Me reí mucho viendo el vídeo de la
presentación de la segunda edición argentina de Las teorías salvajes, celebrada
en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Me reí mucho y me invadió un
contradictorio sentimiento de piedad al ver que uno de los presentadores
culminaba su pedante, inteligente, insultante, babeante y a ratos brillante
intervención armando el gesto de aplaudirse a sí mismo cuando el público empezó a aplaudir, ademán que frenó en seco no bien reparó en que
estaba… aplaudiéndose a sí mismo.
Estoy persuadido de que, en España, muchos de los comentaristas de Las teorías salvajes –un libro, es preciso recordarlo, que hace dos o tres años fue objeto de una recepción histérica, hiperbólica y absolutamente desproporcionada en nuestro medio– no entendieron la novela. Mejor dicho: con pocas y honrosas excepciones, la mayoría de los desmelenados palmeros de Pola Oloixarac dieron por descontado que la (discutible) tesis política de la novela –cosa distinta es el background filosófico– puede ser extrapolada sin violencia a cualquier contexto. He releído estos días algunas partes del libro y he recordado el ataque de risa que me provocó la lectura de la (demoledora) escena de la presentación de la película de la pequeña Kamtchowsky. Ahí va:
Estoy persuadido de que, en España, muchos de los comentaristas de Las teorías salvajes –un libro, es preciso recordarlo, que hace dos o tres años fue objeto de una recepción histérica, hiperbólica y absolutamente desproporcionada en nuestro medio– no entendieron la novela. Mejor dicho: con pocas y honrosas excepciones, la mayoría de los desmelenados palmeros de Pola Oloixarac dieron por descontado que la (discutible) tesis política de la novela –cosa distinta es el background filosófico– puede ser extrapolada sin violencia a cualquier contexto. He releído estos días algunas partes del libro y he recordado el ataque de risa que me provocó la lectura de la (demoledora) escena de la presentación de la película de la pequeña Kamtchowsky. Ahí va:
“El módico parnaso ofrecía una tarima,
una mesa de fórmica y un micrófono. Acababan de llegar dos panelistas: un gordo
de pelo largo y canoso a lo Susan Sontag y una mujer de rasgos afilados, pelo
corto color caoba, anteojos puntiagudos, que fue presentada como miembro de
AOL, la Asociación de Orientación Lacaniana. El pelilargo acostaba y enderezaba
un paquete arrugado de Particulares; se mencionó su status de funcionario
cultural y él entrecerró los ojos en signo de prestigio y seriedad. Pabst
juraba haber leído al gordo pelilargo declarar: “Por aquel entonces yo era muy
sartreano, y bueno, aquello no era ninguna conga”, pero no se acordaba
exactamente dónde.
El murmullo se disipó rápidamente.
Gentiles, las moscas se retiraron al hall donde aguardaban las bebidas y
canapés. Empezó la mujer:
–Cuando se llena un intersticio, se
entresaca un cistirse.
La frase emprendió su habitual viaje
vestibular, rozó los tímpanos y anidó en el cerumen de la audiencia.
–El film de K –volvió a empezar la
mujer, apoyando los codos sobre la mesa de fórmica y confirmando la presencia
de un machete bajo las uñas. Su cuello de ave lacanomonacal se curvó al
impostar–: Diremos K-“K”, que también es un Proceso, el nombre-protagonista de
otro encierro. Qué pasa con ese desvelarse, con esa mostración cuya etimología
pone en juego al monstruo: monstruo viene
de mostrar. La monstrua que menstrúa,
y allí también, la pregunta por el deseo femenino en la posmodernidad de su
saber-se sí misma, ante-sí, de-sous y
de soi: su “soy”. Cómo pensar, y cómo
dejar de pensar, en una escritura que comienza existiendo en la intersección de
la oralidad-genitalidad: en el orar de
la hija, en el genito del padre. Un
progenitor oral, y allí la paradoja, tapa la totalidad de la boca. El límite,
en efecto, que se disuelve en su boca. En la boca: el padre acaba y, al mismo
tiempo, no acaba. –La mujer se detuvo para tomar agua. El pájaro horrendo había
detectado a Kamtchowsky–. ¿Cómo atar esa sexualidad, cómo pegársela a la boca,
al órgano del habla y del decir? Tu texto, tu documental resiente asimismo el
juego en la cuestión del asistirse a sí mismo; asistir-se: forma de la cistitis que es un A, un comienzo, la letra
que abre la boca. La cistitis niega la genitalidad: la forcluye en ese lugar
perimido del goce no dado: sustituye el lugar del dolor por agacharse y que
duela. Es la imposibilidad del dar siquiera un uso de escape a ese órgano
atrapado en el deseo marcado por la Uretra del Otro. Y al mismo tiempo, es una
cura, en sentido de cura: sorge, de
lo que se te ordena en tu propio nombre: tu padre te ha dado un nombre, y con
la misma boca te hace conocer la verdad en
(cabe, bajo, contra, de) la prohibición misma del padre. Ahora levanto la
vista y voy de mi texto a la audiencia: la ley del Padre entra y sale del decir
de la Hija (la h, la exhalación, el
vacío del habla castellana), ella se ahueca, y simbólicamente lo vuelve a
encerrar dentro de sí en esa afirmación-negación de la genitalidad, en ese
tapar-toda-la-boca en la Hija del Padre”
[Las
teorías salvajes, pp. 262-263]
y cuáles son esas honrosas excepciones, si se puede saber?
ResponderEliminarMaría José Furió y Vicente Luis Mora. Mora no es, desde luego, santo de mi devoción, pero hizo una reseña acertada, creo.
ResponderEliminarA mí precisamente me ocurrió que ese bombardeo histérico de los medios me produjo tal mosqueo que pasé de la novela. Fue un tinglao realmente vergonzoso, a la autora sólo le faltó salir de portada del Interviú.
ResponderEliminarAl final todo eso no sé si a la larga resulta contraproducente, de hecho, ¿se sabe algo más de ella?
Abrazo
También yo creo que fue contraproducente. El libro no está mal y ella tiene una voz propia. En cuanto al contenido, más que provocador (ése era el objetivo) resulta algo cargante (y es, en el fondo, un poco ingenuo).
ResponderEliminarAbrazo.
novela con chispazos, autoparódica, complaciente, aburrida, pero la autora está tremenda. Ese es el chiste, Witz. Un pibón que hace ironía. La industria editorial crea semblantes novedosos. Por cierto, en la foto está muy Bellucci, mamacita.
ResponderEliminar5 sobre 5
DrJ
Doc, Doc, Doc... aquí se habla SÓLO de libros...
ResponderEliminar6 sobre 5... (uy, un traspiés lacaniano...)
Saludos
jajaja si q te gusta Lacan: normal, sin pasar primero por caja... Ah, esta mañana recordaba Tiempo de Silencio, de Martin Santos, y la parodia de la conferencia de Ortega y Gasset, "esta manzana que ustedes ven...". Tengo q volver a leer eso.
ResponderEliminarRepito, Pola, tremend. Si no puedo tener al minón, tendré sus afiches y tangos.
saludos
DrJ
una víctima más del realismo post-moderno
No recordaba lo de Tiempo de silencio, así que gracias. Toda parodia de Ortega (y de los "ortegajos", como diría Ferlosio) es bienvenida
ResponderEliminarSaludos, observador austral
saludos pa usted!
ResponderEliminarlo bueno es que la conferencia tuvo lugal en la actual sala Pachá de Madrid..jaja
el único blog q me provoca hondas
evocaciones
lo dicho, habrá q organizar un día una party
eso sí, q vengan las zombi girls y las polas