martes, 2 de febrero de 2010

Châtelet y la broma infinita: un homenaje



Han sido ya realizadas interesantes investigaciones para analizar el complejo itinerario que marca la apropiación neutralizadora de la denominada crítica artista al capitalismo llevada a cabo por la contrarreforma iniciada entre mediados de los ‘70 y principios de los ‘80, es decir, la endogenización desactivadora del heterogéneo discurso enragé de la revuelta sixties –¿y de lo que vino después?­– operada por el nuevo management productivo, político y emocional consolidado a lo largo de las últimas décadas en las felices democracias del Oeste –felices, evidentemente, más para unos que para otros–. A la espera de poder presentar nuestras propias notas genealógicas y citas sobre esta paradójica y siniestra epopeya, y atendiendo la petición de N. Bau, dejo aquí unos párrafos del panfleto que publicó Gilles Châtelet un año antes de su muerte, acaecida en 1999. El libro, Vivir y pensar como puercos. De la incitación a la envidia y el aburrimiento en las democracias de mercado, fue publicado en España por Lengua de trapo en 2002, con traducción y notas (todas pertinentes) de Luis Sánchez-Silva. Es cierto que hay reflexiones filosóficas de hondo calado sobre el caos, pero en el texto de Châtelet predomina la diatriba corrosiva y el dicterio irónico. Se trata de un alegato exaltado y apasionado contra el proceso de progresiva subnormalización festiva de las sociedades occidentales en el que Châtelet denuesta vitriólicamente las diversificadas formas de neoalienación aseguradas por la hegemonía de un cada vez más demente ultraconservadurismo envuelto en el celofán discursivo de lo libertario. Uno prefiere a Boltanski, a Chiapello, a Fairclough y, cuando no se pone plasta, a Bourdieu, entre otros muchos, pero este libro, panfleto en el mejor sentido de la expresión, es muy grande y muy divertido. Vale decir, por lo demás, que Châtelet, filósofo y matemático, no fue desde luego un mindundi (pinchar aquí). En fin, non serviam: tributo a Châtelet. Ahí va:


 (...)
“El estilo Ciber-Wolf apolítico y desengañado empezaba a pulular; ¿cómo resistirse a la deliciosa frivolidad de quienes se sentían capaces de “cagarse en lo negativo”, de quienes creían haber encontrado por fin el secreto de la felicidad permanente y pretendían cultivar orquídeas en el desierto sin preocuparse demasiado en el espinoso problema del riesgo? Eran los maravillosos Jardineros creativos, que querían volar antes de aprender a caminar y habían olvidado que la libertad, cuando no se reduce al capricho y al sueño, consiste también en el dominio concreto –y a menudo doloroso– de las condiciones de la libertad.
La contrarreforma neoliberal iba a tomarse la revancha sin hacer concesiones a los Jardineros creativos. Todas las ideas, aun las más generosas, eran despiadadamente desvirtuadas, regurgitadas en forma de réplicas infectas, igual que las brujas de los cuentos hacen que sus víctimas vomiten sapos y culebras en cuanto abren la boca. Dejemos entonces hablar a la Contrarreforma y admiremos la magia verdaderamente luciferina con la que creía poder satisfacer todos los deseos de los jardineros creativos:
¿Queréis afirmar la Diferencia e incluso, si lo he entendido bien, el derecho a la Diferencia? ¡Pues qué bien! No pedíamos tanto. Sí que nos habéis ayudado a aclararnos…Ya no diremos que tal raza es superior a tal otra –se acabó el racismo de papá–, diremos simplemente que es diferente. ¿No es la modernidad el respeto a la diferencia?
¿Queréis un Estado lo más reducido posible? No sabéis hasta qué punto estamos de acuerdo…Ya es hora de que el Estado-providencia adelgace un poco: no es necesario estar demasiado corpulento para ser un vigilante nocturno eficaz. ¿Hasta cuando van a seguir agotándonos para mantener bajo perfusión a la Seguridad social y la Educación nacional?
Habéis dicho nomadismo y movilidad…También en esto os sorprenderá nuestra audacia: nuestras empresas van a “nomadizarse” –disculpad el neologismo– más deprisa que vuestros trotamundos más aguerridos. Evidentemente, en Nueva York, París o Londres habrá un poco más de gente en las aceras. Pero, después de todo, ¿no es lo que ocurre en Nueva Delhi, Caracas o Sao Paulo? ¿Por qué los países ricos tendrían que ser privilegiados?
Queréis dejarle algunas migajas a la creatividad, al “cada cual a lo suyo”, hablando en plata. ¡Qué por eso no quede! ¡Vuestras órdenes son deseos! Os daremos “a cada uno lo suyo” a manos llenas, pero, por supuesto, sazonado con nuestros ingredientes preferidos: la envidia, el narcisismo y el espíritu posesivo, que, como sabéis, son las materias primas de nuestras democracias de mercado.
Estáis hartos de tanta oposición y de los enfrentamientos dialécticos. Queréis inventar una especie de diplomacia de lo continuo…Haced un pequeño esfuerzo más para acercaros a nosotros y veréis que el mercado ama la fluidez –como vosotros– y detesta todas esas reivindicaciones desfasadas, todas esas expresiones de privilegios y esas “viscosidades” segregadas por sindicatos antediluvianos incapaces de integrarse en la generosa movilidad social de las democracias de mercado.
¿Queréis una Universidad más experimental y festiva? ¡Adelante! ¡No lo dudéis! Haced todos los “experimentos” que queráis, siempre que no sean muy caros, claro. ¡Pero cuidado! Hay que seguir la regla de “cada uno a lo suyo”. Ya veréis hasta qué punto también nosotros somos capaces de creatividad.
¿Queréis captar los poderes creativos del caos –lo que es muy normal, tratándose de Jardineros creativos– y reemplazar las grandes opciones políticas por una ciberpolítica que deje aflorar graciosamente soluciones adoptadas a partir del desorden y la autoorganización? Vamos, unos centímetros más y nuestros dedos se tocarán…deshaceos completamente del político y su voluntarismo. Basta con ser paciente: el caos de las opiniones y las microdecisiones siempre acaba produciendo algo razonable
Los Jardineros creativos apostaron por Nietzsche frente a Hegel y, a menudo, frente a Marx, pero se equivocaron de diana. No sería ni la lechuza de Hegel, ni el topo de Marx, ni el camello de Nietzsche quien nos sorprendería en un recodo del camino, sino Malthus, el vendedor ambulante de los conservadurismos más infames, siempre sonriente y afable, que acechaba al incauto para venderle la pacotilla libertariana del nomadismo y lo caotizante”



2 comentarios:

  1. Ja, ja, ja, muy bueno... pero insuficiente y redactado a toda leche. Además, siempre escatimando elogios y matizando, ay.
    gracias, bro, un fuerte abrazo

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