lunes, 26 de octubre de 2009

Chet Baker, Groys y la dentadura del artista

Me interesó la anécdota que contó en una entrevista Boris Groys, autor de Bajo sospecha. Una fenomenología de los medios (Valencia, Pre-textos, 2008), libro sobre el que habrá que regresar en una entrada futura –dejemos ahora a un lado el detalle sin importancia de que hay poco futuro. La entrevista no tiene pérdida, la leí partiéndome literalmente la caja. Venenosa lucidez en las respuestas de Groys:


“(…) Pregunta.– Frente a esa exigencia de felicidad, usted ha reivindicado el fracaso, la enfermedad...
Respuesta.– El valor fundamental de las sociedades capitalistas es la salud. Si se ve hoy el amor con buenos ojos, y ya no es esa tragedia que contaban los románticos, es porque han comprobado que practicarlo es saludable, que hacer el amor reduce el estrés o cosas por el estilo. También en Estados Unidos se considera que es bueno pensar una media hora al día porque ha habido estudios que han demostrado que se trata de una actividad que, siempre que no se abuse, genera unos procesos químicos que son provechosos para la buena salud. No hay otra opción para disentir que reivindicar la infelicidad, la enfermedad, el fracaso, la ruina.
P.– ¿No se trata de una mera pose?
R.– Le voy a contar un caso muy ilustrativo. Cuando Alexander Shaburov, un amigo artista, empezó su carrera en los años noventa, fue saludado con muy buenas críticas. Pero no tardaron en advertirle que tenía un problema muy grave: una mala dentadura. Sin embargo, tuvo suerte, y le concedieron una beca para que se arreglara los dientes. Y lo hizo. Y le ha ido bien. Hoy no se puede ser un buen artista si algo va mal a la hora de sonreír.”
Tal vez no falte mucho para que a alguien se le ocurra prohibir que un Shane MacGowan cualquiera pueda subirse al escenario en las fiestas del pueblo “para evitar el fomento de malos hábitos de higiene bucal entre la juventud” o algo similar. Parece estúpido, pero es tristemente posible. Como sea, ahí va (aquí) una interpretación enorme de “Time after time” en la que Chet Baker se presenta ante el público sin un par de dientes –seguramente perdidos en una pelea– y se concentra en lo que importa. Era 1964.

3 comentarios:

  1. ¿Siempre tuvo ese hueco entre los dientes Chet Baker? Apuesto a que no, lo que le daría la razón a Groys. Aunque, ¿cómo pudo mantener fans Michael Jackson una vez se quedó sin nariz?
    Román.

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  2. No lo tuvo siempre, se puso postizos. Groys sugiere que nos encaminamos hacia un mundo en el que acabará prohibiéndose una emisión televisiva en la que aparezca un artista sin un par de dientes, aunque se llame Chet Baker. Un abrazo, Román

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