Leí en el Diario de Jules Renard que una vez Baudelaire entró en un café –o en un restaurante, ahora no recuerdo– y dijo "huele a destrucción". Algunos días no necesito entrar en ningún sitio para decir lo mismo y recuerdo lo que escribió Lorena de La Rocha (1956):
"propongo que los poemas destruyan o no existan",
sólo algunos días.
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