viernes, 22 de marzo de 2013

Páginas que salvan libros



Me reí mucho viendo el vídeo de la presentación de la segunda edición argentina de Las teorías salvajes, celebrada en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Me reí mucho y me invadió un contradictorio sentimiento de piedad al ver que uno de los presentadores culminaba su pedante, inteligente, insultante, babeante y a ratos brillante intervención armando el gesto de aplaudirse a sí mismo cuando el público empezó a aplaudir, ademán que frenó en seco no bien reparó en que estaba… aplaudiéndose a sí mismo. 

Estoy persuadido de que, en España, muchos de los comentaristas de Las teorías salvajes –un libro, es preciso recordarlo, que hace dos o tres años fue objeto de una recepción histérica, hiperbólica y absolutamente desproporcionada en nuestro medio– no entendieron la novela. Mejor dicho: con pocas y honrosas excepciones, la mayoría de los desmelenados palmeros de Pola Oloixarac dieron por descontado que la (discutible) tesis política de la novela –cosa distinta es el background filosófico– puede ser extrapolada sin violencia a cualquier contexto. He releído estos días algunas partes del libro y he recordado el ataque de risa que me provocó la lectura de la (demoledora) escena de la presentación de la película de la pequeña Kamtchowsky. Ahí va:

“El módico parnaso ofrecía una tarima, una mesa de fórmica y un micrófono. Acababan de llegar dos panelistas: un gordo de pelo largo y canoso a lo Susan Sontag y una mujer de rasgos afilados, pelo corto color caoba, anteojos puntiagudos, que fue presentada como miembro de AOL, la Asociación de Orientación Lacaniana. El pelilargo acostaba y enderezaba un paquete arrugado de Particulares; se mencionó su status de funcionario cultural y él entrecerró los ojos en signo de prestigio y seriedad. Pabst juraba haber leído al gordo pelilargo declarar: “Por aquel entonces yo era muy sartreano, y bueno, aquello no era ninguna conga”, pero no se acordaba exactamente dónde.
El murmullo se disipó rápidamente. Gentiles, las moscas se retiraron al hall donde aguardaban las bebidas y canapés. Empezó la mujer:
–Cuando se llena un intersticio, se entresaca un cistirse.
La frase emprendió su habitual viaje vestibular, rozó los tímpanos y anidó en el cerumen de la audiencia.
–El film de K ­–volvió a empezar la mujer, apoyando los codos sobre la mesa de fórmica y confirmando la presencia de un machete bajo las uñas. Su cuello de ave lacanomonacal se curvó al impostar–: Diremos K-“K”, que también es un Proceso, el nombre-protagonista de otro encierro. Qué pasa con ese desvelarse, con esa mostración cuya etimología pone en juego al monstruo: monstruo viene de mostrar. La monstrua que menstrúa, y allí también, la pregunta por el deseo femenino en la posmodernidad de su saber-se sí misma, ante-sí, de-sous y de soi: su “soy”. Cómo pensar, y cómo dejar de pensar, en una escritura que comienza existiendo en la intersección de la oralidad-genitalidad: en el orar de la hija, en el genito del padre. Un progenitor oral, y allí la paradoja, tapa la totalidad de la boca. El límite, en efecto, que se disuelve en su boca. En la boca: el padre acaba y, al mismo tiempo, no acaba. –La mujer se detuvo para tomar agua. El pájaro horrendo había detectado a Kamtchowsky–. ¿Cómo atar esa sexualidad, cómo pegársela a la boca, al órgano del habla y del decir? Tu texto, tu documental resiente asimismo el juego en la cuestión del asistirse a sí mismo; asistir-se: forma de la cistitis que es un A, un comienzo, la letra que abre la boca. La cistitis niega la genitalidad: la forcluye en ese lugar perimido del goce no dado: sustituye el lugar del dolor por agacharse y que duela. Es la imposibilidad del dar siquiera un uso de escape a ese órgano atrapado en el deseo marcado por la Uretra del Otro. Y al mismo tiempo, es una cura, en sentido de cura: sorge, de lo que se te ordena en tu propio nombre: tu padre te ha dado un nombre, y con la misma boca te hace conocer la verdad en (cabe, bajo, contra, de) la prohibición misma del padre. Ahora levanto la vista y voy de mi texto a la audiencia: la ley del Padre entra y sale del decir de la Hija (la h, la exhalación, el vacío del habla castellana), ella se ahueca, y simbólicamente lo vuelve a encerrar dentro de sí en esa afirmación-negación de la genitalidad, en ese tapar-toda-la-boca en la Hija del Padre”

[Las teorías salvajes, pp. 262-263] 

9 comentarios:

  1. y cuáles son esas honrosas excepciones, si se puede saber?

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  2. María José Furió y Vicente Luis Mora. Mora no es, desde luego, santo de mi devoción, pero hizo una reseña acertada, creo.

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  3. A mí precisamente me ocurrió que ese bombardeo histérico de los medios me produjo tal mosqueo que pasé de la novela. Fue un tinglao realmente vergonzoso, a la autora sólo le faltó salir de portada del Interviú.
    Al final todo eso no sé si a la larga resulta contraproducente, de hecho, ¿se sabe algo más de ella?

    Abrazo

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  4. También yo creo que fue contraproducente. El libro no está mal y ella tiene una voz propia. En cuanto al contenido, más que provocador (ése era el objetivo) resulta algo cargante (y es, en el fondo, un poco ingenuo).
    Abrazo.

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  5. novela con chispazos, autoparódica, complaciente, aburrida, pero la autora está tremenda. Ese es el chiste, Witz. Un pibón que hace ironía. La industria editorial crea semblantes novedosos. Por cierto, en la foto está muy Bellucci, mamacita.
    5 sobre 5
    DrJ

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  6. Doc, Doc, Doc... aquí se habla SÓLO de libros...
    6 sobre 5... (uy, un traspiés lacaniano...)
    Saludos

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  7. jajaja si q te gusta Lacan: normal, sin pasar primero por caja... Ah, esta mañana recordaba Tiempo de Silencio, de Martin Santos, y la parodia de la conferencia de Ortega y Gasset, "esta manzana que ustedes ven...". Tengo q volver a leer eso.
    Repito, Pola, tremend. Si no puedo tener al minón, tendré sus afiches y tangos.
    saludos
    DrJ
    una víctima más del realismo post-moderno

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  8. No recordaba lo de Tiempo de silencio, así que gracias. Toda parodia de Ortega (y de los "ortegajos", como diría Ferlosio) es bienvenida
    Saludos, observador austral

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  9. saludos pa usted!
    lo bueno es que la conferencia tuvo lugal en la actual sala Pachá de Madrid..jaja
    el único blog q me provoca hondas
    evocaciones

    lo dicho, habrá q organizar un día una party
    eso sí, q vengan las zombi girls y las polas

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