Regina Salcedo
Irurzun, Icebergs, Tegueste
(Tenerife), Baile del Sol, 2014
*
«Hímnica y
terrena, figurativa y abstracta, inorgánica y mineral, térmica y telúrica; así
es la poesía vertida en este puñado de textos agavillados por el latido de una
voz afincada en el desasosiego. El canto elevado y la elegía a ras de suelo se
mezclan en los estratos que velan y a veces revelan la intimidad corpórea, el
dolor y el gozo fugaz de un yo que indaga y halla en la naturaleza el símbolo
ubicuo de lo perecedero. La textura caliginosa de la palabra y la cadencia
vibrátil del verso y el versículo irradian en Icebergs la
congoja de la poeta ante los celajes de ese lapso emplazado entre dos nadas
infinitas que llamamos existencia; sin embargo, el ser ya curtido que poetiza
en la intemperie alivia su desgarro con lascas de llaneza que testimonian su
plena conciencia de la poquedad quizás feliz de todo lo que está en el mundo».
[p. m., texto de
la contraportada]
Tres poemas de Icebergs:
CONTRA EL MURO
Alimenta el olvido que
pudre las colinas y esa boca de
túnel inexperto.
Alimenta ese estómago
de padre alcoholizado
que tumbaba pasillos y
sus cuadros, que fabricaba barcos
en la noche de barrio
proletario aunque yo no supiera
entonces y, por tanto,
los colores marchitos pareciesen
los únicos;
barcos de roja
herrumbre condenados a hundirse sin
remedio.
Alimenta, vomita,
teclea sin parar el hormigueo eterno,
inextinguible que
bulle en cada célula, en el tonto ADN
de mis límites,
en el choque de ariete
de mis huesos contra el ya nunca
más.
***
BUENOS AIRES
A Olga Orozco
Hoy es quince de agosto, trece años atrás,
de nuevo Buenos Aires,
y hoy naces para mí
mientras se alza, Olga,
un repentino viento y también un presagio
que mis augures ciegos prometen favorable.
El azar objetivo confabula
para que yo reniegue de mis votos,
me rinda a las señales
y acepte que hay preguntas en tus versos
esperando a formarse en mi saliva.
He pensado omitir
esa cortina blanca que ha vibrado de pronto ante mis
ojos
ojos
colmando de violencia y esperanza la oscuridad del
cielo,
cielo,
pero abro tus páginas como quien saja un pez
ante el oráculo
y mis dudas estallan en lentas invasiones de colores
que ondean como telas
flotantes
entre los grandes vientos.
Sin apenas oír más de cuatro palabras
adivino que he estado siguiendo sin saberlo
el oloroso rastro de tu ingrávida sombra iluminada.
***
DEMOLICIÓN
Los desmoronamientos, los peores derrumbes ocurren
por debajo del lenguaje, en el hueco interior de su
carcoma.
En vano trataré de recordar años más tarde cuál fue
la
frase exacta,
la voz que presionó la columna de carga que armaba la
estructura
hecha de acero y gestos.
Se trata del idioma de la sombra, del aura negativa
del
adverbio,
de la fuerza que rige la extraña gravedad de las
palabras.
Palabras que contienen ejércitos ocultos aguardando
la
noche
para tomar la plaza, desde dentro,
como un veneno lento. Indetectable.
Gracias, Clément, de corazón.
ResponderEliminar¿Gracias por qué? Gracias a ti por escribir el libro.
Eliminarabz.
Poema contundente DEMOLICIÓN, se agradece leer este tipo de versos nunca líquidos. Saludos!
ResponderEliminarCierto, Luis, contundente.
ResponderEliminarGracias por tu comentario.