viernes, 30 de marzo de 2012

Esa condición


No uso power point y lloro por las noches. Yo sé que ello no es en manera alguna peculiar
 y que antes bien hay otras cosas en el mundo 
más apropiadas para decíroslas cantando. Sin embargo, hoy he dejado caer una mirada lánguida sobre unas cuantas páginas de un viejo libro de Paul de Man para constatar la vigencia de algunas tirrias pretéritas y, tratando de olvidarme de todo, he releído un artículo-alegato de Vicente Molina Foix en defensa de una causa desesperada: el libro de papel. Me he reído mucho no sólo porque estoy bastante convencido de que, en el caso de abrazar alguna causa, sólo vale la pena elegir una que sea desesperada, sino también porque la refinada ironía wildeana del escritor ilicitano me reconforta. Molina Foix ridiculiza allí un texto apologético de Volpi en el que el autor de En busca de Klingsor se degrada a la condición de vendedor a puerta fría de e-readers desesperado por hacerse con una comisión el último día de un mes sin pan. Disfruto riéndome en silencio de los exégetas del presente, cuyos diagnósticos son cada día más efímeros –y caen, por ello, en la obsolescencia inmediata, esa forma tan deplorable de hacer el ridículoíu﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ tanto, ridte, de los adalides del futuro; si existo, es contra el futuro. la existencia es un completo sinsentido. – y, especialmente, de los voceros del porvenir, cuyos desinhibidos arrebatos tecno-escatológicos á la Volpi soslayan invariablemente la cuestión no menor de los daños colaterales.  Bien, ya lo dijeron en su día Max H. y Theodor Wiesengrund A. y no quiere uno ponerse a teorizar en jerga neo-frankfurtiana esta tarde tan triste de primavera. El último libro de Molina Foix (El hombre que vendió su propia cama, Barcelona, Anagrama, 2011) es una sarcástica, penetrante y maliciosa radiografía de la sociedad demente que habitamos estructurada en diez relatos –cuatro de los cuales siguen el juego de After James (ed. 451, 2009)– que orbitan alrededor de un tema: nuestra condición bochornosa, injustificable. Particularmente brillante es el texto homónimo que cierra el libro, que toma como punto de arranque esta nota para un posible relato (no consumado) de Henry James: “3 de noviembre, 1894. ¿No habría un pequeño drama en la idea […] de un hombre extremadamente inteligente y competente, un hombre muy apreciado y admirado en sociedad, gran favorito en ella como conversador y persona brillante, cuyo interior es “imposible” por la grisura de su mujer y sus hijos, su inferioridad a él, su burda, espesa, irremediable estupidez y banalidad.” La sola lectura del fragmento deliciosamente misógino de James ya invita a recorrer las páginas de “El hombre que vendió su propia cama”, un cuento largo que no llega a nouvelle en el que Molina Foix pone en marcha la máquina de relatar y exhibe su dominio de los tiempos narrativos haciendo uso de ese estilo de vaga filiación benetiana y de su peculiar (y reconfortante) sentido del humor. Conjetura: la buena literatura es la que detiene el tiempo en la mente del lector.                             

3 comentarios:

  1. Hola:

    Interesante reseña.

    De Molina Foix tengo en casa sin leer aún La quincena soviética, el premio Herralde de 1988.

    Estas palabras sobre él hacen que quiera leerlo antes que otros libros.

    saludos

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  2. Enlazo interesante artículo, de Juan Goytisolo, que toca el tema del libro y la novela en los "buenos tiempos":

    http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/29/actualidad/1333029133_288022.html

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  3. Gracias, David; llamar a esto reseña es demasiado generoso por tu parte. De Molina Foix me gustó mucho la novela "El abrecartas" (2006); creo que te podría interesar. Luego publicó otro libro de relatos, "Con tal de no morir"; éste no lo he leído.
    Saludos.

    *
    Gracias anónimo, siempre es interesante leer a Woyjtisolo (perdón, me ha salido un chiste de Benet). Gracias, ahora en serio.

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