sábado, 27 de junio de 2015

Las buenas intenciones



Si mi respuesta a las solemnes proclamaciones de buenos propósitos que un amigo mío verbaliza invariablemente después de los gargantuescos fastos navideños y de la ineludible borrachera de fin de año –apuntarse a un gimnasio, mejorar su inglés, leer (más) teoría postcolonial, dejar de fumar, dejar de beber, dejar de blasfemar y similares– suele ser un silencio indulgente, fraternal y hasta caritativo –sé positivamente que no hará nada de lo que se promete a sí mismo y que todo seguirá igual–, la reacción que disparan en mi mente esas vigorosas declaraciones de intenciones que, cuando empieza a apretar el calor, algunos incautos vierten con un dejo de injustificada jactancia en sus rostros –típicamente: «este verano voy a leer todo lo que no he podido leer durante el año»– se parece bastante a lo que Beckett llamó la risa sin alegría: lo primero que pienso es que estoy hablando con un iletrado que, sin que nadie se lo haya preguntado, reconoce implícitamente que no lee ni relee nunca o casi nunca.

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2 comentarios:

  1. qué pedazo de cabrón, leer teoría postcolonial...desde luego...
    un abrazo

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    1. Todavía no te considero inhabilitado para entender la ironía.
      abrazo.

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