jueves, 16 de mayo de 2013

Viejas plegarias atenienses




   VIEJAS PLEGARIAS ATENIENSES*



GRACIAS, dioses, por no habernos enseñado a soportar ser

   únicos,

por hacernos sensibles a las habladurías, por hacernos filósofos

y amantes del canto, por el vino y el ágora donde reconocemos

nuestra mutua libertad una vez adquirida. Gracias por dejarnos

coexistir con vosotros, sin ostentar derechos de primogenitura; 

por impedirnos, a base de desgracias, estar por encima de

   vosotros, 

incorporarnos a vuestra estatura, para así descubrir el terror 

de ser, en cierta forma, superiores a vosotros, y tan elementales. 

Gracias por vuestros dones, oráculos y leyes post-homéricas, 

por ser motivos de bellísimas estatuas que, según algunos, 

revivirán un día; por construir ciudades e incitarnos a ello, 

por atar en un monte el ombligo de la tierra conocida, y aliviar

su hemorragia. Gracias por obligarnos a ser hombres, hijos 

de mujeres madres de héroes, víctimas del hado y la soberbia, 

descendientes del polvo y de la estirpe, unidos en lo inalienable

de nuestra autonomía contra los que quisieran usurparla, 

contra los súbditos del Rey, laconios y tiranos, charlatanes 

que acuden a sus bocas como avispas, por ver si finalmente

nos enjambran, o abonan con su hierro nuestro periclitado 

patrimonio. Gracias por aceptar los sacrificios, por mantener 

el pacto, mientras os deleitáis con la ambrosía, perseguís

a dríades, y os convertís en todo lo que existe en la otra cara

del fuego, todo lo que los seres tienen de imaginable, los

   contornos

de toda plenitud y decadencia, lo afrodisíaco del más acá

de su reverso. Gracias por limitar entre vosotros, por constelar 

la noche, por darnos voluntad sobre la muerte y el exilio

de las genealogías, por sostener la mano en el áspero trance

de mezclar la cicuta a nuestros siervos, por abrirnos los labios

y las venas, por ser hospitalarios con el humo, y procurar

   la gloria

a quienes al morir cubren de oprobio nuestras instituciones. 



[* Abraham Gragera, El tiempo menos solo, Valencia, Pre-textos, 2012, pp. 35-36]