"Si cualquier mente espera dirigirse a otra (o inclusive a sí misma) persuasivamente, como yo quiero ahora dirigirme al lector y a mis propios pensamientos, tiene por fuerza que suponer la existencia de un solo sistema de acontecimientos al que ambas mentes responden y que comprende sus respectivos cuerpos y acciones, Suponiendo la existencia de tal mundo común es fácil ver cómo pueden los animales adquirir conocimiento de él y comunicarlos. Los acontecimientos materiales despertarán en ellos intuiciones correspondientes a sus diversas situaciones, facultades y pasiones; y su naturaleza activa (puesto que son animales y no plantas) los obligará a considerar a muchas de las esencias, así dadas en la intuición, como signos del medio en que se mueven, modificándolo y siendo afectados por él. Esta suposición se justifica a cada momento en la práctica y establece, en los hábitos de todos los hombres en proporción a su capacidad, una adaptación adecuada al Reino de la materia, y en su imaginación un cuadro satisfactorio del mismo"
[George Santayana, Los Reinos del ser,
México DF, Fondo de Cultura Económica, 1959, prefacio, pp. 7-8]

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