viernes, 27 de marzo de 2015

Sentimentalismo, ¿y?






El pudor, ah, el pudor... He desechado decenas (acaso cientos) de poemas. ¿La razón? Mi relación casi esquizofrénica con el sentimentalismo –al que considero tan inevitable como detestable–. En un ciclo postutópico que solo promete «ilusión» (vgr. Podemos), es casi un delito «emocionarse así», como diría Fernández Porta. Desecho sistemáticamente todos esos textos que, leídos cinco o diez veces, considero que exudan sentimentalismo, aunque no sea más que tangencialmente. Este poema es uno más de los que duermen en ese purgatorio sentimentalista. Lo escribí cuando el nano iba a cumplir doce palitroques. Foster Wallace se había colgado un par de meses antes y el capitalismo financiero mostraba su verdadero rostro, su doble verdad, su doble moral y su doble contabilidad, como diría Vázquez Montalbán. Tal vez fue entonces cuando todo empezó a torcerse. No lo sé. El texto debe mucho (demasiado) al maravilloso poema de Roque Dalton «Estudio con algo de tedio». Últimamente no tengo ideas y quiero que este blog no languidezca, aunque la muerte de un blog –de este blog, quiero decir– sea irrelevante. Bueno, ahí va un poema rescatado de mi purgatorio personal.    


Cumpleaños (noviembre de 2008)                                                                                            

«Os habla, más que yo, mi primer vino
mientras la piel que sufro bebe sombra»
(Roque Dalton, «Estudio con algo de tedio») 


Ayer noche he llorado unos segundos
leyendo una vez más «Palabras para Julia».
No sé muy bien por qué lloré, ahora
me ayudo a comprenderlo descontando
mi sentimentalismo nihilista incorregible.
Es verdad que bebí mucho vino, es verdad
que eran las cuatro y media y que no había
palomas matutinas defecando
en la repisa del ventanal del comedor
ni gritos de vecinos que acaso se odian
en familia o que copulan rozando las paredes.
Es verdad que estaba solo y no pasaba
ningún coche royendo con su estruendo
la arteria de la urbe que nos duele, que nadie
gritaba en nuestra calle, que solo el viento
pulía como una lija la noche de madera.
Es verdad también que me atrapó
una tediosa tristeza daltoniana, que hablaba
el millonésimo vino de mi vida y que pensé
que esta piel no es ya la de los quince años,
que estaba casi muerto de cansancio
y que la víscera fantoche empujaba sangre
como loca a las muñecas y a las sienes.
Es verdad que me dolió pensar, mordiéndome las uñas,
que el materialismo histórico es otra escatología,
que Dios no existe, que estamos solos
y que el Ser es una lacra prestigiada. Es verdad
que recordé a tu abuelo y que lo imaginé
heideggerianamente anonadado ante la tele
viendo cómo 20+(1) siervos están refundando
el capitalismo en Washington DC. Y es verdad
que pensé que el martes cumples doce,
que te sentí demasiado intensamente.
Ayer he llorado unos segundos leyendo
«Palabras para Julia». Leyéndolas en ti
pasé la mano por mi rostro
y las lágrimas se acomodaron en un surco
que cronos ha aricado en esta piel
que, es verdad, no es ya la de los quince años.

2 comentarios:

  1. Muy bueno. No sé qué te hace pensar que es sentimental. Yo lo veo incluso frío. Saludos.
    Blanca

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    1. Emmm... bueno, pues muchas gracias, Blanca, pero yo lo veo algo refitolero.
      Un saludo

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