viernes, 5 de junio de 2015

Escribir y redactar



Hace unos meses estaba leyendo un suplemento cultural –sí, todavía lo hago­­– y me llamó mucho la atención este párrafo; pertenece a un artículo cuyo título, desafortunadamente, no recuerdo:   
«El verdadero problema lingüístico actual, en mi opinión, no es la globalización idiomática, sino la gradual supremacía de la redacción sobre la escritura, tanto en ámbitos frívolos como eruditos, un problema que habría que atacar desde la escuela. Mientras que la escritura tiene su semilla en el uso oral del lenguaje, y de él se nutre, la redacción nace con una sordera crónica, desligada de los movimientos íntimos del habla, a la que sin embargo remeda groseramente, y de ahí su éxito y su propagación inmensa, desde las revistas de avión a las académicas». (Fabio Morabito, Babelia,10/11/2014)
«Me llamó mucho la atención» es una forma eufemística de decir que la lectura del párrafo de Morabito me provocó cierta irritación o, para decirlo con sinceridad y precisión, un cabreo considerable. Incluso si aceptamos la dicotomía redacción / escritura en los términos arriba reproducidos –lo cual, a mi modo de ver, ya es conceder mucho–, me parece que saber redactar es un prerrequisito elemental –o, mejor dicho, es el prerrequisito básico– para poder «escribir». En mi modesta opinión, es esta una verdad trivial que, por la razón que sea, algunas veces se cuestiona alegremente. Sería una exageración –y, desde el punto de vista filosófico, un error– afirmar que el axioma «si no sabes redactar, no puedes “escribir”» es una verdad de las denominadas analíticas, aunque a mi juicio lo es –en su blog, uno puede permitirse ciertas alegrías e incluso alguna que otra arbitrariedad filosófica–.
La lectura del párrafo de Morabito me provocó, además, una especie de cosquilleo nemotécnico, esa sensación de déjà vu que todos hemos experimentado alguna vez –«esto lo he leído en otro lugar», «esta situación la he vivido ya», etc.–. En efecto: estuve un buen rato fatigando tozudamente la biblioteca y, finalmente, voilà, di con lo que buscaba:
«Otra regla, la definitiva: jamás confundir redacción con escritura. La redacción no tiende a intensificar la vida; la escritura tiene como finalidad esa tarea. La redacción difícilmente permitirá que la palabra posea más de un sentido; para la escritura la palabra es por naturaleza polisemántica: dice y calla a la vez; revela y oculta. La redacción es confiable y previsible; la escritura nunca lo es, se goza en el delirio, en la oscuridad, en el misterio y en el desorden, por más transparente que parezca». (Sergio Pitol, El arte de la fuga)
Dejemos a Morabito y Pitol con sus fantasiosas dicotomías y vayamos al tema: ¿a qué viene esto? Pues viene a propósito de mi estupor y mis temblores: nada menos que la vigesimotercera «edición» de un manual de redacción –muy popular, publicado por una editorial de prestigio– ­está plagada de errores, la mayoría elementales. Bueno, no exageremos: el libro tiene bastantes errores… ¡Pero es que estamos hablando de un manual de redacción «editado» veintitrés veces! No pretendo zaherir o desautorizar a nadie, de modo que omitiré el nombre del autor, el título del libro y el sello en el que ha sido reimpreso –¿aprenderemos alguna vez que reimprimir no es lo mismo que reeditar?– veintitrés veces. Veamos algunos errores:

«El estilo y el método es al autor, [sic: coma superflua] como el carácter a la persona»

«Sea de un modo más o menos consciente, en todos estos usos discriminamos a las mujeres: cuando no las mencionamos, cuando lo hacemos con palabras en masculino, [sic: coma superflua] o cuando las subordinamos a los hombres»  

«Algunos estudiantes prueban la técnica una vez y, si les gusta, repiten. A medida que la practican, la adaptan a sus necesidades y se [sic el reflexivo: es un catalanismo] la hacen suya»

«Tengo que reconocer que resulta más difícil entender una oración sola, sacada de contexto, sin conocer previamente el tema de qué [sic: tilde errónea] trata».

«Jordi Arcarons […] continua [sic: falta tilde] con su obstinación de sumar etapas en el rally París-Dakar» (es un ejemplo, pero de igual modo que, correctamente, se ha escrito tilde en «París», el autor del manual debería haber colocado tilde en continúa).

«[…] de manera que el lector va leyendo, despreocupado, el curso sintáctico de la frase, hasta que llega al final y se percata –¡oh sorpresa– que [sic: ausencia de la preposición “de” antes de “que”] ya no se acuerda de cómo empezaba […]»

«Autores y autoras debemos respetar escrupulosamente estas limitaciones si queremos garantizarla y ahorrarte [sic: clamoroso fallo de concordancia] paradas súbitas, relecturas reiteradas […]»

Bien, me parece que ya es suficiente. No soy uno de esos cretinos que va por la vida dando lecciones a los demás –al menos, trato de no serlo–, pero se da el caso de que este libro –insisto, un manual de redacción– cuesta dinero. ¿No es razonable reclamar que se reedite «de verdad»? Lo que en el fondo pretendía decir es que nunca se acaba de aprender a escribir… ¿o a redactar? Volvamos ahora a la dicotomía de la que hablan Morabito y Pitol con tanta seguridad y tanta poesía… Bueno, casi lo dejamos para otro post. Es la hora de pensar en el dilema de  Jørgensen...  


viernes, 22 de mayo de 2015

Quería hablar de una coma incorrecta (reiteradamente utilizada por los escribas), pero... otra vez será

Shane MacGowan



Buen poema, Shane. Soberbia interpretación. Esto merece ser «elevado» al blog. Ah, «all the love that I (that we) gave».   


Christmas lullaby

It seems like a freeze out
It seems like a freeze 
Stumbling I fell down 
And prayed on my knees 
The ice wagon's coming 
To pick up the stiffs 
Had a chat with an old one 
He was gone in a jiff 
And Santa and his reindeer 
Jumped over the moon 
So hush little child 
Santa's coming here soon 

Tura lura luray 
Tura lura lie 
Tura lura luray 
It's a Christmas lullaby 

(Again) 

I hope you grow up angry 
Just like your dear old dad 
I hope you grow up brave and strong 
Not like me - all weak and sad 
You said «Daddy, daddy, 
You're stinking of booze» 
I kissed him and said: «Kid, 
I was born to lose. 
But you have a future 
And a big one to say 
And I hope you'll remember 
All the love that I gave» 

Tura lura luray 
Tura lura lie 
Tura lura luray 
It's a Christmas lullaby 
(Again)

Here's to all the little kids 
Who haven't got no clothes 
Here's to all the little kids 
Who haven't got no homes 
It's Christmas time in Palestine 
It's Christmas in Beirut 
They're scrapping 'round for rice 
Not for tutti fruits 
And the Christmas lights, they blew up 
Now the 'lecky's all gone dead 
I look like a coal miner 
And I've a pain inside my head 

Tura lura luray 
Tura lura lie 
Tura lura luray 
It's a Christmas lullaby  
(Again)

*

jueves, 7 de mayo de 2015

Calma, calma




Aunque no puede hablar, me dice a su manera (y varias veces al día) que me va a denunciar por abandono. Así es este blog. No tengo más remedio que inventarme una pequeña historia para apaciguarlo y neutralizar sus amenazas de litigio, de modo que ahí va: una filóloga elogia desmedidamente un poemario y termina su correo electrónico dirigido al autor con una frase tan bella como dolorosa: «Me permito decirte que para mí eres un cerebro privilegiado (lo siento por ti, tendrás que vivir con ello)». Envanecido y a la vez avergonzado, el poeta no sabe qué responder y recurre penosamente (echando mano, además, de una silepsis intencionada) a ese clisé de acuerdo con el cual la mente es un buen siervo, pero un terrible maestro. Es bien consciente de que hoza como un cochinillo en un lugar común («soy un imbécil, soy un imbécil…», piensa), pero cuando ese peculiar zumbido (probablemente creado en el valle del silicio por un fanático de los misiles tomahawk) anuncia la salida irremediable de su mail de respuesta no puede evitar la rememoración del bien conocido proverbio chino: «cuando la flecha está en el arco, tiene que partir». ¿Es un proverbio chino? Ahora no lo recuerdo, la verdad.      

*
No está mal esta versión de Meghan Trainor. ¿Placer culpable otra vez?

domingo, 19 de abril de 2015

Camarasa y Zomeño en el Café Malvarrosa

De izquierda a derecha, Rafael Camarasa (escritor), Jesús Zomeño (escritor y editor), 
Román Piña (escritor y editor) y Leónidas H. Quintrat (poeta y diletante)


Hace exactamente un año estuvimos en la presentación de Piedras negras, libro de relatos que Jesús Zomeño publicó en Lengua de Trapo (2014). Román Piña, el ubicuo, el que está siempre por ahí en medio, como si fuera Dios o Cristóbal Montoro, Román, digo, que acaba de publicar una muy estimable novela, Sacrificio (Salto de Página), me presentó a Zomeño –que, obsérvese, en la foto parece un personaje de Los Soprano–. Aproveché la ocasión para preguntarle a Zomeño por un cuento suyo titulado «Cocktail», relato que en su día leí bastantes veces porque es un extraordinario ejercicio de estilo. «Cocktail» pertenece a Lengua azul (Sloper), libro que Zomeño publicó en 2008, si no me equivoco. Por azar estuve en la presentación de ese libro, que corrió a cargo de Rafael Camarasa, aunque en aquella ocasión no conocí a Zomeño. Fue también Rafael Camarasa, escritor por el que siento una especial simpatía –y que ha inventado un género que, en un ejercicio de arrogancia, me permití bautizar como «fanta-costumbrismo mediterráneo»– el que presentó Piedras negras el año pasado, hace exactamente un año. Rafael Camarasa se expidió en su presentación con una humildad de la que acaso deberían aprender muchos escritores, al menos esos juntaletras que ni siquiera conocen las reglas elementales de la sintaxis, una humildad, la de Camarasa, que me pareció conmovedora y encomiable. Me gustó mucho el libro de Zomeño –a pesar de que el autor confunde un par de veces la perífrasis modal de duda y la de obligación; pecata minuta: hace poco leí un artículo de Martín Caparrós, que pasa por ser uno de los mejores cronistas latinoamericanos (y que, me parece, ganó el premio Anagrama de novela hace unos años), en el que el autor incurría en esa confusión cuatro veces, cuatro, he dicho, en un párrafo de apenas ocho líneas–. Aunque sea demasiado tarde, aprovecho esta ocasión para recomendar la lectura de Piedras negras. Buen libro. El otro día me llegó este cartel de una lectura pública que Camarasa y Zomeño hacen mañana lunes en el Café Malvarrosa. Todo el mundo está invitado.   



viernes, 17 de abril de 2015

Fragmento mil veces escuchado


Fotografía de Diane Arbus


«A ti, la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú, que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar; te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño solo me quedan las cenizas de una sombra de la mentira que tú misma me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud no era como el viejo interludio y sí una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad».

[Fragmento del guion de Léolo, película (de culto) escrita y dirigida por Jean-Claude Lauzon en 1992]

¿Es (sigue siendo) este pasaje muy hermoso o lo que sucede es que me estoy haciendo viejo?