
Tarde, como en todo, un breve comentario sobre el poemario que Jorge Riechmann publicó hace un año (Rengo Wrongo, Barcelona, DVD, 2008):
El estado de cosas realmente existente dos décadas después del desempate de 1989 desconcierta mucho a Rengo Wrongo, pepito grillo parido por Riechmann para ajustar cuentas con las sinrazones del orden económico carente de condón moral y ecológicamente descerebrado que (a su juicio) rige nuestros destinos individuales y colectivos sin que los apologistas conscientes o inconscientes de este presente imperfecto se despeinen ante los cotidianos desmentidos que la experiencia inflige al happy end real-racional machaconamente celebrado por la superestructura legitimadora, con perdón de la expresión.
Poeta que ha frecuentado con brillantez otros territorios de la lírica en tiempos muy malos para la lírica, Riechmann retomó en este título –galardonado con el XIV premio Ciudad de Mérida– la entonación ético-política que ha animado buena parte de su producción, explicitada en términos teóricos, por si no quedara claro de qué va el asunto, en la nota al pie de la página 72. A través de un diálogo inacabado y trunco con sus bestias negras, Rengo Wrongo se desdobla en las distintas conciencias heridas o estupefactas que piden explicaciones al presente filosófico, cultural, económico, ambiental y geopolítico, alternando pasajes de acento enfático, sesudo y profesoral, chispazos de indignada ironía ante el absurdo de lo que está en vigor y tramos de indudable belleza. Entre esquirlas de esperanza y apelaciones al sentido, el poeta y su alter ego vierten también graves invocaciones: “No permitir que ese caudal milenario/ de esfuerzos y esperanzas/ acabe perdiéndose en arenales estériles/ o en cenagales podridos de la historia”. Vale, todo bien, pero ¿es esto un aggiormanento a la era globo del Manifiesto subnormal de Vázquez Montalbán? Clément.
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