“Hoy
nadie se está quieto, estarse quieto hoy parece que casi es pecado. Si te paras
un momento te preguntan que qué te pasa, si te has puesto enfermo. Es decir,
vivimos inmersos en una vorágine de locura e hiperactividad. Es decir, ya no
son los niños, los clásicos niños hiperactivos, los únicos que tienen el
problema. Es que todo el mundo se ha vuelto hiperactivo. Los adultos, ahora,
parecen, precisamente, niños patológicamente hiperactivos, con teléfonos
móviles en ristre, rodeados de BlackBerrys, de portátiles, de todo tipo de
dispositivos tecnológicos muchas veces siniestros y embarcados en una carrera hacia
adelante que probablemente nos lleve a estamparnos contra un muro de cemento
negro y que no nos va a llevar a ningún sitio. Pero bueno, en eso estamos, es
el río, es la máquina del mundo que nos lleva. Entonces yo creo que, hoy más
que nunca, es necesario sentarse y pensar, sentarse y no hacer nada. O dicho de
otro modo, hacer nada (…)”
Roger
Wolfe (en una entrevista radiofónica).
PARÁFRASIS:
“Hoy
nadie se está callado, estarse callado hoy parece que casi es pecado. Si te
callas un momento te preguntan que qué te pasa, si te has puesto enfermo. Es
decir, vivimos inmersos en una vorágine de locura e hiperlocuacidad. Es decir,
ya no son los niños, los clásicos niños hiperlocuaces, los únicos que tienen el
problema. Es que todo el mundo se ha vuelto hiperlocuaz. Los adultos, ahora,
parecen, precisamente, niños patológicamente hiperlocuaces, con teléfonos
móviles en ristre, rodeados de BlackBerrys, de portátiles, de todo tipo de
dispositivos tecnológicos muchas veces siniestros y embarcados en una carrera hacia
adelante que probablemente nos lleve a estamparnos contra un muro de cemento
negro y que no nos va a llevar a ningún sitio. Pero bueno, en eso estamos, es
el río, es la máquina del mundo que nos lleva. Entonces yo creo que, hoy más
que nunca, es necesario sentarse y callar, sentarse y no decir nada. O dicho de
otro modo, decir nada (…)
Qué bueno! Estos días estoy leyendo sobre las propiedades del ayuno para limpiar el organismo, creo que tb deberíamos reivindicar poder tener nuestros viernes de vigilia lingüística:)
ResponderEliminar¿Y qué decir de los tertulianos? A veces imagino la posibilidad de una operación quirúrgica (reversible, tampoco es plan ponerse en plan Dr. Mengele) que neutralice las cuerdas vocales de la recua de tutologos, los tertulianos. No sé, un mes de silencio, sólo eso... ¡qué infinita paz y qué sosiego!
ResponderEliminarabz.
Pensé que la entrada estaba en blanco, no habría sido mala solución. Esto de la desobediencia civil, llamarle con ese nombrejo me parece ya denigrante, no es una cuestión moral sino práctica. A falta de pan, buenas son tortas. no hay nada que merezca la pena oir entre los opinadoresd profesionales de la caja tonta.
ResponderEliminarabrazo
Bueno, la desobediencia civil es una institución con una historia larga, gracias a la cual la vida de muchas gentes se ha hecho menos insoportable. El problema es que, por lo general, no se explica bien qué es la desobediencia civil –y, particularmente, uno de sus rasgos definitorios: la aceptación voluntaria del castigo–. Joder, joder, Manuel, que ya parezco un tertuliano....
ResponderEliminarabrazo