Gramsci: Antología. II.–1926-1937
[Fecha indeterminada; L. C. 885]
Caro Delio,
no
he leído mucho de Wells, porque sus libros no me gustan mucho. Creo que tú
tampoco perderás gran cosa, por no leerlos, en tu formación intelectual y
moral. Tampoco me ha gustado mucho su libro de historia universal, aunque
intenta (y en eso representa una cierta novedad, por lo menos en la literatura
histórica de Europa occidental) ampliar el horizonte histórico tradicional,
dando importancia no sólo a los griegos, a los egipcios, a los romanos, etc.,
sino también a los mongoles, a los chinos, a los indios, etc. Como escritor de
fantasía me parece que es demasiado mecánico y pesado, y como historiador
carece de disciplina intelectual, de orden y de la mentalidad del método. Dime
si te parece bien esta manera mía de escribir y si comprendes todo lo que escribo.
No te he contestado a la carta anterior. Me ha gustado tu idea de ver el mundo
habitado por elefantes erguidos sobre las patas traseras, con el cerebro muy
desarrollado: claro que, para poblar en grandes cantidades la superficie del
globo, habrían tenido que construir enormes rascacielos. Pero ¿para qué les
habría servido el cerebro sin manos? Los avestruces tienen la cabeza erguida y
libre, caminan con dos patas, pero no por ello se les ha desarrollado mucho el
cerebro. Está visto que en la evolución del hombre se han concentrado muchas
condiciones favorables, en el sentido de capaces de ayudarle a convertirse en
lo que ya era antes incluso de que se desarrollaran la voluntad definida
respecto de un fin y la inteligencia suficiente para organizar los medios
necesarios para la consecución del fin mismo. La cantidad se convierte en
cualidad para el hombre, y no para los demás seres vivos, por lo que parece.
Escríbeme largo. Te abrazo,
Papá
[Antonio
Gramsci, Antología, selección,
traducción y notas de M. Sacristán, Madrid, Siglo XXI de España, 1974, p. 508]
*
Atención: minuto 1:52–1:56 (¿un lector fanático de Rosset?). Sonríe.
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