sábado, 8 de mayo de 2010

sábado, 1 de mayo de 2010

John Fante, brutalmente sentimental




Debemos agradecer al traductor de Llenos de vida que tuviera el detalle de reproducir en una nota a pie de página esta dedicatoria que John Fante (1909-1983) escribió en 1944 a una amiga sobre las guardas de uno de sus libros ya publicados: “De esa puta de Hollywood, de este artista vendido (…) de este lameculos de la Paramount al que pagan por las perfumadas vomitonas que susurra Dorothy Lamour” (p. 89), cita que proporciona una de las claves de lectura de esta novela, publicada en 1952 y recuperada en 2008 por la editorial Anagrama en su loable empeño de verter al castellano toda la obra de Fante.

Estamos en la Norteamérica afirmativa de comienzos de los cincuenta, repuesta ya de la gran depresión tras el New Deal, cohesionada ideológicamente por el cemento de la naciente paranoia maccarthista y catapultada al esplendor económico gracias al aprovechamiento de los equipamientos industriales desarrollados en la segunda gran guerra, la robustez del dólar respaldada por los acuerdos de Bretton Woods y el bien engrasado funcionamiento del círculo virtuoso del modelo de producción y consumo fordista-keynesiano, el llamado capitalismo organizado. La fabricación serial de iconos de deseo, emulación e identificación colectiva corre a cargo de esa otra gran maquinaria hegemónica, la industria cultural críticamente diseccionada por los exiliados frankfurtianos, de la que Hollywood es la indiscutible e indiscutida punta de lanza.

Instalado en su nueva casa de Los Ángeles con Joyce, embarazada del primer hijo del matrimonio, Fante escribe guiones cinematográficos y los cheques llegan regularmente. Hay un problema de termitas en el suelo de la cocina y la pareja decide solucionarlo trayendo a su nuevo hogar al padre de Fante, albañil jubilado que reside en el valle de Sacramento junto a la madre del escritor. La novela gira en torno a la gestación y el nacimiento del hijo, pero esta trama es un sostenido Macguffin del que se sirve el autor para desnudar en clave casi confesional las heridas, las fijaciones y las pasiones del guionista próspero integrado en la pujante mid class que es ahora John Fante.

Llenos de vida apareció cuando apenas se habían publicado una novela y las dos primeras entregas de la tetralogía del alter ego de Fante, Arturo Bandini (Espera a la primavera, Bandini y Pregúntale al polvo). El escaso eco comercial de las descarnadas historias de Bandini –outcast de extracción proletaria que personificaba a los humillados, ofendidos y expulsados del paraíso prometido– obligó al escritor a emplearse creando mitos efímeros para la Paramount, un trabajo alimenticio que, si bien fue siempre despreciado por el artista autoconsciente Fante, le facilitó el ascenso social y la inserción en el todavía virginal formato de la American way of life. Esta escisión interior mueve los hilos de Llenos de vida, retrato paródico y corrosivo de los lugares comunes, las representaciones estereotipadas y las sombras del estilo de vida adoptado por el hijo de un humilde, tosco y supersticioso inmigrante italiano que, abandonada la rebeldía juvenil, ha sentado la cabeza para formar una familia estándar y se sienta a escribir sobre sí mismo y su entorno familiar antes de abandonar la literatura durante veinte años.

Entre visitas periódicas al médico y rodeado de libros y revistas sobre pediatría, el escritor asiste estupefacto a la conversión de Joyce al catolicismo –la religión es una de las constantes en la obra de Fante–, viaja a la casa familiar donde sus padres han reproducido un pedazo de Los Abruzos en el que hay limoneros, aceite de oliva y aroma de albahaca, se desespera pacientemente ante las escenas de psicodrama de sus progenitores, lleva a su tozudo padre en tren a Los Ángeles en un viaje literariamente memorable y vive el embarazo de Joyce, la alianza afectiva entre su padre y su mujer y el alumbramiento del niño instalado en el desasosiego, la ajenidad y la hipocondría, transmitiendo en primera persona la comezón del demiurgo del celuloide hecho a sí mismo que, aferrado a sus sentimientos más primitivos, negocia cada día su desencantada conformidad con la realización del sueño americano.

Detrás de todo está el amor, la “necesidad febril” de Joyce, una mujer alejada del mutilador cliché de la feminidad prototípica de la época, y la íntima devoción por sus padres, que encarnan el más acendrado familismo latino-mediterráneo analizado por Banfield en sus estudios antropológicos. Nada tiene que ver el sentimentalismo fantiano con el ternurismo almibarado y empalagoso; el de Fante es un sentimentalismo crudo, crispado y por momentos histriónico y virulento que brota en las tripas. ¿Un sentimentalismo sucio? Es sabido que Fante sólo conoció el éxito literario póstumamente y que ello se debió, en buena medida, a la reivindicación que hiciera Charles Bukowski de su obra narrativa. Al margen de precursores remotos, este redescubrimiento convirtió al autor italo-americano en el inconsciente padre fundador del realismo sucio, o al menos en una de sus principales referencias genealógicas, si bien hay cierta distancia entre el estilo Fante y el manierismo minimalista del dirty realism en su declinación madura. Llenos de vida no es  la mejor ni la más ambiciosa novela de Fante, pero siempre es gratificante regresar a su obra y pasar un buen rato con el fraseo seco, el ritmo ágil, la precisión en la adjetivación, la destreza expresiva en las descripciones sumarias y alguna que otra metáfora salvaje, ingredientes marca de la casa combinados en este libro bajo un fondo cómico, ácido y brutalmente sentimental. John Fante, artista.


John Fante, Llenos de vida, trad. Antonio-Prometeo Moya, Barcelona, Anagrama, 2008.

[Una versión previa de esta reseña se ha publicado en Agitadoras. Revista Cultural, nº 13, mayo de 2010]




sábado, 24 de abril de 2010

Un relato de Walter Benjamin

Me dijo que estaba celebrando el así llamado día del libro con la autodisciplina exigible a un bibliópata comme il faut y que se había prohibido a sí mismo abrir un solo libro en toda la jornada. Tranquilo, mañana habrá pasado todo, le dije. Efectivamente, hoy ya ha pasado todo. 

Un relato ibicenco de Walter Benjamin.

La pipa
Durante un paseo en compañía de un matrimonio con el que había entablado amistad, pasamos cerca de la casa en que yo vivía en la isla. Sentí deseos entonces de fumarme una pipa, pero al no encontrarla en mi bolsillo, me pareció el momento oportuno para ir a buscarla a mi habitación, donde, a buen seguro, estaría sobre la mesa. Con dos palabras rogué a mi amigo que se adelantara con su mujer mientras yo recogía la pipa. Retrocedí, pues, pero no me habría alejado ni diez pasos cuando, al palpar mis bolsillos, noté que la llevaba encima, de modo que, cuando aún no había transcurrido ni un minuto, mis acompañantes me vieron reunirme con ellos y la pipa despidiendo ya nubes de humo. “Estaba efectivamente sobre la mesa”, aclaré por un capricho incomprensible. En la mirada de mi amigo asomó algo que la asemejaba a la de quien despierta tras un profundo sueño y todavía no sabe muy bien dónde se encuentra realmente.
  Reemprendimos nuestro camino y reanudamos la conversación. Minutos después volví sobre el intermezzo. “¿Cómo es posible que no notaran que lo que yo les había dicho era imposible?”. “Me di cuenta –me contestó él tras una corta pausa­–, y quise decir algo, pero pensé: “Será verdad, ¿por qué había de engañarme?”

[W. Benjamin, Historias y relatos, trad. Gonzalo Hernández Ortega, Barcelona, Península, 21997] 


miércoles, 14 de abril de 2010

Derecho y cine español contemporáneo


El hecho de que la práctica procesal de la tradición continental o de Civil law esté despojada de la pátina de espectacularidad que envuelve a la del derecho anglosajón –y, más específicamente, del estadounidense– explica que no haya existido en España un "cine de juicios” homologable al género de courtroom drama producido al otro lado del Atlántico. Ello no significa que no pueda hablarse, aun con algunos matices, de “cine jurídico” en nuestra cinematografía. Sin vocación taxonómica o enciclopédica, El derecho en el cine español contemporáneo (Ricardo García Manrique y Mario Ruiz Sanz (eds.), Valencia, Tirant lo blanch, 2009, Colección Cine y Derecho) reúne veinte estudios dedicados a analizar otras tantas películas y documentales españoles realizados desde 1975 que han abordado el fenómeno jurídico explícita o tangencialmente. De factura y extensión heterogéneas, los textos compilados por García Manrique y Ruiz Sanz, que firman una solvente introducción, proponen una aproximación sociológico-jurídica, iusfilosófica o simplemente cívica a las cintas elegidas, una selección que, si bien resulta inevitablemente discutible en más de un caso, se caracteriza, más allá del lógico predominio de asuntos vinculados a la crónica de sucesos y al ámbito penal, por la amplitud de las temáticas y la diacronía de los acontecimientos tratados en las producciones que son objeto de análisis. El resultado es un interesante fresco de la evolución socio-política de España tamizado por la mirada jurídica y política de los autores, que diseccionan críticamente las sombrías rutinas de la dictadura, algunos hechos históricos que la precedieron, determinados cambios sociales significativos que nuestro país ha experimentado en las últimas décadas y ciertos asuntos sobre cuya regulación sigue vivo el debate público. Por descontado, no faltan fragmentarias, poéticas y evocadoras referencias al llamado cine quinqui. 


Aquí el índice:
Introducción (Ricardo García Manrique y Mario Ruiz Sanz); 1. Pascual Duarte: la iniciación a la psicología del criminal social (Rafael Ramis); 2. Queridísimos verdugos: pan, vino y garrote (Juan Antonio Gómez García); 3. El asesino de Pedralbes: la España documentada de la transición (Emilio G. Romero); 4. El proceso de Burgos: la defensa de ETA en la batalla ideológica (Rafael Ramis); 5. Siete días de enero: el búnker contra la democracia (Alberto Reig Tapia); 6. El crimen de Cuenca: anatomía de una tortura (César Arjona Sebastiá); 7. La verdad sobre el caso Savolta y sobre la ideología del anarquismo español (Benjamín Rivaya); 8. Colegas: el aborto en España, 1982-2007 (Ricardo García Manrique); 9. Stico: entre la autonomía y la dignidad (José Luis Pérez Triviño); 10. Jarrapellejos: el poder en la sombra imparte justicia (José Manuel Fuentes); 11. El Lute I: camina o revienta y El Lute II: mañana seré libre: un rebelde con causa (Mario Ruiz Sanz); 12. La noche más larga: el último desatino jurídico del franquismo (Ricardo García manrique); 13. La espalda del mundo: sobre las causas del fracaso de los derechos humanos (Joan Lara Amat u León); 14. Los lunes al sol: sobre reconversiones industriales, desempleo y globalización (Juan Antonio Gómez García); 15. Balseros: el destino incierto del exilio (José Manuel Fuentes Berros); 16. De niños: el derecho no es únicamente severo (Víctor Méndez Baiges); 17. La suerte dormida: ¿es el derecho un obstáculo a la realización de la justicia? (Lara Rosety Jiménez de Parga); 18. Mar adentro: la eutanasia para todos los públicos (Ricardo García Manrique); 19. El taxista ful: el okupa de los taxis (César Arjona Sebastiá); 20. Abogadas y juezas en el cine español (Santiago Yanes Pérez).  



miércoles, 7 de abril de 2010

Sobre plagio y capacidad de resumir



"Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación.”

[K. Marx & F. Engels, La ideología alemana, 1845-1846]


*



“La regla de oro consiste en que quien tiene el oro hace las reglas”

[Aladín en Aladdin (1992), Walt Disney Pictures; Dirección: John Musker & Ron Clements; Guión: John Musker, Ron Clements, Ted Elliott, Terry Rossio y… ¿Marx y Engels?]






¿Por qué me ha parecido siempre tan siniestra la sonrisa de Walt?

jueves, 1 de abril de 2010

Patricio Pron y la lógica de la anomalía




Tres ejes vertebran el conjunto de relatos reunidos por Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) en El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (Barcelona, Mondadori, 2010), algunos ya publicados previamente en antologías o revistas: la cartografía física, histórica y anímica de Alemania –país en el que el autor se doctoró en filología románica y en el que ambienta la mayoría de los relatos, entre los que puede leerse un bio-diccionario del expresionismo tan erudito como cáustico–; la literatura como ambición y pasión y como forma de vida y muerte –pero también el mundo literario como ciénaga ignominiosa y miserable (“Es el realismo”)–; y, last but not least, la asechanza de una latente lógica de lo peor en lo que se muestra en los dieciocho cuentos que componen el volumen. 


El autor de El comienzo de la primavera exhibe una fina y, en ocasiones, portentosa habilidad para retratar o sugerir cursos de acción truncados, trayectorias estropeadas y derivas existenciales torcidas o a punto de torcerse, y recurre a un variado elenco de registros narrativos –entre ellos, la autoficción– que insuflan aire fresco a la técnica del relato. Si en algún texto Pron reflexiona sobre el género bajo la proverbial sombra del ocaso de la literatura (“El estatuto particular”), en otros tematiza abiertamente los vínculos entre realidad y ficción (“El mecanismo de la historia”, “Los peces y las montañas”), incrustando, aquí y allá, bien administradas dosis de metaliteratura. El irrealizable y, como tal, irónico desideratum que parece anidar en el enunciado que da título al libro y al cuento homónimo –una devastadora evocación de la infancia perdida–  aleja a El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan de una chata estética de la catástrofe. Los relatos de Pron se encuadran, más bien, en una sutil poética de lo anómalo normalizado, un territorio habitado por la complejidad, el azar, la vileza, la pérdida y la brutalidad, pero también por la belleza y la (siempre frágil) esperanza de redención. 


La falsa apariencia, la doble verdad y lo sorpresivo (vgr. el soberbio “Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás”, las dos versiones/ perspectivas de “La historia del cazador y el oso” o “Abejas”), la culpa, el remordimiento, la gestión de la memoria y el pasado nazi (vgr. “Dos huérfanos”, “Una de las últimas cosas que me dijo mi padre” y, a su modo, “Exploradores del abismo”), la dialéctica entre mezquindad e inocencia (“El viaje”), la inquietante coherencia del sinsentido (“Las ideas”, “Un cuervo sobre la nieve”) o el dolor asociado a la quiebra de lo que aún no ha comenzado (“El corte”) son algunos de los motivos recreados con una prosa firme, penetrante y precisa que aúna la contención estilística y una especie de desordenada elegancia que confiere un sello muy singular a la francamente atractiva escritura de Pron. En “La visita al maestro” (¿Bolaño?) leemos que “en el mundo había [hay] una cantidad limitada de felicidad que iba [va] pasando de persona en persona”. Quizás la dolorosa conciencia de esta agria verdad es lo que hace que Pron, escritor dotado de una voz sutil y poderosa, palie con tenues hebras de piedad y compasión la fea y arruinada realidad que relata. Un libro extrañamente hermoso y contundente. 


[p. m. Publicado en Agitadoras. Revista cultural, nº 12, abril 2010]