miércoles, 24 de junio de 2015

Ferlosio, las cosas de la lógica y la lógica de las cosas




(Para Rosa Rossi)  Anoche he sentido una fuerte emoción al leer, citadas en un libro, estas palabras de Teresa de Ávila: «En lo que he vivido he visto tantas mudanzas, que no sé vivir». El pobre pícaro de aquellos tiempos creía que en la mudable confusión, en la ruidosa y agitada sinrazón de cuanto lo rodeaba, aprendía a vivir, adquiría lo que hoy llaman «experiencia del mundo». A semejanza de él, el marginal del siglo xx  que aprende a bandeárselas logra, siquiera sea precariamente, «salir adelante» dentro del medio dado, proclamando que «la calle le ha enseñado todo lo que sabe de la vida», toma por experiencia lo que al igual que el savoir vivre de su contrafigura, el burgués acomodado, no es más que la claudicación ante «la lógica de las cosas», o sea cruda adaptación, que viene a ser exactamente lo contrario que experiencia, pues adaptar y acostumbrar la mirada al «mundo como es» es, a la vez, cegarla para ver «cómo es el mundo». Con su «no sé vivir», Teresa de Ávila expresa el extrañamiento del mundo y de la vida, el sentimiento de alienidad, de distancia y de vulnerable desnudez con respecto al medio dado, sentimiento de intemperie que es justamente el solar raso sensiblemente receptivo a la experiencia. Hoy, lo mismo que en el siglo xvi, en todo «saber vivir», ya sea de siervos o de señores de la calle, hay objetivamente como una especie de coágulo obstructor, de indisoluble trombo circulatorio de estolidez o de encanallamiento.

[Rafael Sánchez Ferlosio, Campo de retamas (Pecios reunidos), ed. al cuidado de I. Echevarría, Barcelona, Penguin Random House, 2015, 85-86.]

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