Anna Dello Russo (fotografía de Helmut Newton)
"La rebeldía de nuestro tiempo, generalizada también como producto, se expresa en las dos variantes del representante contracultural y el consumidor perpetuamente insatisfecho. Por supuesto, los límites entre uno y otro existen; sin embargo, hoy son mucho más porosos que ayer, pero menos que mañana. En cualquier caso, ambos comparten el prurito de la transgresión. Hasta tal punto es así que la transgresión se realiza para que alguien la pueda consumir y el consumo cultural de transgresión se vuelve imprescindible para renovar el deseo de nuevas transgresiones. He aquí el secreto de esta transfiguración: para que la rebeldía se generalice, debe aceptar el orden, del mismo modo que para que se den procesos de participación deben ser planificados. Así, el rebelde de nuestro tiempo ya no puede invocar ningún valor positivo al que sacrificarse. Más bien niega la preeminencia de cualquier valor sobre otro, y esto lo hace en nombre de su inalienable libertad de elección.
La operación tiene dos corolarios: primero, banaliza la tragedia de la muerte del rebelde (...) y, segundo, la libertad queda sujeta a nada, se vuelve abstracta y sin contenido. Ambas permiten adaptarse mediante la rebeldía al espasmo continuo en que se ha convertido la revolución tecnológica. La compulsión es su motor y su fin último, por eso la necesidad del conflicto y del antagonismo, por eso instiga a rebelarse en todo momento. La rebeldía democratizada, institucionalizada y consumible es el trasunto de la producción industrial de la existencia. Por ello en más de un sentido no faltan rebeldes: más bien sobran (...)
El tiempo de la indignación (...) no es el tiempo de la revolución contra el orden (...). Ir en su contra supondría aceptar una reducción drástica de muchas comodidades y prebendas que la organización técnica nos ofrece, y esa perspectiva no es alentadora para la mayoría. Más bien es exactamente lo contrario de lo que defienden cuando se indignan, aunque su forma de demostrarlo sea en ocasiones ambigua. No podría ser de otro modo, pues se acaba defendiendo aquello que por un lado nos oprime y por otro nos mantiene vivos"
[Colectivo Cul de Sac, Obedecer bajo la forma de rebelión. Tesis sobre la indignación y su
tiempo, Alicante, 2012, pp. 47-48 y 53-54]
Elegante sorites nos ofrece vuesa ilustre merced Clément, el litote anti-protesta, anti-rebelde, anti-sobresentienda, un voluptuoso y bello y raro camafeo con el que abrochar la garganta de la cancillesa en este glorioso fin de fiesta, delicioso estrambote, como diría él: Y luego, incontinente,
ResponderEliminarcaló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada. ¡Sí, hombre!
Estimado JL, su comentario me ha fascinado (desde el punto de vista formal), si bien he tenido que leerlo dos veces para entender su contenido. Ese reproche, si lo es, debe usted dirigirlo a los autores. No mate al mensajero.
ResponderEliminarSaludos.
http://laindustriadelplacer.blogspot.com.es/2013/02/cruce-de-miradas-en-el-escaparate-de-un.html?m=1
ResponderEliminarSaludos, Clément.
http://laindustriadelplacer.blogspot.com.es/2013/02/cruce-de-miradas-en-el-escaparate-de-un.html?m=1
ResponderEliminarSaludos, Clément.
Gracias por el texto. He visto en diagonal la referencia a Koolhaas y los centros comerciales (ay, Koolhaas) y me he impuesto la obligación de leerlo. Es una alegría verte de nuevo en este humilde chamizo digital.
ResponderEliminar¡Mueran los imbéciles! ¡Viva Luis Marginya!
ResponderEliminar¿Mueran los imbéciles? Bueno, tampoco es cuestión de ponerse en plan genocida.
ResponderEliminarMagrinyà es un (muy) buen escritor.
A veces el arte tiene un escape en la rebeldía, me refiero al arte público entendido como un ejercicio estético y ético. Dos conceptos inseparables ya, Clément. Gracias por estas lecciones de auténtica modernidad, limpia de polvo y paja.
ResponderEliminarAbrazo
Il faut être absolument moderne (y no 'modelne').
ResponderEliminarBueno, no es una lección mía, eh. En general, el libro está bastante bien. Saludos, Manuel.