesía– que haya acogido este libro en la colección Piel de sal de la Editorial
Celesta. No sólo le agradezco la publicación del poemario y su paciencia, sino
también su comprensión: determinadas razones de fuerza mayor (de nobis ipsis silemus) hacen imposible
la celebración de una presentación del libro aquí o en Madrid, acto que, como
se sabe, es importante para las pequeñas editoriales de poesía. No habrá, pues,
ni presentación, ni recitales ni cualquier otro tipo de happening comercial –como diría Rodríguez Fischer–, de modo que, al
menos por ahora, la promoción de Vacancias
se va a limitar a este post y al anuncio de la publicación del libro en la
página de Celesta. Habría querido escribir
un texto decente (“Notas para una no presentación”) y colgarlo en esta entrada.
Rafael González me pidió unas líneas para la contraportada y realizó
un editing del texto que le remití,
que es el que finalmente aparece en la contratapa. Naturalmente, la primera
frase no es mía:
Pablo
Miravet es un poeta de honda reflexión filosófica como así lo muestran los
versos de este segundo poemario publicado, Vacancias. Para el autor, la edad
adulta es un piélago convulso en el que el yo disociado bracea entre mareas de
desencanto. La conciencia de la futilidad de esa batida se ve, a veces,
contrarrestada por un endeble impulso que recusa el asombro paralizante al que
aboca la aprehensión de lo real. Los versos de este libro quieren encontrar
acomodo entre las grietas y los intersticios del paisaje mental plasmado en el
texto. Vacancias repasa en esas
oquedades azarosas los estados de ánimo de una voz que fluctúa entre el
irracionalismo y el estilismo conceptista, y que explora cadencias y ritmos
para apresar trances inusuales, aprovechando un tono –áspero unas veces, sutil
y doliente otras– que, bajo el persistente silbido de la barbarie cotidiana, se
ríe de los solemnes protocolos de un mundo en quiebra.
Juan Planas leyó un esbozo rudimentario de este
libro allá por 2009 e hizo un par de certeras observaciones que me han ayudado
a repensarlo. José Vicente Rojo dio el visto bueno a algunos textos finalmente
incluidos en Vacancias hace ya
bastante tiempo. Nico Bau ha hecho valiosas (y ácidas) sugerencias de
reescritura. Carlos Maiques realizó una interesante interpretación gráfica de
los poemas; desgraciadamente, sus ilustraciones han quedado fuera de la edición
final por culpa del “mal de archivo”, aunque conservo como una reliquia dos de
las cuatro maquetas que me regaló. Regina Salcedo leyó cuidadosamente el
poemario cuando ya estaba terminado y tuvo la amabilidad de enviarme tres
folios en los que radiografió (y desnudó) el libro con inteligencia. Román Piña
ha tenido la gentileza de publicar uno de los poemas de Vacancias (“Gregal”) en el número de primavera de la revista literaria
que dirige.
Este poemario está dedicado a mi hijo Pablo –que
nunca caminará solo– y a Carlos Maiques.
Otra vez mi más sincera enhorabuena por este libro magnífico y valiente.
ResponderEliminarUn beso
http://zombiedelasletras.blogspot.com.es/2014/04/vacancias-de-pablo-miravet.html
Gracias, Zombie: has sido exageradamente generosa.
ResponderEliminarabrazo
Pero qué significa eso de "acidas sugerencias", poeto??
ResponderEliminarsi es que...
felicidades,
un abbrazo
y valiosas, también valiosas...
Eliminarabz.
hola Pablo, me ha alegrado mucho ver la publicación de tu poemario (me llegó un correo de la editorial) y que sigues con tu blog, enhorabuena, un abrazo!
ResponderEliminarGracias, Jesús. Me ha llegado hoy el manual coordinado por Dori Guamán (ya era hora de que compartiéramos índice en un libro). abrazo.
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