Cada
vez que se conmemora una efeméride política, se extiende un manto de olvido sobre la
abyección de la historia. ¿Por qué festejar doscientos años de padecimiento y
cainismo? ¿Cuál es el designio de la autocomplaciente celebración de la
promulgación de la fugaz Constitución de Cádiz de 1812? Nadie en este país se
acordará hoy del inicuo Fernando VII, que en 1814 sembró la semilla de la
calamitosa historia constitucional española, culminada este otoño con la reforma furtiva del artículo 135 (BOE, n. 233, de 27 de septiembre de
2011)
¿Acaso
el comité organizador de estos fastos no debería haber pedido asesoramiento a Vilnius Lancastre? Sea como fuere, y
más allá de las justificadas simpatías que pueda despertar el texto de 1812, la
así llamada “Pepa”, estoy muy de acuerdo con esta consideración de Liborio
Hierro: “El constituyente y el legislador, sea cual sea el mágico poder que les
atribuimos, pueden hacer mucho, casi todo, e incluso a veces decir tonterías.
En España es proverbial la ingenua pasión humanista que inspiró al
constituyente de 1812 que, a pesar de las protestas del diputado Villanueva,
acabó por incluir en su artículo 6 la obligación de los españoles de ser justos y benéficos”. Agrega Hierro que no menos ingenuos fueron los pueblos de
las colonias americanas que declararon el derecho a la felicidad. Como dijo D. G. Ritchie,
“The
right, not merely of pursuing but obtaining happiness, which is named as one of
the natural rights in most of American State Constitutions, may seem, in this
world of ours, to be a very large order in the bank of provicence”
es
decir,
“El
derecho no sólo de buscar la felicidad sino de obtener la felicidad, que es
mencionado como uno de los derechos naturales del hombre en la mayoría de las
constituciones de los Estados Unidos de América, puede parecer, en este mundo
nuestro, un cheque demasiado elevado en el banco de la providencia”
¿Dónde
estabas, Vilnius, con tu Aire de Dylan?
Ja, ja, ja, Muy buenas las citas (y el post, reconfortante después de ver las noticias)
ResponderEliminar¿De dónde sacaste lo de Hierro?
un abrazo
¿ Vilnius Lancastre no es un personaje de una novela de Vila-Matas, o es que acaso...? Desde luego el artículo 135 ha sufrido patíbulo. Eso está claro. Pienso, Clément, en la derogación de la inquisición española y los privilegios de la iglesia, que La Pepa acometió. Esto en ese momento quedo claro, y ojalá, sin querer yo hacerme valedor de semejante evento, los políticos que gobiernan hoy, tuviesen el mínimo de honradez que estos torpes románticos meridionales de aquella época tenían. Tienes razón cuando pones en duda que sea una celebración poco más que festiva. Es que por lo visto sólo se está celebrando como una ampliación del carnaval gaditano. Pero eso es por no hemos perdido un poco la memoria, y vamos dando pábulo a cosas que no merece la pena celebrar. Las importantes se nos olvidan.
ResponderEliminarSaludos.
Fe de erratas: Porque hemos perdido la memoria, sólo un poco, lo suficiente para olvidar que, como muy bien dices, de aquellos polvos, estos lodos.
ResponderEliminarEy, S. Está en el libro sobre derechos sociales y ponderación de la Fundación diálogo jurídico (pág.198). Gracias por la visita,
ResponderEliminarabrazo.
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Sí, Manuel, es el protagonista de 'Aire de Dylan', la última de Vila-Matas (estoy acabándola, me ha parecido muy buena, mejor que Dublinesca).
Lo del 135 desequilibra todo el texto constitucional y supone la claudicación de la política (y la restricción de la democracia ya bastante imperfecta que tenemos). La genealogía ideológica de esta reforma es muy clara.
No, hombre, el post es irónico, pero la constitución de 1812 no estaba mal (más allá de que fuera producto de una guerra y de que se aprobara cuando los escritores románticos ingleses nos observaban como una curiosidad antropológica). Digo solamente que da vergüenza ajena el totalitarismo diacrónico que pretende establecer una conexión entre aquel texto de 1812 con el mejor de los mundos constitucionales posibles en el que supuestamente vivimos, olvidando la tormentosa historia constitucional de los siglos XIX y XX (empezando por el olvido de la figura infame de Fernando VII, que reinstauró la inquisición)
Saludos afectuosos.
Desde luego, Señor Cadou. El totalitarismo diacrónico yo tampoco lo quiero, ni el liberalismo anacrónico...parecen transformers!
ResponderEliminarCiertamente es vergonzoso.
En los Cuentos de la Alhambra, hay al principio una descripción de Castilla, sobrecogedora, minimalista puesto que Castilla lo es. El romanticismo usa de estos trucos para crear un ambiente serio, al principio, que luego desmiente con panderetas andaluzas.
Siempre le sigo con atención. Afectuosos, sí.
Por favor, Manuel, no me llames de usted, ni me digas señor, que "sólo" tengo 44 y no soy un señor. Es curioso que la mitología de la Andalucía romántica, su aparato icónico y la supuesta idiosincrasia del pueblo andaluz fue, al menos en parte, una construcción literaria exógena, una creación de escritores de viajes del XVIII (Dalrymple, Amstrong, Thicknesse, Clarke y otros ) y aun de comienzos del XIX. Por cierto, aue haya suerte el día 25.
ResponderEliminarSaludos.
Se celebra -por lo visto- que no nos va quedando ni un puñetero derecho y sí todos los deberes para con el Estado, digo la banca. Qué digo: nos queda el derecho de oír al real gangoso y algunos medrados lacayos pavonearse de unas reformas tan caritativas como necesarias.
ResponderEliminarYa ves que no hacen falta fallas para tener el ánimo bien alto. Sería bonito, sin embargo, empezar a quemar figuritas vivientes. Yo empezaría en Madrid e iría ampliando el perímetro hasta alcanzar los mares.
Luego ya veríamos.
Vengan querellas, que puedo presumir de no tener nada que perder, salvo -quizá- la vida. Si voy a parar a Meco, el saxo es para ti, Clément.
ResponderEliminarTodo resuelto.
Vaya, Raquel, qué antisistémica. ¿Acaso estás descontenta con el maravilloso mundo en el que vivimos?
ResponderEliminarabrazo.
Disculpa. En adelante, Clément, te llamo por tu nombre. Me temo que el azar aquí no cuenta, barrerá de nuevo la gaviota en vuelo bajo. Saludos.
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